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Llueve como en Cardiff

Llueve como en Cardiff

Escrito por: Mario De Las Heras11 mayo, 2017
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Lo del qué se siente en el Bernabéu no era una pregunta. Pero la respuesta del Aleti y de la afición del Aleti (esa que dio una exhibición según un contertulio de Bein, como si hubieran ido todos en gabardina al Calderón) me hace pensar en el orgullo. El orgullo que es arrogancia, vanidad según la RAE, "que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas". Qué duda puede haber de que el orgullo atlético proviene de la nobleza y de la virtud, mucho más después de los emocionantes ejemplos de la última semana.

Así que el orgullo rojiblanco es arrogancia o vanidad disimuladas, cabe añadir que mayormente (y malamente) por una prensa que pone a una afición violenta en su portada. Claro que a estas horas de la noche ya poco se puede disimular. Uno va caminando por la calle de madrugada y oye susurros y bufidos de arrogancia con absoluta claridad mientras entre los susurradores y bufadores se dan la enhorabuena. Qué misterio. ¿Por qué se darán la enhorabuena? ¿Alguien duda del escarnio, del linchamiento al que se hubiera sometido al perdedor distinto? ¡Ay!, el orgullo.

Salió el Aleti creyendo mucho. Creer, creer, creer. Lo tienen todo: la fe, el orgullo, la nobleza, la virtud, la humildad, la pobreza, la afición, el Cholo, el niño, rayas en las camisetas... Creyó Oblak y creyó Keylor, alabado sea el Señor; y luego vino la presión por aturdimiento. Más que un estadio de fútbol aquello parecía el Mardy Grass. El ruido y la aglomeración y la humedad de Nueva Orleans. El Madrid allí en medio, comprensiblemente apabullado al principio, como el capitán Willard recorriendo el pasillo que le hacen los devotos camboyanos del coronel Kurtz. Pudo acabar el Madrid con esa presentación, pero de la mano de Oblak surgió la vida en ese rincón abandonado y moribundo. Saúl de córner y tres minutos después penalti de Varane a Torres que convierte Griezmann. Dos a cero en quince minutos. El Madrid sigue con su plan y el Aleti no. El Cholo pide calma y la calma llega. Los dioses tienen estas cosas: levantan un dedo y suceden milagros.

El Madrid se estira, se despereza. Ha saltado de la cama con el Boum! de Charles Trenet en la cabeza, que por fin empieza a reflejarse en sus pies. Es entonces cuando llegan las faltas de los locales, el plato típico del lugar, como la fabada asturiana o los torreznos de Soria, aunque la amarilla es para Danilo. El partido se parece en ese momento al de ida. Aún con alguna interferencia pero nada parecido al inicio cuando yo era la niña de Poltergeist diciéndole a la concurrencia: "Ya están aquí". Ahora yo soy más bien uno de los secuestradores de Fargo dándole golpes al televisor. Una entrada criminal de Godín a Cristiano (de Godín iba a decir Simeone al final poco menos que habría que levantarle un monumento) significa el fin de la primera parte del intenso festival dedicado a Los segadores, de Picasso, precedente del cubismo.

Nunca hay que menospreciar la importancia de Luka Modric, que pasa por encima de equipos enteros como por la rampa romana de Masada. Suyos fueron cortes y salidas y atenciones providenciales a esa hora de la noche en la que no se jugaba sobre la yerba sino sobre un cable suspendido en un precipicio. Modric salía con la pelota igual que Astérix e Isco lo hacía como en un anuncio de colonia de Victorio & Lucchino. Gabi, también conocido erróneamente como "el maño", rabiaba de envidia ante el exceso de arrojo y de talento de sus homónimos madridistas. Benzema había salido sin botas, simplemente con sus lirios dorados al viento. La pelota hacía movimientos incomprensibles al llegar a sus pies. Era un aviso de lo que iba a llegar que no iba a ser fútbol, llámese el vuelo sibilante de un hilo de pescar sobre el río, un rayo de sol entre las nubes de lluvia y el mar, un campo de amapolas de Monet, un divertimento de Mozart, una frase de Humphrey Bogart (escrita por Faulkner) en 'El sueño eterno'... Imaginen, divaguen, fantaseen y acertarán. Eso es Karim. Eso fue lo de Karim que yo le contaré a mi hija y después a mis nietos como le contaba Colombo a Kevin Arnold la historia de La Princesa Prometida. Redondo y Butragueño 2049, como Blade Runner.

Benzema se descuelga por la esquina y le persigue media banda del Cholo. Benzema se da la vuelta como si posara para enseñar la espalda en el photo call, luego les encara con audacia de héroe de película de piratas. Tiene tres pelotas en los pies. Eso es lo que parece. Los defensas lanzan sus piernas pero no aciertan a ninguna. A cámara lenta y a cámara rápida. El elegido es Karim. Hay un pasillo por el que no pasaría Messi agachado pero él se lanza al filo de la línea de fondo, mueve la cadera, mueve la pierna, mueve el pie, mueve la tibia y el peroné y de pronto está delante del portero y la media banda del Cholo por detrás de él, es un pegamoide que retrasa para Kroos cuyo disparo de toda la vida con el interior detiene Oblak, que no puede bloquear. El rechace en treinta centímetros de terreno le llega a Isco, que acierta a marcar metiendo la bota como una pala de excavadora. Entonces todo eso Carrasco no lo puede entender e intenta troncharle la pierna a Casemiro, que se salva de milagro, no como Carrasco de la tarjeta, lo cual sucede no por intercesión divina sino arbitral. El partido ya es otro porque ese gol en el momento justo es el mismo que el Aleti no pudo marcar en su único lanzamiento a puerta en el Bernabéu.

Benzema se descuelga por la esquina y le persigue media banda del Cholo

El inicio de la segunda parte confirma el nuevo escenario. El Madrid ataca como si habláramos de balonmano. Pelota de aquí para allá en la frontal. Isco y Modric conteniendo y marcando el ritmo de braceo en los medios. Marcelo haciendo lo propio en sus tierras de la colina, desde donde se ve todo, y Kroos escabulléndose de los marcajes como un quarterback ágil. Benzema sigue haciendo lo mismo: el sedal brilla al aire con el sol, suena el clavicordio, pisa y se mueve como Chiquito de la Calzada. Se oye: "no puedo, no puedor...", pero no es Karim sino Gabi. "Fistro, pecador...", se le escucha decir. La segunda parte del festival dedicado a Los segadores, de Picasso, ha comenzado. Ramos está tan fino que da miedo que deje de estarlo con media hora aún por delante. Isco se empeña en salir del mar hacia la playa con un garbo y una sonrisa esta vez de anuncio de condones. Qué fuerza la de Luka. Se va, se va. El arrojo de Luka. Comienzan a verse los primeros signos de frustración atlética. Las cabezas bajas, las negaciones, las meditaciones del Cholo lejos del histrionismo que al colchonero le chifla. El Madrid se mueve en cuadrados de parqué y el Aleti lo mira. Sólo puede mirarle y de vez en cuando atizarle. Zidane es una estatua de mármol clásica encontrada en el foro madridista. Por dos veces más en una misma jugada salva Keylor al Madrid. No se puede criticar a nadie en este equipo porque al poco tiempo aparece de la nada una colleja educadísima e incontestable. No hay fallo de Danilo en el marcaje sino una agresividad rival escandalosamente normalizada y permitida más allá de los límites.

Hay un gol de Modric anulado que es gol legal. La locución televisiva calla y otorga. La repetición no llega. Benzema desde el suelo, luego en el área. Penalti. No lo pita. Callan. Pienso que así cómo se podría dejar de creer alguna vez. Y luego que si el orgullo. La arrogancia, la vanidad  disimuladas. Sigo esperando la repetición del fuera de juego mientras los comentaristas, Raúl y Valdano sobre todo, tratan de enterrar el tema. Ahora Isco, desde la playa, anuncia pasta de dientes. Le brilla un colmillo, acuden las chicas, le rodean, él amaga por un lado y se va por el contrario, se para y se da la vuelta. Nadie lo puede coger, se marcha como Adam Clayton al final del videoclip de I still haven't found... casi levantando el botellín para saludar antes de meterse en el taxi. Se van del campo Benzema y Casemiro (que corre reptando) y entran Lucas y Asensio, Tom y Huck. Lo de Isco es compás y Lorca le hubiera escrito un poema, lo de Modric es ventura para Walter Scott. Lo de Zidane no tiene nombre (pongámosle Mark Twain como provisional) pero por supuesto no es orgullo de ese. Qué Madrid ha hecho. Llueve a cántaros, llueve como en Cardiff.