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Memoria y deseo

Escrito por: Angel Faerna14 abril, 2016

La sabiduría popular sostiene que sólo los niños y los borrachos dicen siempre la verdad. Nada más falso. Yo de niño mentía mucho, casi enfermizamente, y en cuanto a los borrachos, una cosa es que digan todo lo que se les pasa por la cabeza y otra muy distinta que den pie con bola cuando hablan. Por cierto, ¡dar pie con bola! Qué tiempos aquellos en que el fútbol aportaba al castellano agilidad y gracejo, en vez de ese puré pastoso con que hoy lo empapuza… Pero, a lo que íbamos, ni la sabiduría popular ni Plinio el Viejo (“in vino veritas”) saben lo que se dicen: la verdad, señores, es privilegio de los poetas. No esa verdad bovinamente uncida al yugo de la realidad, porque la realidad es prosaica e insípida, justamente lo único que no puede ser la poesía. No, los poetas dicen siempre la verdad porque poniendo la realidad en verso la bañan con la luz del entendimiento y ahí es cuando uno dice: “¡caramba! Pues no sería tan fea Beatriz si le hizo decir estas cosas tan bien dichas a Dante”. Lo mismo ocurre con los grandes poemas científicos, uno lee los Principia de Newton y piensa: “¡qué universo tan perfecto y exacto!”, y se olvida de inmediato de las miserias de este prosaico, insípido, descacharrado mundo. ¿Qué importa que luego viniera Einstein a inventarle otra rima más moderna? El premio es el mismo. Ante un temprano experimento que parecía cuestionar la teoría de la relatividad, don Alberto habló desde el poeta que llevaba dentro: “el experimento está equivocado, la teoría es demasiado bella para ser falsa”. O sea, como Beatriz cuando la ilumina el italiano de Dante. Así y no de otro modo se llega a la verdad, o al menos a una verdad que merezca la pena contar.

Tomemos otro ejemplo. ¿A quién se le podía ocurrir decir que abril es el mes más cruel? Sólo a un poeta, evidentemente. ¿Y hay algo más rematadamente cierto? Miren los estragos que ha dejado a su paso el Real Madrid desde que le dio la vuelta a la hoja del calendario para viajar a la Ciudad Condal. No hay calamidad que no se haya cumplido: el Nou Camp, expulsado de su propia fiesta; la Liga hacía tiempo amortizada, ahora sin decidir; las sonrisitas tras los partidos de ida de Champions, congeladas en rictus tras los partidos de vuelta; el equipo más infame de España comiéndose Europa, mientras el más ejemplar y el más aguerrido se tienen que devorar entre sí para entrar a la desesperada en el siguiente bombo trucado; Cristiano imperando y Messi descompuesto; Zidane, aún más Zidane. Las buenas gentes no dejan de frotarse los ojos pero estaba escrito, y Número Tres a punto estuvo de hacer el spoiler: “allí será el llanto y el crujir de dientes cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros echados fuera” (Lucas, 13:28). El evangelista no predijo del todo bien la alineación —ya podía por lo menos haber colado a Jesé, padre de David—, pero no seamos quisquillosos.

Primavera

Vaya si estaba escrito, el problema es que en este país se lee poco. La pluma visionaria de T. S. Eliot había caligrafiado con exquisita claridad cómo este cruel abril “…mezcla / memoria y deseo, remueve / lentas raíces con lluvia primaveral”. No se puede explicar mejor ni más bellamente, valga la redundancia. Si eres madridista, lo pillas a la primera: “el invierno nos tuvo cobijados, cubriendo / de nieve olvidadiza la tierra, alimentando / una pequeña vida con tubérculos secos”. Pero llega abril y la olvidadiza nieve empieza a fundirse, retornan a la memoria los que nunca debieron perderla, la lluvia primaveral hace rebrotar el deseo en quienes lo tenían mustio y aletargado. ¡Qué criatura ridícula es el hombre! (la mujer, algo menos): por más que se le diga que las estaciones siempre vuelven, por más que se le repita que en la temporada lo que importa es abril, en invierno ya está cantando victoria o maldiciendo “el proyecto”, ya piensa que Chamartín se ha convertido de un año para otro en tierra baldía que sólo producirá tubérculos secos. ¿Quién, sino un poeta, podía adivinar que el invierno no incubaba boniatos, sino tres orquídeas salvajes de Cristiano Ronaldo (del griego “orchis”, testículo)? ¿Quién, sino Eliot y el madridismo, podía aguardar su llegada con la confianza del que sabe que la naturaleza y el Madrid juegan en verso? ¿Quién, sino los muchos lectores que La Galerna comparte con Anaximandro, conocía que las cosas “pagan la culpa unas a otras y la reparación de la injusticia, según el ordenamiento del tiempo”?

Qué cruel, este abril que le devuelve al Barcelona aquella congénita flojera que creía curada para siempre entre ditirambos periodísticos y algodones arbitrales. Qué cruel, este mes en que las lentas raíces del Real Madrid se desperezan una vez más, demostrando al mundo que el viejo y victorioso árbol que nuestros mayores plantaron no hay quien lo tale. Qué cruel, leer y oír a la canallesca sudando tinta para cambiar el guion sobre la marcha, o apañándoselas para seguir diciendo las mismas tonterías contra viento y marea. Qué cruel, tantos y tantos madridistas prosaicos refutados por la poesía.

No espero a saber el resultado final del cruce entre rojiblancos y blaugranas para entregar estas líneas: aparte de que no tolero bien tantas rayas en la imagen del televisor ni tampoco quiero acostarme tarde, cualquier resultado confirma lo dicho porque cualquier resultado será igualmente cruel. Abril entretanto sigue amasando memoria y deseo en los corazones blancos, alimentando una vida que ya ha dejado de ser tan pequeña y promete seguir latiendo hasta la recta final de las grandes avenidas de mayo, quién sabe si para cruzarla en triunfo o caer con honor en los últimos metros. Pase lo que pase, ahora ya será una verdad que merecerá la pena contar.

“Memoria y deseo”. Parece escrito por Eliot como leyenda para el escudo del Real Madrid, como leyenda de La Leyenda. Lo propongo modestamente.

Número Dos

Ángel, el segundo de los Faerna, es profesor de universidad. Procura enseñar Filosofía sin hacer más daño del inevitable. Su especialidad, si acaso, es la epistemología y el pensamiento clásico norteamericano, extravagancia que compensa con una desmedida afición por los buenos arroces.

4 comentarios en: Memoria y deseo

  1. Si Gustavo Adolfo estuviese con nosotros, fuera madridista -y además galernauta-, y leyese este texto de Ángel, soltaría sus famosos versos:
    ¿Qué es poesía? --dices mientras clavas
    en mi pupila tu pupila azul.
    ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
    Poesía... eres tú.

    Siempre es un placer leerte, Ángel. Y este texto es de los que no se olvidan, forman parte de esa colección sublime que tiene ya La Galerna con artículos que trascienden el aquí y el ahora, para leerlos siempre. Mi más grande enhorabuena, y gracias por permitirnos leerte.
    Hechi

  2. "En el fondo, un poema no es algo que se ve, sino la luz que nos permite ver. Y lo que vemos es la vida"........., añado, y de color blanco, brillante, magnífico. Enhorabuena D. Ángel!