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Los anti Bale: una historia de odio y frustración

Los anti Bale: una historia de odio y frustración

Escrito por: José Luis S. Ortiz7 septiembre, 2020
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La aversión al galés no ha dejado de crecer en una parte de los aficionados

¿Hay algo peor que un ultra? Pues sí, un ultra anti. Y es válido para las dos especies de ultras anti más abundantes en nuestra fauna futbolera: el antimadridista y el antiBale. Un anti ultra es un negacionista de la realidad. Un ser negativo por definición, lo suyo es la destrucción hasta la extinción. En el caso de Bale se trata de borrarlo de la historia o, al menos, intentarlo. Para ello ninguneará sus logros y blanqueará a su gran aliada: la prensa del manolismo. Esta es la pequeña historia de la génesis, forja y desparrame de una obsesión.

Me maravilló el joven Bale cuando lo veía en la Premier. Y me fascinó cuando aterrizó en España y fue recibido a portagayola por una hernia fantasma (prensa). Justo en ese momento casi dejó de importarme el jugador. Entendí que semejante campaña merecía una respuesta por parte del club y hasta de sus compañeros. No hubo y tal y entonces Bale, el jugador, pasó a ser el caso Bale.
Y surgió, casi por generación espontánea, el ultra antiBale. El tipo jugó su primer partido contra el Villarreal y marcó su primer gol. Era un hecho esperanzador, como botón de muestra. Pero el ultra antiBale ya estaba lanzado.

Nunca entendí los motivos por los que un tipo tan correcto, tan poco conflictivo y tan discreto fue capaz de suscitar tanta carga de odio desde que pisó España. Es un gran misterio: ser odiado, desde que llegó, sin haber hecho méritos para serlo. No era el chuleta de turno luciendo cuerpo, tampoco el hortera exhibiendo modelo tío Macario, ni siquiera traía antecedentes de ser amigo de la noche. Por no lucir, ni lució ese aspecto tan “repuestito” (que diría mi señora) forjado a base de lorzas morcilleras después de unas vacaciones como Dios manda. Es más, puso de su parte lo suyo para venir. Ya le hubiera gustado a ZZ que su añorado Pogba hubiera puesto en el cesto de los huevos la mitad de lo que puso el galés.

A la hernia le siguió el golf, no saber español, no dar entrevistas, las lesiones (casi voluntarias, naturalmente), su falta de actitud y de implicación...

Para ir calentando motores, a la hernia ya le precedió un precio de traspaso hiperbólico que hubiera servido para construir colegios, hospitales, autopistas y hubiera servido para dar luz gratis a una ciudad como La Coruña durante no se sabe cuánto tiempo (artículo de Ana Ortiz en El Mundo titulado “Con lo que vale Bale se salva el CSIC”, que apesta a demagogia incluso siete años después). Después hubo traspasos más onerosos que, por supuesto, ya no preocuparon a nadie. A la hernia le siguió el golf, no saber español, no dar entrevistas, las lesiones (casi voluntarias, naturalmente), su falta de actitud y de implicación, su poco compromiso con el club, etcétera. Todo esto ya durante sus dos primeros años. Tiren de hemeroteca y lo comprobarán (prensa, por tierra, mar y aire).

Todo esto propulsó el crecimiento exponencial de los ultras antiBale. Gran número de ellos dentro de la propia afición madridista. Les recuerdo que estamos hablando de hace un lustro, como poco. El jugador ya había marcado un buen puñado de goles y, solo en su primer año, había contribuido a los dos títulos mayores que ese año consiguió el Madrid. Un dato para desmemoriados: en Lisboa, Gareth Bale marcó el segundo gol en el minuto 110’. Restaban solo 10’ para el final de aquel partido. Tan solo alguien cegado pr el odio puede negar la importancia de ese hecho. Y lo hace. Y es espeluznante: un gol a falta de 10’ para los penaltis en una final de Champions y que deshacía un empate. Del bartrazo, mejor ni hablamos.

Gareth Bale en la Copa del Rey.

Solo su primera temporada debió haber servido para cerrar el asunto. Pero el campo ya estaba abonado y ya saben lo que pasó en las siguientes temporadas. Entre lesiones, campos de golf, desprecios e indolencia, en sus primeros cinco años le dio tiempo para marcar más goles que Zidane y Figo en sus primeras cinco temporadas y casi los mismos que Ronaldo (el rellenito) y ganar más títulos que cualquiera de estos tres. Datos que ponen de los nervios a los antis del galés, pues cuadran mal con su odio. Es el decimoséptimo goleador histórico del Madrid. En cuanto a número de enemigos, sin duda, es el líder indiscutible. ¿Por qué? Buena pregunta porque más allá del golf y del poco manejo del español, el argumentario del antiBale, en esos cinco años, se reduce a patalear. Cierto es que sus lesiones durante esos años nos dejaron una sensación agridulce de apetito no saciado del todo. Sensación que nada tiene que ver con el odio africano que buena parte del madridismo manolista ya le procesaba por aquel entonces. Odio que caminaba en paralelo al odio mediático. ¿Casual? No, claro que no. Nunca tuvo un momento de respiro. Hiciese lo que hiciese.

El ultra antiBale vive en una obsesión permanente que puede causar efectos perturbadores hasta nublar la vista y el entendimiento

Echándole muy buena fe y abstrayéndome del consabido principio (generalmente aceptado para otros casos) de “por todo los que nos ha dado”, entendería la inquina fundamentada en sus dos últimos años. Pero su ejército de odiadores no nació en el corto/medio plazo recientemente pasado, viene de mucho más atrás. Y lo sabemos todos. En esta misma casa (nada sospechosa), tienen un ejemplo en este artículo escrito en el año 2017 aprovechando la lesión del jugador a finales de 2016 cuando le reventaron el tobillo en Portugal y que le mantuvo alejado muchos meses y casi no le permitió entrar en juego en lo que restaba de temporada. Imagínense que el club siguiendo esos deseos y anhelos, hubiese vendido al jugador. Adiós a Kiev y, posiblemente, al gol más legendario habido en una final de Champions.

 

Chilena de Bale en Kiev.

El ultra antiBale, como cualquier ultra anti-algo, vive en una obsesión permanente que a base de no ser satisfecha en tiempo y forma crece, engorda y puede causar efectos perturbadores hasta nublar la vista y el entendimiento. Tanto es así que ya no les basta con verlo reducido a la mínima expresión dentro de esa plantilla. Tiene que desaparecer de la memoria del madridismo. Ensuciemos su imagen e infravaloremos su pasado. No deben quedar ni las raspas. Ejecútese la orden 66.

Sus anteojeras de odio impiden que vean que detrás del dedo está la luna. No entienden que el caso de este jugador, masacrado, vejado, insultado y humillado (con todos los millones de euros que ustedes quieran) como ningún otro jugador en la historia de nuestro club (y ya es decir) trasciende del propio jugador. Y eso supone admitir el derecho de pernada como parte del derecho natur