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Messi y el elocuente (y sospechoso) silencio

Messi y el elocuente (y sospechoso) silencio

Escrito por: Carlos Agrasar4 septiembre, 2020
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El mutismo del astro argentino puede suponer un duro golpe para su reputación

Corren estos días océanos de tinta en los medios de comunicación y redes sociales sobre la crisis del Barça, especialmente desde el burofax de Messi (25 de agosto) anunciando su deseo de salir del club… lo que ha venido a agudizar la profunda crisis deportiva, económica y social que vive el FC Barcelona. En muchísimos casos, se trata de informaciones de parte (interesadamente sesgadas, por tanto), de opiniones puramente emocionales y fanáticas (que no suelen pasar por el tamiz siempre aconsejable de la razón) o de mensajes que responden a la ‘estrategia del calamar’, que persiguen distraernos de las cuestiones mollares para que no pongamos el dedo en la llaga de las heridas abiertas ni lleguemos a fondo del problema… Y en medio de todo ese inmenso ‘ruido’ mediático y social, a mi modo de ver completamente desaforado, me sorprende mucho el silencio del jugador, que es el auténtico protagonista de toda esta historia.

Messi se lamenta.

El presidente de la entidad, Josep María Bartomeu, está jugando sus bazas para que el futbolista se quede esta temporada (al menos esta temporada), aplacar la ira de su afición y, además, demostrar que el club está por encima del jugador (es lo que no tiene muy asumido el subconsciente colectivo culé). Y como mal menor, si la salida de Messi se demuestra inevitable, que al menos suponga buenos ingresos con los que paliar la severa crisis económica de la institución. Y, sobre todo, porque eso le permitiría demostrar que es él quien está al mando de la nave blaugrana y que toda la culpa de la crisis la tiene el jugador. Múltiple objetivo, a mi modo de ver lógico, pero con exiguas trazas de éxito…

Ni Leo, ni Bartomeu, ni los jugadores, ni directivos… ¿Por qué no hablan?

Por su parte, el futbolista y su entorno (familiares y abogados) consideran que la razón legal les asiste y que el jugador -una vez concluida la temporada- sería agente libre y podría fichar por cualquier club si no ha mediado su rúbrica en una prórroga de dicho acuerdo. El club se aferra a una fecha concreta del contrato (20 de junio) que los letrados de Messi consideran no determinante en este caso, por parecer ya caduca y sin vigencia, concluida la temporada.

A partir de esas circunstancias y de las estrategias de las partes asistimos cada día, como digo, a un diluvio de palabras, escritas y habladas, que no hacen más que alimentar una ceremonia de confusión que va creciendo como la bola de nieve al descender por la ladera de la montaña. Todos son rumores, interpretaciones interesadas o silencios cómplices que contribuyen a hacerla más y más grande… Uno de los pocos hechos ciertos, desde aquel burofax, es que los auténticos protagonistas de esta situación no hablan, no comunican, nos hurtan sus auténticas verdades. Ni Leo, ni Bartomeu, ni los jugadores, ni directivos… ¿Por qué no hablan? No creo que exista un pacto de silencio (lo veo difícil), pero la crisis abierta es tan profunda que todos han debido entender que es mejor estar calladitos.

Bartomeu en rueda de prensa

La estrategia del silencio la puedo entender desde ese viejo principio de la comunicación según el cual “cuando no se tiene algo que decir, o no se sabe qué decir, lo mejor es no decir nada”. Pero sinceramente, llegados a este punto, no creo que resulte la estrategia más adecuada; en primer lugar, porque el silencio ya se está prolongando demasiado y resulta sospechoso. Esta es una crisis muy emocional -entre los aficionados, su ídolo y el club- que puede venirse abajo y causar mucho daño colateral si la solución no es rápida. El miércoles llegó a España el padre del jugador, Jorge Messi, y se reunió con el presidente, pero todo sigue donde estaba (con especulaciones crecientes sobre la posibilidad de que el jugador pueda recular en su actitud y quedarse, al menos, hasta enero). Puede que a Messi no le importe este nuevo impasse, o que al Barcelona tampoco mucho, pero pronostico que todas las partes -digo todas- van a recibir un muy severo varapalo reputacional tras este serio y negligente desencuentro.

Messi tiene dos salidas: pactar e irse cuanto antes, rompiendo de mala manera con el barcelonismo, o retirarse del fútbol…

Pase lo que pase, no me encaja que Messi pueda volver a jugar en el Camp Nou sometido al veredicto de un público que le ha venerado durante todos estos años por ser cimiento del orgullo colectivo culé que hoy se desmorona. ¿Nos imaginamos a la grada abroncando a Messi por desagradecido, pesetero y mercenario? ¿O mirando al palco pidiendo la dimisión de su directiva y dando la razón al jugador? Malo, muy malo, en cualquier caso…

Dada la situación, creo que el club se enfrenta a una realidad cada día más tozuda: que Messi se vaya, porque la crisis se ha tornado en bomba de relojería. Messi tiene dos salidas: pactar e irse cuanto antes, rompiendo de mala manera con el barcelonismo, o retirarse del fútbol… sería esta una solución ‘airosa’ para él si en algo estima su reputación, pero no creo que renuncie a una última etapa profesional (muy millonaria) ni que su entorno -familiar y legal- estén jugando con esa variable. Es lo que tiene el materialismo actual del fútbol y la pérdida de sus esencias y valores.

Messi señala durante un partido

Por eso, traigo a colación en esta parte final del artículo uno de mis libros favoritos: El arte de callar, publicado en París en 1771, y cuyo autor es el religioso Joseph Antoine Dinouart, conocido como ‘El Abate Dinouard’. Este librito es un compendio de sabiduría que sigue vigente casi 250 años después. Sabiduría de la que deberían haber bebido los responsables de comunicación del club y del jugador. Les recordaría Dinouard su teoría: “El primer grado de la sabiduría es saber callar; el segundo es saber hablar poco y moderarse en el discurso; el tercero es saber hablar mucho, sin hablar mal y sin hablar demasiado”.

Existe en la masa social culé una sospecha cada día más generalizada de que se le está hurtando la verdad

Pero también les comentaría el abate que “Solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio” (y este es el caso). Porque “Hay un tiempo para callar, igual que hay un tiempo para hablar”. Y esta es la auténtica clave comunicativa de una crisis: dominar el manejo de los tempos. En esta crisis, existe en la masa social culé una sospecha cada día más generalizada de que se le está hurtando la verdad, de que se está jugando con sus sentimientos y de que se la está utilizando... Y eso pasará factura a los responsables. ¡Que a nadie le quepa duda! Porque detrás de cada nombre y apellidos de un socio o aficionado hay una persona, un alma que siente y ama a su equipo, una historia de expectativas y logros… que no se pueden convertir por un turbio asunto como este en una vida rota, de sueños olvidados y esperanzas diluidas. El aficionado necesita saber la verdad y no se conformará con la ‘versión-componenda’ que acabarán pactando, a sus espaldas, el club y su ídolo.