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Mbappé pide socorro

Mbappé pide socorro

Escrito por: Antonino De Mora6 febrero, 2020
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Hacía muchos años, tantos que no alcanzo a recordar con exactitud, que no me perdía un derbi madrileño. El sábado, por circunstancias que no vienen al caso, no pude ser testigo de la victoria del Real Madrid en el Bernabéu sobre el Atleti y, como pueden imaginar todos aquellos que me conocen, lo primero que hice al librarme de mis quehaceres, fue acudir directamente a la fuente de información más cercana para enterarme del resultado de éste y de todo lo que había deparado.

Corrí rápidamente a un bar pero, al llegar, la televisión únicamente ofrecía un simple titular sobre la victoria blanca y, en lugar de las imágenes del partido, comentaban el enfado monumental de Kylian Mbappé con su entrenador al ser sustituido en el partido del PSG contra el Montpellier. “Es él, es que no hay otro posible, hay que traerlo sí o sí. Es el único por el que hay que darlo todo y nos lo está pidiendo a gritos”, fue lo primero que les dije a mis amigos al ver la bronca. Y cada día estoy más seguro de ello: está suplicando que lo saquemos de allí.

Kylian es el pilar donde ha de sustentarse el Real Madrid de la próxima década. No hay otro jugador en el mundo que pueda llevar a sus espaldas el peso del mejor equipo de cuantos existen. Es él y sólo él. Es un jugador diferente que reúne la verticalidad, la velocidad, la definición, la potencia y el regate al que sólo unos cuantos elegidos en la historia del fútbol han tenido acceso. Y todo con 21 años.

Muchas veces me pongo a pensar qué habría sido del Real Madrid si Cristiano Ronaldo hubiese venido con la edad que tiene ahora Mbappé y no con los veinticinco años con los que aterrizó en el Bernabéu. Imagino la época negra de Calderón y cómo con el portugués todo hubiese sido diferente y no puedo más que rezar a los dioses porque el fichaje de Mbappé no se demore tanto y, sobre todo, porque el francés no fiche por cualquier otro grande de Europa.

Porque Kylian es el hombre. Repito: no hay otro igual.

A una plantilla con Vinicius, Rodrygo, Casemiro, Courtois, Varane o Valverde, de tanta juventud como calidad, añadirle a Mbappé como punta de lanza sería asegurarse diez años de éxitos permanentes, sería dar un golpe sobre la mesa y devolverle al eterno rival la década que nosotros hemos tenido que soportar con Messi. Porque Kylian será en los próximos lustros lo que Cristiano y Leo han sido en estos últimos: el jugador más desequilibrante del planeta.

Se habla de entre 200 y 350 millones de euros para conseguir que salga de París e incluso de la salida de jugadores de grandísimo potencial que militan en el Madrid en la actualidad. Nunca le he tenido miedo, como aficionado blanco, a las grandes operaciones de Florentino porque sé que no hay nadie en este país (y probablemente en el mundo) que pueda darme más confianza en el apartado económico que el presidente, así que cualquier cantidad que el club esté dispuesto a aportar me parecerá bien.

Lo que sí tengo claro es que los acontecimientos llevan a que esa unión se produzca, que el destino quiere que así sea y que cada vez está más cerca. Como esa chica de la que siempre has estado enamorado y que atraviesa una crisis con su actual novio, Mbappé tiene que vestir de blanco, tiene que acabar casado con el Madrid y el club debe esforzarse al máximo, como me consta que hace, para traerlo. El verano de 2020 puede ser, por qué no, el verano en el que el Real Madrid fiche a Mbappé y Messi salga del Barça. Ese golpe de efecto puede ser el principio de una década de dominio blanco en España y en Europa como hace mucho tiempo que no recordamos. Si no pasa lo segundo, recemos porque ocurra al menos lo primero. Yo con eso me conformo.