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Dembélé es amor 

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Dembélé es amor 

Escrito por: La Galerna23 julio, 2020
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Buenos días, amigos. Ha llegado el momento de confesar que el equipo de portanalistas que cada día saca adelante esta sección no es un grupo homogéneo. Somos varios, aunque escribamos bajo la denominación común de La Galerna, y cada uno es de su padre y de su madre. Hay rencillas internas que suelen ser ahogadas con abundantes libaciones en cenas de grupo que son como esas barbacoas de conjura en las que los jugadores del Madrid y el Barça se reúnen para escenificar terapias de choque cuando las cosas van deportivamente como el culo. Ahí, en ese ambiente de cordialidad, se arreglan las cosas.

Las discrepancias en el seno del grupo, con todo, están a la orden del día. Algunos portanalistas son isquistas, mientras otros prefieren un océano de estiércol a un arroyo de miel, y fundan clubes provinciales de fans de Alfonso Ussía. Algunos portanalistas son ronceristas, mientras otros prefieren no tentar a la suerte. En cuanto a Raúl García, algunos portanalistas... Bueno, respecto a Raúl García sí podemos señalar que hay consenso absoluto. 

Un punto de desencuentro tradicional entre este portanalista que suscribe y otro de la cuadrilla es Dembélé

Ahí le tienen. Criaturita. Otro portanalista cuyo nombre no mencionaré (pero los portanalistas no tenemos nombre en cualquier caso) propende a la crueldad con este alma de Dios y los 150 milloncejos que costó al més que un club. A mí (los portanalistas no solemos personalizar de este modo pero en el día de hoy no hay más remedio) el pobre Dembélé no me inspira más que una inmensa ternura. Mi compañero de quehaceres, áspero e insensible, se permite llamarle siempre Vendélé, en ladina alusión a lo que la masa social culé solicita de Bartomeu que se haga después de tres años de lesiones, inoperancia general, goles fallados y siestas en aeropuertos. Hay que tener un corazón de piedra para recordar cosas tan desagradables al bueno de Ousmane. Ousmane. El propio nombre ya incita a quererle. Ousmane Dembélé. Repítanlo conmigo. Nada de Vendélé. Además, ¿a quién se lo vas a vender? 

Que sí. Que es verdad que Florentino se tendría que exiliar de España y buscar acomodo en las islas Pitcairn si llega a invertir 150 millones en un extremo derecho que le sale tan rotunda y bochornosamente rana como Ousmane. Pero esa, en todo caso, será razón para decir cosas feas a Bartomeu, no al protagonista de nuestra sección de hoy. Qué culpa tendrá el bueno de Ousmane de su proverbial narcolepsia e inexistente rendimiento deportivo, 150 millones arriba o abajo. 

Mírenle. Simplemente mírenle. Miren esa carita que solo pide a gritos un abrazo. Yo reniego de la impiedad de mi compañero de sección. Deteneos por un instante en la foto de Ousmane que Sport trae en portada, y reconoced conmigo que solo cabe desear achucharle, acariciarlo amorosamente y cantar a su oído el Pony boy de Bruce Springsteen, o cualquier otra nana de manual. Desde que le interrumpieron aquella cabezada de pijama, Padrenuestro y orinal en aquel inhóspito aeropuerto europeo, el pobre de Ousmane sufre de sueño atrasado. Se le ve en la caída de los párpados, si os fijáis. En mi caso, Ousmane no excita sino un instinto maternal que me mueve a desear protegerle, 150 millones arriba o abajo. 

Le quiero, dígase sin ambages. No en un sentido sexual, aclaro de inmediato, pues no en vano este portanalista está casado con una señora de Oviedo. Le quiero desde las entretelas de la conmiseración. Ved la expresión casi infantil que destila ese rostro infinitamente amable. Es como un osito de peluche o el protagonista de un adorable tebeo. Es -ya lo dejé caer en otro portanálisis anterior, deseoso de compensar los desalmados “vendélés” del otro, como uno de los protagonistas de Ice Age IV ó V, su dibujo tiene ese corte. To know him is to love him, que cantaba nuestra inolvidable Amy Winehouse, de cuyo fallecimiento se cumplen hoy nueve veranos. Quién puede no amar a Dembélé, aparte de cierto portanalista cuyo nombre (Andrés Torres) jamás mencionaré por no transgredir las normas sagradas de anonimato que acarrea el portanalismo, máxime cuando se es reo de suprema crueldad. 

Vencido de afecto por el (después de tres años) casi inédito delantero culé, he de despedirme ya. El resto de las portadas del día van del mayúsculo escándalo de los positivos por COVID del Fuenla (que en condiciones normales debería costar el puesto a Tebas) a Cristiano Ronaldo, que pasaba por allí. 

Disfrutadlas. Es un decir.