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Los gritos del silencio

Los gritos del silencio

Escrito por: Pepe Kollins14 marzo, 2018
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Uno de los grandes males del madridismo es la confusión que ha suscitado el concepto de señorío atribuido tradicionalmente a la institución. Efectivamente, el Real Madrid representa una serie de valores que le hacen reconocible: su inquebrantable fe en la victoria, su universalidad por encima de localismos y, por supuesto, la integridad en su proceder. Si señorío implica ser honesto y hasta considerado con los otros, por supuesto que el Real Madrid tiene que hacer de esa cualidad su bandera. La ética y la estética son importantes. Pero si entedemos por señorío la cualidad por la cual la institución renuncia a su propia defensa cuando, entiende, es injustamente tratada, no queda otra opción que desmarcarse de tal sacrificio.

La pasividad, cuando menos formal, hacia la desfavorable tendencia arbitral, propiciada desde las elecciones a la Federación Española en 2004, está justificada, según no pocos madridistas, en base a esa errónea interpretación del concepto de caballerosidad. Esta línea argumental sostiene que esa actitud ha distinguido a la institución blanca a lo largo de la historia. "El Madrid no debe quejarse", sentencian. Pero basta un simple repaso a la hemeroteca para constatar que la reacción de los personajes más emblemáticos de la historia del club, frente a un atropello arbitral, distó mucho de ser timorata o condescendiente.

La persona más importante de la historia del Real Madrid, Don Santiago Bernabéu, era de hecho reconocida por una franqueza que derivaba, en no pocas ocasiones, en reproches hacia los colegiados.

Tras la disputa de las semifinales de la máxima competición continental, frente al Milan, en mayo de 1956, don Santiago declaraba ante los medios que “el árbitro echó un borrón en la Copa de Europa”, en relación a dos penaltis sancionados por el colegiado Steniner, que a su juicio fueron del todo inexistentes. En abril de 1957, también en semifinales de la misma competición, pero esta vez frente al Manchester United, el presidente apuntaba que “Lequeane debió expulsar al medio izquierda y al defensa del mismo lado”. Sobre Aldo Clemente, el colegiado del partido disputado en 1965 frente a Independiente, Bernabéu comentó: “Teníamos noticias de que en cada partido que arbitra promueve grandes escándalos, pero nunca pensamos que fuera ni tan incompetente ni que tuviera tan poca autoridad”. Del árbitro del partido de los cuartos de final de la Recopa de Europa, frente a Estrella Roja, en marzo de 1975, afirmó: “Pitó un penalti que no fue y a Camacho le sacó una tarjeta amarailla en la primera jugada que hizo”. Después de la derrota contra el Barcelona, en Abril de 1976, denunció que “el árbitro  fue un desastre. Me percaté de inmediato de la dirección del asunto”. Un año después, en 1977, al descanso de un derbi contra el Atlético de Madrid, dejaba caer, ante las cámaras de televisión, que “he visto un penalti clarísimo y el árbitro ni se ha movido”, para rematar, a continuación, que ponía en duda que se pudiera revertir el marcador “si el árbitro sigue como está”.

Esta es sólo una pequeña selección de las muchas veces que Don Santiago recriminó una actuación arbitral. Puede alegarse que esto fue así por el ímpetu que caracterizaba al histórico presidente. Pero hasta Luis de Carlos, que fue considerado el paradigma de la corrección, mostró su descontento por los errores en contra de su equipo. “El Madrid se ha encontrado y se encuentra desamparado federativamente”, señaló el presidente del club blanco, en 1981, frente a la campaña orquestada por José Luís Nuñez para condicionar a los arbitros, a los que acusaba de ayudar al Real Madrid, pese a que el propio mandatario barcelonista era el vicepresidente de la Federación Española. Ante la inhibición de dicho organismo frente a esos continuos ataques, el Real Madrid terminó abandonándolo. “Bastante difícil se lo han puesto a los árbitros con esta campaña en contra del Real Madrid. ¿Quién de ellos se puede atrever a pitar un penalty a favor del Real Madrid fuera de casa?”, se preguntaba Don Luís. “Yo no sé cómo verá usted lo de las ayudas, pero me remito a los partidos de Alicante y Sevilla, donde se nos anularon dos goles que han significado dos puntos”.

En noviembre de 1984, despúes de la ida de octavos de final de la Copa de la UEFA, frente al Anderlecht, de Carlos se quejó del árbitro: “Ha cometido un gran borrón en la señallización de ese penalti que se ha inventado, inexistente”. En Enero del año siguiente protestaba igualmente porque “nadie hace públicos, actualmente, los perjuicios que las decisiones arbitrales están produciendo al Madrid”.

Pero si ha habido un personaje en la historia del club que ha encarnado el perfil de técnico contestatario ese ha sido Miguel Muñoz, curiosamente el más laureado y el que más partidos dirigió en el banquillo de Chamartín. Daría para un libro glosar todas las palabras de Muñoz al respecto. Por eso nos ceñiremos a algunas de sus declaraciones de tan solo dos temporadas: 1964 y 1971. En abril de 1964, Miguel Muñoz sostenía que los arbitrajes estaban condicionados: “Con la campaña que se ha hecho, los colegiados salen diciendo Ojo a ver si les favorecemos... Y ocurre lo de hoy, que nos han marcado un gol de penalty y nos han expulsado a Amancio en esa jugada, cuando no ha hecho nada”. En junio del mismo año, clamaba: “El arbitraje de Ruiz Casasola, malo, muy malo; un arbitraje desastroso”. En noviembre, continuaba con la misma tónica: “Llevamos una racha de arbitrajes perjudiciales cuyas causas y motivos no puedo concebir. Hoy acabamos de padecer otro: el del señor Lloris, quien, aparte de sus diversos errores, tuvo uno verdaderamente garrafal: el no señalar penalty descarado y como consecuencia a su gravísimo error nos expulsó a un jugador, Puskas”. Ya en las postrimerias del año y ante un inminente clásico frente al Barcelona, confesaba que “lo importante para nosotros es que empecemos con once y terminemos con once”.

En enero de 1971, Muñoz respondía a un periodista: “A mí no me diga usted que hay otros equipos perjudicados en idéntica medida que el nuestro porque no se lo admito”. Pocas semanas después volvía a explotar: “A esto no hay derecho. Una vez más nos han quitado un gol porque al árbitro le ha salido de las narices”, y advertía: “Lo único que hace falta es que en adelante los goles válidos que marquemos suban al marcador”.

Aunque Miguel Muñoz fuera el más vehemente, la quejas no han resultado una excepción en el banquillo del Real Madrid. Incluso el inmaculado Vicente del Bosque exteriorizó su malestar por la designación del colombiano Oscar Ruiz para la final de la Intercontinental del año 2000, contra Boca Juniors, al compartir nacionalidad con tres titulares del equipo bonaerense. El italiano Fabio Capello, popular por su rectitud, no vaciló, en febrero de 1997, al afirmar que “con nosotros cuando dudan nunca pitan a nuestro favor”. Otro que protagonizó un incidente, cuando ejercía como director deportivo, fue Jorge Valdano, quien,  en semifinales de Copa del 2003, contra el Sevilla, llegó a encararse contra el colegiado Iturralde González a quien, según el acta, le espetó: “Esto es una vergüenza. Nunca he visto nada igual. Muy seguros tenéis que estar para hacer lo que habéis hecho. ¿Qué creéis que es esto?”

capello, del bosque y valdano también se quejaron en su día del trato arbitral

Los jugadores tampoco han sido ajenos a las polémicas. Don Alfredo Di Stefano relata en su biografía como, en una cena con intercambio de regalos, tras la eliminación de la Copa de Europa frente al Barcelona, en 1960, merced a un arbitraje escandaloso del británico Mr. Leafe, “cuando localizamos al árbitro fuimos y le dijimos de todo. Ellos se daban cuenta de que les estábamos insultando y querían saber quiénes éramos exactamente. Preguntaban a los del Barcelona, que, muy deportivos, decían que éramos aficionados”.

Tras ser eliminados en semifinales de Copa, en 1963, Gento declaró lo siguiente: “Creo, sinceramente, que ha sido el árbitro el que le ha regalado el título de finalista al Zaragoza”.  Sobre la ida de la eliminatoria de Copa de Europa conta el Inter de Helenio Herrera, en 1966, el cántabro mostró su indignación: “Gracias al arbitro... si no... se llevan media docena”. Su compañero Pachín, tampoco se quedó corto: “¡Qué caradura de árbitro! Parece imposible que un árbitro de categoría internacional pueda hacer todo esto”. Sanchís añadía al respecto “una verdadera vergüenza de árbitro y de equipo. No se puede ser campeón de Europa de esta forma”. Otro mito del madridismo, José Antonio Camacho, se expresaba así, en 1976: “La expulsión de Benito. ¡Un número de circo! ¡Pero si ni siquiera señaló infra