Las mejores firmas madridistas del planeta

Mejor conejo

Escrito por: José María Faerna12 julio, 2017

Mira que no me gusta escribir del Barça. No me cuesta mucho hacer todo el tiempo como si no existiera, pero ha sido terminar la temporada y ya puedo prescindir hasta de la intención. Acabo de oír a Jordi Martí en la radio hablando de ciclismo olímpico y la evidencia se abre ante mis ojos como un abismo: es muy probable que el Barça haya dejado de existir, qué vértigo. Una sintomatología rara se venía haciendo notar. Primero fue el entusiasmo perfectamente descriptible de Deulofeu ante su vuelta al Camp Nou. Me cae simpático Deulofeu. Ha afinado su imagen con los años y hoy se da un aire al joven Charlie Rexach, que cuando yo era niño me parecía una suerte de Velázquez culé, un tipo con retranca y dorsianamente bien plantado, tan distante de la torva catadura de Torres, Rifé, Asensi (¡Asensi, Santo Dios!). Años después dicen que tuvo algo con Bárbara Rey en sus tiempos de esplendor y eso hizo subir la cotización de mi respeto, no cabe duda. Luego está lo de de Ceballos, un mocoso con cláusula de rescisión a tiro que hace una cobra memorable cuando le prometen el paraíso en forma de centro del campo más deforestado que el desierto de Tabernas para alistarse entre Kroos, Modric, Isco, Asensio, Casemiro y Llorente, que es como plantar una palmera en medio de la selva de Jumanji. Al menos Veratti parecía haber nacido para ser blaugrana, pero la prensa adicta tardó esta vez menos de cinco minutos en tragarse sus palabras mientras el de Pescara cantaba la palinodia ante las cámaras del PSG con la diligencia de un procesado en los juicios de Moscú.

Es muy probable que el Barça haya dejado de existir, qué vértigo

Cuando el Guangzhou se le puso gallito a cuenta de Paulinho, ese crack, el vértigo se vio reemplazado por una oleada de ternura ¿Pero es que nadie respeta ya a esta pobre gent? ¿Dónde queda la profecía de Francesc Pujols, que en 1918 escribía aquello de “porque serán catalanes, todos sus gastos, donde vayan, les serán pagados”? ¿Quién será el próximo en plantarse, el Rayo Vallecano? ¿Es que ni Bellerín, ok de Valverde mediante? Muchos madridistas ya teníamos interiorizado que meterse con el Atleti es como pegarle a un borracho, pero el Barça, el estilo, el fútbol perdido y hallado en el templo, hombre, por favor, dónde vamos a llegar. Yo apenado por la suerte culé, casi solidario, en trance de pedirle a Número Tres las señas de su psicólogo. Del Aaron Sorkin de Algunos hombres buenos aprendimos que los marines de Guantánamo durante su guardia llamaban espejo al soldado cubano cuya posición cubrían. ¿Acaso nos estamos quedando sin némesis?

¿Pero es que nadie respeta ya a esta pobre gent?

Yo recuerdo algo parecido en los primeros años del siglo, en esa época en que el Barça postcruyff acusaba el fulgor del Madrid galáctico. Fue en los primeros compases de Laporta, cuando empezaron a forjar esta cosa de los valors y tal y cerraban los actos sociales al grito de visca el Barça y visca Catalunya. Por entonces, en un jurado del que formé parte en Barcelona, los culés locales me decían muy paternalistas aquello de la cantera y la cartera, que nosotros ganaríamos, pero lo calentitos que estaban ellos recluidos con sus propios olores corporales. Yo les dije con preocupación que a lo mejor es que el Barça estaba dejando de estar interesado en ser un club grande, lo que les dejó en un estado de desconcierto meditabundo que a mí me desconcertó más todavía. Ese editorial de Santi Nolla en el Mundo Deportivo de la época exaltando a Saviola frente a Zidane que tanto está circulando estos días por twitter resume ese espíritu: por Navidad, mejor conejo que besugo de Orio. Era algo parecido, pero no es lo mismo. Al menos en aquella apología del calçot y el conejo a la llauna había un orgullo. Pequeñito, provincial y resentido, como el del cogollito de Madame Verdurin, pero un orgullo. Es triste reivindicar la berza, pero algo se reivindica. Ahora solo hay el desconcierto de puertas que se te cierran en las narices.