Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
El madridismo de... Marion Cotillard

El madridismo de... Marion Cotillard

Escrito por: Mario De Las Heras26 marzo, 2017
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Es en Un buen año, una película ligera y amable de Ridley Scott para revisitar como terapia regenerativa en días bajos e invernales, donde Marion (Fanny Chenal) convierte a un Russell Crowe (Max Skinner) petulante y del West Ham, o del Queens Park Rangers, por lo menos, en un madridista de ley con chateau en la Provenza. Cuando Marion le grita o le abandona a su suerte en el fondo de la vieja piscina enlodada antes de accionar el mecanismo de llenado, Russell tiene unos segundos para contemplar la felicidad. El sol moribundo de la tarde por detrás de una melena morena y ondeante. La brisa que le habla en el francés de Zidane y le empieza a transformar.

Ese chateau es un Bernabéu mediterráneo donde suceden cosas maravillosas. Max había pasado allí sus vacaciones de niño con su tío. Unas vacaciones como de Quinta del Buitre, de emoción y de sueños y de Ligas y de exhibiciones. El verano del amor y del despertar, aprendiendo a disfrutar y distinguir el vino y leyendo La muerte en Venecia. Fanny ya está allí entonces, incluso le besa. Pero él no se acuerda a su regreso veinte años después con el tío ya desaparecido como si fuera Di Stéfano, el mismo sabio. Lo ha olvidado todo mientras Marion, toda una vida en la Provenza, ese Chamartín cinematográfico, es el mismísimo Gento hecho mujer.

Media película es una hermosa bronca en los ondulados labios rojos de Marion que ya quisieran escuchar los jugadores todas las tardes en que el Bernabéu, el chateau del madridismo, se pone a quejarse como si en realidad estuviera rodeado de viñedos. Marion se enfada en su bistró y en el arrebato muestra una nalga que es el tacón de Dios entre oes de admiración. A Max se le va cayendo la piel de la pérfida Albión mientras se le tuesta la nueva. Una piel de sol madrileño que es hermana de la piel de sol provenzal donde la brisa de la primavera resbala y remonta como el Madrid las eliminatorias europeas. Suena ¡Bum!, de Charles Trenet, como una estampida de la BBC, y para entonces Fanny Chenal ya ha hecho de Max Skinner un hombre con chateau, feliz y madridista.

No es Marion, ni mucho menos, sólo un personaje. Yo la vi, como muchos, por primera vez en aquel elegante biopic de Edith Piaf que le dio un Óscar. Maleducada y salvaje y encorvada como el mito francés. Toda su belleza escamoteada, oculta, con el fin de una caracterización, como Bale haciendo invisible su talento acudiendo a la presión sorda, envidiable. Como el Madrid defendiendo su portería en todas las líneas. Una Marion entregada mucho más allá de su belleza. La belleza dejada, demolida sobre el papel como sobre el esquema, donde, haya o no haya papel o esquema Marion, toda hecha por dentro y por fuera de Real Madrid, siempre nos gana Copas de Europa. O si prefieren, yo casi lo prefiero, Copas de la Provenza.

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.