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Modric: coleccionista de recitales inservibles

Modric: coleccionista de recitales inservibles

Escrito por: Quillo Barrios27 enero, 2016
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Hubo un tiempo en el que el madridismo asumió con naturalidad que su centro del campo tenía que estar poblado por gente extraña como Emerson, Diarrá, Pablo García, Conceiçao o Fernando Gago, entre otros. Incluso se elevó a la categoría de leyenda inmortal a Claude Makelele, que fue un gran mediocentro defensivo, pero no la primera piedra sobre la que luego se construyó el Real Madrid. Hasta Gravesen aterrizó en el Santiago Bernabéu y tuvo sus momentos de gloria. Fueron años de una alarmante inconsciencia general. Nos conformábamos con cualquier cosa como el padre de familia que recibe los regalos de Navidad sabiendo que la mayor aspiración es una nueva cartera o la colonia de todos los años.

La Liga 2006/2007 se ganó con el doble pivote menos creativo de la historia del fútbol: Emerson-Diarrá. Capello apostó por ellos incluso en el partido decisivo ante el Mallorca. Guti solía ser el revulsivo. Entraba al campo unos minutos y le daba a la afición la dosis de fútbol necesaria para que no existiera la sensación de que estaban engañándoles. Emerson jugó 2.200 minutos y Diarrá casi 2.700. Y ganaron la Liga. Años después, el Real Madrid naufraga con estrepitosa naturalidad en una competición que solía subir la nota final de las temporadas.

Incluso con Luka Modric sobre el terreno de juego.

Modric llegó al Santiago Bernabéu con la etiqueta de buen futbolista, relegado a un segundo plano por una constelación de estrellas que sólo iguala la gala de los Oscar. Al croata lo pidió un entrenador al que se le acusa de no apostar por el talento.

Su rostro de eterno adolescente cayó en gracia. Ofrecía un semblante simpático, cercano. Le costó arrancar, aunque fue dejando poco a poco destellos de su clase. Los grandes fichajes del Real Madrid siempre fueron discutidos al principio. Que le pregunten a Zidane. La vistosa zancada de Modric iba siempre acompañada de un trato exquisito de pelota. Su trayectoria me recuerda a la del tímido chico que llega nuevo a un grupo de amigos y acaba convirtiéndose en referente. Es el líder silencioso. No eleva la voz, pero todos le siguen. En el campo la pelota pasa por él como el dinero lo hacía por las manos de Jordan Belfort.

Su juego ha ido evolucionando colectiva e individualmente. En este último caso ha optado incluso por incluir un repertorio inagotable de pases con el exterior. Da la sensación de que se aburre si no convierte su fútbol en algo extraordinario. Ante el Betis, sin ir más lejos, decidió que su papel tenía que ser recordado como un recital inolvidable. Tan pronto le veías abajo iniciando jugada como a veinte metros de la portería descubriendo espacios. Se sintió tan cómodo, que hasta brilló en tareas defensivas. N'Diaye, que mide tres metros más que él y le saca cuatro cuerpos y dos autobuses, acabó desquiciado.

Luka

Modric salta a los terrenos de juego con traje y corbata fina. Pasea ligero sobre el césped con elegancia y bebe vino en copa, nunca en vaso. Es un señor. Los zapatos acaban sin una mota de polvo y los cordones, perfectamente atados, guardan el dibujo del principio. La cabeza, siempre levantada, le permite mirar a todos por encima del hombro pese a ser más pequeño que la mayoría. Le da igual el estilo rebelde de Mourinho o el pausado de Zidane. Se presenta impoluto sea quien sea el anfitrión.

Pero no ha ganado ni una Liga en el Real Madrid.

De todas las injusticias que guarda el mundo del fútbol, la mayor de todas es que Luka Modric ofrezca tantos recitales inservibles con la camiseta del Real Madrid. Su juego no merece un bagaje tan pobre. Sin embargo, el destino se intuye cruel con un hombre que no hace más que ofrecerle guiños y buenos modales. El ejemplo es el último partido.

No exagero si digo que la exhibición de Modric ante el Betis es la más impactante que recuerdo de un mediocentro en años. Me pareció tan impresionante que estuve a punto de ponerme de pie en el bar e invitar a una ronda a todos dejándome llevar por la emoción. Pero tenía tres euros. El problema, más allá de lo pobre que yo soy, es que su portentosa actuación no sirvió para ganar. Hablo de un partido y hablo de temporadas en general. Temporadas en las que Modric alcanza sobradamente el notable y llega a verano con la sensación de que no ha valido para nada. Es el estudiante que se ha pasado el curso entero trabajando para llegar al examen final y quedarse a las puertas.

Cierro estas líneas mirando al cielo -mecanografía avanzada- pidiendo a quien corresponda que este chico de mirada limpia y aspecto juvenil pueda mostrar una colección amplia de títulos conseguidos con la camiseta del Real Madrid. Que sus recitales empiecen a tener recompensa.

Quillo Barrios
Pucelano de nacimiento y amante del Real Madrid. Asegura tener la virtud y el defecto de decir siempre lo que piensa. Siempre situará a Zinedine Zidane por encima del resto. Mourinhista, no cree en la objetividad y sueña con ver a su equipo levantar otras diez Copas de Europa. @quillobarrios

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