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Luthierías madridistas

Luthierías madridistas

Escrito por: Amiguete Barney7 septiembre, 2020
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Las semanas sin partidos del Real Madrid de fútbol o de baloncesto resultan sin duda más largas y tediosas, como sucedió durante la reciente cuarentena, que nos pareció interminable por muchos motivos. La Galerna se esforzó por mantener el buen humor y el interés de los lectores, y nos regaló una serie de artículos sobre todo tipo de temas (cine, música, las historias de Alberto Cosín, el Diario de un madridista confinado…) que nos ayudaron a hacer más llevadero el encierro. Entre ellos apareció un artículo de David Álvarez dedicado al madridismo de Les Luthiers, el genial grupo humorístico-musical argentino al que he osado parafrasear en el inicio.

El artículo narraba la visita a Madrid y al Bernabéu de Marcos Mundstock, Daniel Rabinovich y Tato Turano, con su humor, con su fina ironía, con sus bromas de siempre. Con la alegría que siempre caracterizó a los dos primeros, tristemente fallecidos. Tenían que ser madridistas, no podía ser de otra manera.

Les Luthiers

Les Luthiers llevan siendo excepcionales durante décadas en todo lo que ofrecen al público, ya sea como músicos o como humoristas. Geniales en el dominio de la palabra y la ironía, abrumadores en el conocimiento de la lengua, no solo la española, apabullantes cuando dan rienda suelta a los insólitos instrumentos musicales que fabrican ellos mismos. Resultan inconfundibles en su estilo pese a que puedan estar interpretando una bossa nova, una tarantela, un tango o una cantata de resonancias germánicas. Cada espectáculo es diferente, pero suena a Les Luthiers. En eso se parecen al Real Madrid, que permanece inconfundible en su estilo aunque haya pasado épocas de influencia brasileña, italiana, argentina o alemana. Suena diferente, pero sin duda es el Real Madrid.

Les Luthiers nos han regalado frases que muy bien podían parecer escritas para definir el mundo del fútbol español. Por ejemplo, sobre los modos de hacer del Villarminiato:

“Lo importante no es ganar, sino hacer perder al otro”.

Sobre nuestros vecinos del Malakito de Menfis:

“Felices los que nada esperan, porque nunca serán defraudados”.

Para los aficionados madridistas que idealizan el pasado, da igual cuál o qué época:

“Todo tiempo pasado… fue anterior”.

Para el culebrón de Messi con el Barça:

“Si no eres parte de la solución, eres parte del problema”.

Para los que insisten en que el argentino juega en el Barça por amor:

“Hay un mundo mejor, pero es carísimo”.

Para Quique Setién:

“No soy un completo inútil, por lo menos sirvo de mal ejemplo”.

Incluso para Luis Suárez:

“Tener la conciencia limpia es síntoma de mala memoria”.

Les Luthiers en escena

Los juegos de palabras que Les Luthiers desplegaban (¡y aún despliegan!) en sus espectáculos son inigualables, tan rebuscados en ocasiones que no se pueden trasladar al lenguaje escrito: “Te echamos de menos, Juan. Nos quedamos sin tejas y fue por eso que techamos de menos”. No es lo mismo que pronunciado por sus inconfundibles voces, desde luego que no.

Son célebres los espectáculos de Les Luthiers dedicados al compositor ficticio Johan Sebastian Mastropiero y de entre todos ellos me acuerdo de la entrega de premios Mastropiero por lo que tienen de similitud con el Balón de Oro y la reacción del culerío. Es decir, son unos premios totalmente desacreditados cuando lo reciben Cristiano Ronaldo o Modric… pero no cuando se lo lleva su Leo del alma. En la recogida de los premios Mastropiero, un amigo del galardonado pronuncia un discurso que encajaría muy bien en la boca de cualquier seguidor de Messi:

“Él nunca creyó en estos premios porque decía que había que pagar para conseguirlos. Sin embargo, parece que este año cambió de opinión: pagó para hacerse con él”.

El último Balón de Oro de Leo Messi, tras el 4-0 frente al Liverpool, es sin duda un Premio Más-Tropiezo de libro. Y si este discurso parece una parodia del barcelonismo mediático, no digamos esas célebres presentaciones de soberbios números musicales con la voz inconfundible de Marcos Mundstock, grandilocuentes anuncios de magnas piezas que poco a poco van rebajando las expectativas creadas: “La sinfonía será interpretada por una gran orquesta de cincuenta músicos,… ah, no, me corrigen, finalmente será un dúo”. O “la incomparable soprano Guadalupe Luján que lleva maravillándonos con su voz desde hace setenta años… Oh, disculpen, me dicen que la señorita Luján ha sufrido una indisposición pasajera… Ah, no, permanente”. Me recuerdan a esas tácticas periogolfísticas de inflar las expectativas de los fichajes para luego dejarlos en nada:

“¡Lautaro está al caer!”, “¡Neymar se deja querer!”, “¿Por qué no los dos?”, para concluir con: “Ah, no, disculpen, me comunican que finalmente solo presentaremos a Trincao”.

Les Luthiers posando
Si los argentinos se dieran una vuelta por las portadas de nuestra prensa deportiva diaria a buen seguro estarían cerca de la arcada con solo leer los pobrísimos juegos de palabras que los medios muestran sin pudor: “Lautoro”, “Ney… mar de dudas”, “Cholo ante el peligro”, “CReído”, “Peluka Modric”, “DembeLío”, “FeliZidane”, y mi favorito entre los menos favoritos: “FeliciRondo”. Ahora mismo Marcos Mundstock y Daniel Rabinovich se están revolviendo en sus tumbas, y que se me perdone la broma porque como ellos mismos decían:

“No te tomes la vida en serio: no saldrás vivo de ella”.

Los juegos de palabras con el VAR no han sido menos pobres: “BarVARidad”, “VARbena”, “VARgüenza”… Solo salvo uno de aquellos titulares, el “Plantarán cara al VAR”, vergonzoso en lo conceptual, pero interesante en lo estilístico, puesto que se trata de un lipograma, un juego lingüístico consistente en omitir una letra del vocabulario. En este caso, todas las vocales menos la “a”, como en uno de los números musicales de Luthierías:

"Papa Garland Had a Hat and a Jazz Band and a Mat and a Black Fat Cat".

La obra fue estrenada en 1981 en Rosario, la ciudad natal de Leo Messi, con quien Les Luthiers comparten pocas cosas y desde luego la locuacidad no es una de ellas. No fue la única vez que el grupo recurrió al recurso del lipograma, como en “Pepper Clemens sent the Messenger: nevertheless the reverend left the herd”, cuya traducción al castellano es (según Mr. Mundstock, of course): “Schmerz el mequetrefe, ese repelente vejete verde”.

Estoy convencido de que el lipograma de Mundo Deportivo fue involuntario y me ha dado por pensar si la mezquindad de la prensa deportiva de este país alcanza tal nivel como para ser capaz de titular con lipogramas de este estilo y he llegado a la conclusión de que sí, ya lo creo que sí. Aunque les prohibieran usar todas las vocales menos una, serían capaces de emponzoñar cualquier situación relacionada con el Madrid. Alguno ya tenía preparado incluso el titular:

Marca: Achraf manda a Carvajal a la grada.

As: Carvajal manda a Achraf al Galatasaray.

Les Luthiers saludando

Y es que en ocasiones la prensa madrileña resulta más perniciosa que la catalana, de la que ya hemos visto cosas insólitas como criticar el VAR que tantos empujones les dio durante tantos meses, porque la prensa “pagafantas catalana ataca al VAR. As y Marca callan, lavan la cara al Barça y agrandan la farsa. Vaya cara gastan”.

Los protocolos del VAR han sido tan incomprensibles como los implantados en la era post-Covid para la reanudación de la Liga. No tengo el ingenio de Les Luthiers, pero me atrevo a decir que:

- Todos los protocolos son ortodoxos o pomposos -sollozó Onopko, otro odontólogo horroroso.

- ¿Todos? No -confrontó Odonkor, homólogo jocoso-. Solo los protocolos LFP son porosos o como poco, bochornosos.

Podían hurgar en las heridas del Barça de vez en cuando, pero sabemos que nunca está entre sus prioridades:

Dembelé (18 M.): el FCB debe entender que Ter Stegen (9 M.) se rebele.

¿Tendrá algo que decir Guardiola sobre la surrealista resolución del caso Messi?

Pep: seré breve. Que se quede es excelente. Debe desentenderse del estrés y el desdén que genere, y envejecer en el célebre edén que se merece (¡que se merece ese mequetrefe enclenque de mente endeble!).

No resulta sencillo, en cualquier caso, salvo que el periodista encargado esté especializado en el mundo del tenis:

"Gstaad: Nadal arrasa a Balasz y manda a casa a Schwartzmann".

O bien:

"Ferrer-Medvedev y Federer-Zverev en Everett".

He querido seguir con la letra “i”, pero solo se me ocurre si el titular viniera de un medio inglés en la época de Guardiola:

"Chigrinskiy crisis in Tbilisi".

O si cierto jugadorazo alemán se dedicara a la publicidad de coches o, Dios no lo quiera, la lencería:

“Kimmich: this is Infiniti”, que quedaría tan raro como: “Kimmich by Intimissimi”.

No me llega la capacidad para meter en una misma frase a los turcos Rustu y Umut Bulut junto a Kukuxumusu y Urkullu, así que voy a dejar