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Mitos y corsarios

Mitos y corsarios

Escrito por: Antonio Valderrama22 marzo, 2017
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Hasta hace unas semanas, remontar, las remontadas, eran una cosa atribuida casi en exclusiva al Madrid. Era uno de esos últimos territorios vírgenes de la narrativa del fútbol contemporáneo que le quedaban al Madrid. Incluso la fascinación que las imágenes recurrentes y poderosas de la heroica y la épica despiertan en el madridismo causaban cierto reparo entre muchos barcelonistas, que miraban como pijos potentados a los pobres que entran en un restaurante. Así, con la nariz levantada y la sonrisa condescendiente: hay que ver, esta gente, con lo que se entretiene. Hasta ahora solían reivindicar el estilo como cosa hecha a propósito para ellos; se identificaban habitualmente con el fútbol gourmet, desde Cruyff. El Estilo no era otra cosa que esto: nosotros no sudamos, nosotros, como rezaba el tifo del fondo azulgrana en Wembley en la final de 2011 contra el Manchester United, love football. Todas las aficiones suelen escenificar, en el preludio de una final de la Copa de Europa, su cosmovisión, condensándola en una frase. Lo hizo la atlética en Lisboa y lo repitió en Milán, cambiando el lema. La madridista es un piñón fijo, porque los tiempos cambian pero la esencia permanece: Hasta el final, vamos Real. Pero el barcelonista es un corsario.

Los tiempos cambian pero la esencia permanece: Hasta el final, vamos Real

Corsario era el que tenía patente para hacer el corso, esto es, para robar con impunidad, en nombre de un Estado, la hacienda y las personas de los súbditos de otro Estado. Los ingleses lo pusieron de moda con el reinado de la primera de sus Isabeles como empeño minimalista pero efectivo de roer las pezuñas del gran león hispano, inatacable por entonces de otra manera. Quizá de ahí provenga esa anglofilia barcelonista: sus expolios culturales, por así llamarlos, siempre se cuentan y se escriben en inglés. Incluso sus sainetes. Catalonia is not Spain. We love football, como si los demás amasen el rugby. History happens there, reza un mural ahora a la entrada del Camp Nou bajo la afrodisíaca fotografía de Messi entronizado por la multitud, el día de autos. Lo cierto es que hasta ahora las remontadas eran algo de lo que se aborrecía entre la gente chic culé, entre la bohemia guardiolista, entre el jacobinismo cruyffista: se abominaba por rancio, por sudoroso, por folclórico. En la meseta se remonta, porque el que remonta, normalmente, se ha visto obligado a ese esfuerzo sobrehumano por no haber jugado bien. Es decir, por no haber o sabido, o podido. Y nosotros siempre jugamos bien, o eso es lo que nos mueve, como lo dejó dicho el versículo primero del primer capítulo del Evangelio de San Johan. Si el Madrid es el líder de las remontadas, el hijo favorito del dios de las gestas, será por algo. Será por que no merecen otra cosa, por que siempre tienen suerte: por que llevan 115 años jugando a nada. Nosotros somos distintos. Nosotros somos lo bello.

Wolfsburgo Cristiano

Pero si algo ha demostrado este asunto del PSG, de los octavos de final de la Copa de Europa, del 6-1, es que lo que de verdad distingue al barcelonista de vanguardia es su camaleónica e intrépida capacidad de mutación: de gastrofutbolero a paladín de las hombradas en lo que tarda en desplomarse Luis Suárez dentro del área. Parecía que Cruyff se había inventado un club nuevo, construyéndolo en torno a la piedra de El Modelo: la reproducción en serie de un tipo determinado de futbolista, del futbolista atemporal, descontextualizado, digamos, asexual. Un 4 bajito, menudo, frágil, de gestos refinados, de exquisito toque de balón, que no la rifa, que juega de esmoquin. Pero Xavi e Iniesta sólo hay uno. Quizá esa sea la razón fundamental por la que Luis Enrique se marchará de Barcelona sin una sola de las cientos de miles de églogas que recibió Guardiola, a pesar de haber ganado, sin contar la temporada en curso, cinco de los seis grandes títulos que su equipo ha disputado bajo su dirección técnica. Si creyera en la apropiación cultural diría que lo que el barcelonismo lleva haciendo desde hace dos miércoles es precisamente eso, pero ya uno está acostumbrado. Sospecho que palpita en el fondo del alma colectiva de la nación azulgrana la obsesión de ser el Madrid del siglo XXI, y como todo nuevo régimen, lo nuevo ha de imponerse destruyendo la legitimidad histórica de lo viejo: la mejor remontada de la Historia ha de ser la nuestra, como el mejor equipo, como el mejor juego, como el mejor estilo, borrando a golpe de eslogan la tradición anterior, saqueándola como Lord Elgin hizo con El Partenón.

Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio

5 comentarios en: Mitos y corsarios

  1. Magnífica definición del entramado culé. Y muy bueno el artículo.

    Me entran ganas de denominarles corsarios de ahora en adelante. El significado es totalmente ajustable a ese club.
    Pero no estoy muy convencido de si sería buena idea. La literatura y el cine de aventuras han magnificado y endulzado la imagen de lo que no eran mas que unos simples piratas sin escrúpulos protegidos por la corona Inglesa. Se ha Robin Woodiciado esa imagen. Y me temo que el Real Madrid pasaría a ser en esta peli ese representante de la corona española, de larga barba y bigote y de aspecto depravado y maligno.

    Probablemente les encantaría que les llamásemos Corsarios. Suena bien (por lo arriba indicado). Se imaginarían a Messi o a Neymar en las portadas de sus tebeos deportivos celebrando victorias o goles y ataviados al estilo de Errol Flynn en "El Halcón de los Mares".

    La comedura de cabeza de la mayoría de azulgranas es tal que no se curaría ni con tratamiento psiquiátrico.
    Tendremos DVD de la "remontada" para largo. O hasta que puedan vender el de la Copa del Rey o (colmo de la injusticia) el de su "Sexta"...

  2. Magnífico el artículo y, la frase "Parecía que Cruyff se había inventado un club nuevo, construyéndolo en torno a la piedra de El Modelo" ha pasado a ser: "...construyéndolo en torno a las piedras de La Modelo". Pues, casi todos en can farça, desde presidente y directivos hasta sus más notorios jugadores, han estado y están muy pero que muy cerca de tan famosa cárcel barcelonesa.

  3. Gran artículo que desnuda las contradicciones de quien no tiene otro guión que replicarse en su eterno rival.

    Nada de lo construido en el Barcelona es legítimo. No han querido suplantar al Madrid con paciencia, con trabajo. La urgencia desvirtúa por completo sus logros, pues por la urgencia han tenido que recurrir a todo lo demás.

    La urgencia puesto que su mejor oportunidad vino de un personaje que nunca debió jugar al fútbol. Un jugador de laboratorio que en cualquier otra disciplina deportiva no habría podido pasar de un simple amateur. Ellos saben que Messi es la única opción de igualar en algo al Madrid, y saben que Messi no va a durar para siempre, les queda poco ya, así que, a vivir, que son dos días.

    Aquel 4-0 de París que se convirtió en remontada épica con goles en propia meta, penalties no pitados y otros simulados, prolongaciones de prolongaciones, tarjetas perdonadas, un árbitro desconocido (como siempre que en UEFA o FIFA necesitan algún apañito), y, fundamental, la anuencia de casi toda la prensa, patria y extranjera, dio lugar a la apropiación indebida del último bastión madridista que pretendían derribar; el coraje, la hombría, el espíritu ganador que surge con más ímpetu aún cuando la situación empeora, la misma esencia del madridismo, ese equipo cuyo gen no es el buen juego, sino la victoria. Eso que siempre nos han envidiado porque se sabían faltos de ello (el mismísimo Guardiola lo reconoció en sus años de entrenador), porque sabían que no siempre se gana con juego, pero sí con carácter.

    Ahora su intención no es incorporarlo a su genética, sino restarle importancia, como algo fácil de obtener siempre que se desee. Es decir, tu máxima virtud, para mi es sólo un recurso que desempolvo cuando quiero. ¡Cuánta mezquindad!

    No me gusta apostar, pero visto lo visto, me da que este Barcelona, como dijo Inda, va a ganar por lo civil o por lo criminal. No se si lo logrará, pero doy fe de que lo lleva intentando muchos años ya.

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La desvergüenza es absoluta, flagrante, del latín flagrantis, o sea, lo que está en llamas, lo que arde, brilla y es evidente. Esta es la Liga de Tebas, un insulto a la más elemental inteligencia del espectador.

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