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Liverpool-Real Madrid, 37 años después

Liverpool-Real Madrid, 37 años después

Escrito por: Athos Dumas17 mayo, 2018
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El 27 de mayo de 1981 caía el Real Madrid ante el Liverpool FC por 0-1 en la final de la Copa de Europa. La primera final de la máxima competición a la que llegaban los merengues tras la consecución de la 6ª Copa de Europa de los yeyés en Bruselas en 1966.

Pongámonos en contexto. En 1981 se cumplían tres años del fallecimiento del gran arquitecto del Real Madrid moderno, Don Santiago Bernabéu. Don Luis de Carlos, un hombre discreto y caballeroso proveniente de la última junta directiva de Bernabéu, presidía el club de manera continuista, sin grandes alardes mediáticos y con una minuciosa contención de los gastos, ya que la economía del club no era nada boyante a finales de los 70. Desde 1979, el entrenador elegido fue Vujadin Boskov, que sustituyó a Luis Molowny, el entrañable Mangas, hombre apagafuegos del club y a quien, bien es sabido, no le gustaba nada entrenar al primer equipo.

La temporada 1979-1980, Boskov había logrado el hito de conquistar un doblete Liga-Copa del Rey, con lo cual su crédito como entrenador estaba íntegro. La liga 80-81 fue un mano a mano con la Real Sociedad de los Zamora, Arconada, Satrústegui y López Ufarte que finalmente se perdió en la última jornada, tras empatar a puntos -con el goal average a favor de los donostiarras (3-1 en el viejo Atocha y 1-0 en el Bernabéu)- y tras un gol in extremis de Zamora en El Molinón cuando los merengues casi estaban celebrando el título en el estadio de Zorrilla, el 26 de abril de 1981.

Para esa fecha, el Real Madrid ya estaba clasificado para la final de París, tras haber eliminado cuatro días antes al rocoso e incómodo Internazionale de Milán (2-0 en el Bernabéu, con goles de Santillana y de Juanito, 1-0 en San Siro, gol del central Bini), tras una auténtica batalla campal en Italia, con lanzamiento de multitud de objetos sobre los nuestros, con un vergonzoso comportamiento de los tifosi que posteriormente acarrearía el cierre de San Siro para varios partidos.

el 27 de mayo de 1981, el real madrid cayó 0-1 ante el liverpool en la final de la copa de europa

El recorrido europeo del Madrid pasó por eliminar al Limerick irlandés (7-2 en el global), Honved húngaro (el mítico equipo de Puskás, por 3-0) y el Spartak de Moscú (2-0). Recordemos que en aquella época tan solo jugaban la Copa de Europa los campeones de las diferentes ligas, además del campeón vigente, con lo cual los cruces podían ser mortíferos desde la primera eliminatoria.

Desde el fin de la Liga, 26 de abril, hasta el 27 de mayo, día de la final en París, hubo un largo periodo de escasa actividad en el que los nuestros estuvieron casi desconectados de la alta competición, con una serie de partidos de eliminatorias de Copa del Rey ante Recreativo de Huelva y Sporting de Gijón (que acabó eliminando al Madrid en cuartos de final). El Real Madrid se iba a jugar literalmente la temporada ante el Liverpool FC para poder participar en la siguiente edición de la Copa de Europa. Pero a los ingleses les pasaba exactamente lo mismo, ya que aquella temporada la liga inglesa había sido conquistada por el Aston Villa, y el Liverpool había sido quinto tan solo.

El Madrid debía superar el mazazo de haber perdido la liga en el último minuto y hacer frente a uno de los mejores equipos de aquella época, el Liverpool FC de Bob Paisley, el entrenador más laureado de la historia de su club, y que muy recientemente había conquistado 2 Copas de Europa de forma consecutiva (76-77 y 77-78), con unos jugadores altamente experimentados en lides europeas de altísimo nivel.

Frente a ellos, un equipo muy joven (los más veteranos: Goyo Benito y los dos porteros internacionales Miguel Ángel y García Remón estaban por entonces lesionados), capitaneado por Santillana (28 años), y que llegaba a París con una pléyade de canteranos y, por mor de la legislación del momento, tan solo dos extranjeros: Uli Stielike y Laurie Cunningham.

Estos dos últimos llegaban tocados a la final, el inglés arrastrando molestias toda la temporada (tan solo había disputado 11 partidos) y el tanque alemán con una reciente rotura muscular 10 días antes que aún no había cicatrizado convenientemente. Además, otra de las figuras del equipo, Juanito, sufría de grandes molestias en una de sus rodillas.

En la eliminatoria anterior, el guardameta Agustín, con 21 años tan solo, había suplido a la perfección al titular Mariano García Remón en ambos partidos contra el Inter, convirtiéndose en la pesadilla, entre otros, del ariete de la squadra Azzurra, Alessandro Altobelli. La defensa la iban a formar cuatro canteranos como García Cortés, Sabido, García Navajas y José Antonio Camacho, con una media de apenas 23 años de edad. Tan solo Camacho contaba con experiencia internacional tanto en el club como en la selección española.

Aparentemente, el Madrid iba al matadero en aquel partido, con una media Ángel-Del Bosque-Stielike algo mermada físicamente. La delantera, al menos por nombres, Juanito-Santillana-Cunningham, era a priori la mejor línea, aunque ya se ha dicho que dos de ellos iban a jugar infiltrados.

Frente a ellos, los Reds de Paisley, una verdadera selección inglesa (Clemence, Neal, Lee, Mc Dermott…) aderezada con los mejores escoceses del momento (Hansen, Souness y el gran Kenny Dalglish).

Fue la primera final a la que asistí fuera de España. Por edad no pude –ni recuerdo nada– ir a la de 1966 en Bruselas, pero sí que estuve aquella triste tarde-noche en el Parque de los Príncipes de París, escenario mítico para cualquier madridista, por haber sido sede de nuestra primera gran gesta internacional en 1956 ante el Stade de Reims de Raymond Kopa. Me hubiese gustado ir con mi querido padre, el inculcador de mi madridismo, pero una inoportuna lumbalgia lo dejó fuera de juego, impidiéndole viajar. Así pues, junto a mis dos hermanos mayores, emprendimos un viaje complicado a París por tren, con el mítico “Puerta del Sol”, que tardaba unas 13 horas desde la estación de Chamartín a la de Austerlitz en París (con cambio de vías incluido en la estación de Hendaya).

Aquella final fue en miércoles (no como hoy en día que son en sábado), con lo cual mis hermanos tuvieron que pedir permiso en sus respectivos trabajos, y yo escaquearme unos días del colegio, ya que hubo que salir de Madrid el martes por la tarde y coger el tren de regreso a Madrid el jueves por la noche para llegar a casa el viernes. Actualmente, esto casi nadie lo haría, pero los viajes en avión en 1981 eran considerablemente más caros que los de tren.

Aunque ha pasado mucho tiempo, yo iba muy ilusionado a la final, casi satisfecho simplemente porque mi equipo había sido capaz de llegar hasta allí tras dolorosas eliminaciones en años anteriores como ante el Bayern en 1976 y, sobre todo, el año anterior, 1980, en la que, pese a haber batido en la ida de semifinales al Hamburgo de Keegan, Kaltz, Magath y Hrubesch por 2-0 (con el famoso marcaje de Pérez García al astro inglés, ex del Liverpool por cierto), fuimos literalmente barridos en e