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Lennon: ese culé cargante

Lennon: ese culé cargante

Escrito por: John Falstaff22 diciembre, 2016
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(N. del E.: En las próximas fechas navideñas, el lector va a escuchar hasta la extenuación el clásico de John Lennon y Yoko Ono "Happy Xmas (War is over)", lo que hace especialmente oportuna la publicación de este artículo. El diario humorístico El Mundo Today publicó recientemente la noticia según la cual el ex-Beatle podría haber pronunciado unas palabras en catalán pocos segundos antes de expirar. Con escalofriante tino profético, unos días antes de la publicación de dicha noticia nuestro colaborador John Falstaff nos había ya enviado el siguiente texto, donde alertaba de la más que probable condición culé de Lennon).

 

En una  entrega de la serie Road to Cardiff, Jesús Bengoechea hacía referencia a John Lennon y citaba unos versos (?) de la célebre Imagine para ilustrar su frustración por los half terms escolares de Gran Bretaña. El artículo, a mayor abundamiento, venía acompañado de aquella famosa foto en la que Lennon aparece, en pijama y con ese aspecto tan suyo de Jesucristo pasado por la Revolución de Octubre, tocando la guitarra pero no a Yoko Ono, quien lo acompaña con su habitual cara de acelga en la cama del apartamento que compartían en Nueva York. A mí me sorprendió que el insigne editor de La Galerna invocara la figura de Lennon como compañero de viaje en este delicioso y blanquísimo trayecto a Cardiff que nos viene dibujando a pequeñas pinceladas. Ello me llevó a escribir un comentario en el que me permitía darle un consejo que nadie me había pedido: que se alejase de Lennon y de Imagine, egregios ejemplares de lo que representa el barcelonismo tramposo e hipócrita que no deja de llegar en asfixiantes oleadas.

Mi comentario originó un pequeño pero jugoso debate en la redacción de La Galerna. Bengoechea me recordó el artículo en que José María Faerna defendía el madridismo de los Beatles, a lo que yo opuse que, siendo los Beatles madridistas, en John Lennon siempre anidó un culé que no tardó en desplegar las alas tan pronto se vio liberado de las servidumbres que imponía su pertenencia al, para entonces, no muy bien avenido cuarteto. Otros miembros de la redacción, todos ellos mucho más versados en los Beatles que un servidor (digo esto sin el menor atisbo de ironía), se sumaron a la discusión y no faltó un querido compañero que señaló con cariño, diplomacia y es posible que hasta con razón, que lo que yo sostenía era "un puto disparate". Yo, qué le vamos a hacer, me mantuve en mis doce más una. Y como quiera que desde estas mismas páginas se me ha instado públicamente a hacerlo, me dispongo a explicar por qué.

Comencemos, pues, por el principio y recordemos lo que decía Número 1 en aquel artículo titulado Madridismo happy, allá por el mes de marzo: "Se acaba de morir George Martin, aquel caballero que supo antes que nadie que los Beatles iban a ser los Beatles. Cuando los vio por primera vez no le impresionó su sonido, sino algo más vago e indefinible, un talento infeccioso y vital que solo ellos tenían y que George cifraba en una palabra: joy, es decir, alegría, júbilo. Nadie discutirá esto: ha habido muchos grandes grupos, habrá muchos más, harán grandes canciones, pero ninguno será los Beatles. Somos los Beatles del fútbol, carajo. Como para no ser felices."

Atinadas palabras que, convendrán conmigo, me ahorran la mitad del trabajo. Porque si algo se desprende con claridad del texto transcrito es que Lennon jamás pudo ser madridista. ¿Acaso se atreverá alguien a sostener que el talento musical del Lennon post-Beatles era vital, alegre y jubiloso (concedámosle lo de infeccioso)? ¿Fue John Lennon alguna vez la alegría de la huerta? ¿O fue por el contrario un sujeto habitualmente malencarado, insufriblemente narcisista, fatuo y vanidoso, a la vez cursi y faltón, más bien cenizo y sobre todo cargante hasta la náusea? Efectivamente, querido lector. Yo pienso lo mismo y su vecino también, aunque mire para otro lado. Son exactamente las  razones esgrimidas con acierto por el mayor de los Faerna para tener a los Beatles por el doppelgänger musical del Real Madrid las que inhabilitan a Lennon como madridista de forma irrevocable.  Los Beatles fueron madridistas a fuerza de disfrutar de lo que hacían, hacerlo maravillosamente bien y no tomarse a sí mismos demasiado en serio. Lennon siempre fue Lennon, un pedorro convencido de haber nacido con la misión de salvarnos de nosotros mismos. O sea, un magnífico ejemplar de la ganadería Guardiola.

 

Y es que a Lennon nunca le bastó con ser sólo un músico, por más que fuera uno cuyo talento era admirado universalmente, del mismo modo que al Barcelona de Guardiola jamás le fueron suficientes los exagerados ditirambos sobre las excelencias de su fútbol convertido en ballet. No hará falta que recuerde que el Barcelona de Guardiola y de Xavi-"a humilde no me gana nadie"-Hernández no era sólo un equipo que jugaba al fútbol con mayor o menor acierto, sino que encarnaba el único fútbol posible y verdadero, de manera que cuando ellos perdían afirmaban sin ningún empacho ni rubor que era el fútbol quien lo había hecho. Y no satisfechos con ello, nos recordaban constantemente nuestra suerte por ser testigos de su advenimiento y así poder recibir sus enseñanzas sobre la importancia de la humildad y de los valores, que, como todo el mundo sabe, cuando son auténticos se pronuncian con inconfundible acento catalán.

Este buenismo cargante y profundamente vanidoso es también la seña de identidad de Lennon, quien no perdió una sola ocasión de presentarse como abanderado de causas supuestamente perdidas a la mayor gloria de su propio nombre. No me referiré aquí a sus simpatías por el IRA o a su condición de trotskista ("un revolucionario de eficacia limitada por estar constantemente bajo los efectos de narcóticos", según constaba, con humor probablemente involuntario, en los registros del FBI). La causa a la que se agarró Lennon para proyectar esa imagen buenista -bien que deslenguada- que agrandaba su figura y aumentaba su influencia pública al mismo tiempo que la venta de sus discos, fue la que mejor se presta a la demagogia sin escrúpulos: el pacifismo. Y así, a lomos de ese pacifismo que por supuesto jamás criticó las barrabasadas del comunismo, Lennon se convirtió en el apóstol universal de la paz con un innegable ingenio para construirse su propia imagen de enfant terrible de las causas justas. Un farsante en toda regla.

Todo cuanto Lennon hacía iba encaminado hacia lo mismo: llamar la atención y aparecer ante la opinión pública como un outsider, un agitador de conciencias desde el púlpito de autoridad moral al que no dudaba en encaramarse. Fotos en pijama con su pareja, encamadas por la paz, una obrilla de teatro sobre la masturbación grupal... no hubo tecla ni huevo que el bueno de Lennon dejara de tocar.

Pero nada representa mejor el guardiolismo de Lennon que la ya citada Imagine. Imagine es un ejercicio de onanismo buenista desvergonzado, de culto desaforado a la propia personalidad. Imagine es Guardiola diciéndonos en rueda de prensa, en una rueda de prensa que se repite una y otra vez año tras año, que él es sólo un chico humilde de un pequeño país, allí arriba, en las esquinita, que tiene unos valores y que intenta trasladar esos valores al fútbol por el bien de la Humanidad. Sólo que Lennon nos dice que es un soñador idealista y desprendido, y que el mundo sería mucho mejor si todos fuéramos como él. La cancioncilla, claro, no escapa de esa cursilería consustancial al guardiolismo ("gracias, chicos, por dejarme ser vuestro entrenador"). Antes al contrario, constituye un hito en la historia universal de tan noble disciplina, a la altura de la encíclica Laudatus si del cursilísimo Bergoglio, otro preclaro exponente del antimadridismo rampante, como ya tuve ocasión de explicar hace algún tiempo en estas páginas.

Habrá quien objete que, a diferencia de Guardiola, Lennon era insolente, procaz y descarado. Y tendrá razón. Lennon alternaba la profunda cursilería de todo progre cuando se pone a filosofar con tres clichés de un buenismo garrafón ("el Barça practica un fútbol de izquierdas"), con la desvergüenza y atrevimiento que le eran naturales y que se manifestaban cuando daba rienda suelta a su lado más salvaje (ese lado que, mientras fue encauzado por el resto de la banda, contribuyó al madridismo de ésta). Pero tampoco esa falta de educación arrogante y jactanciosa lo alejaba del barcelonismo. Todo seguía girando en torno a su figura, en torno a ese ego inmenso que requería de la constante adulación. Para Lennon, como para el Barcelona, el mundo era él mismo.

Los ejemplos sobran. Reparen, si no, en la conocida portada de aquel álbum en el que Lennon y su pareja nos regalaban un desnudo frontal mientras, esta vez sí, se daban tiernamente la mano. Uno podría pensar inicialmente que ese gesto tiene más de rojiblanco que de azulgrana, por cuanto hermana a su autor con un talludito atlético de pro, también músico y letrista, llamado Joaquín Sabina, quien protagonizó otro inopinado full monty para ilustrar la entrevista que le hiciera el suplemento dominical de un conocido diario madrileño años atrás. Bien es verdad que en este último caso la vista del desprevenido lector se dirigía sin remedio a una parte de la anatomía de Sabina que presentaba una longitud improbable, casi inverosímil. Me refiero, claro está, a las uñas de sus pies, las cuales parecían no haber conocido tijera en toda su existencia y se encorvaban, retorcidas y descuidadas, por delante de los dedos. Algún observador desavisado podría llegar a inferir que el autor del himno del Atleti tenía por hábitat natural las ramas de los árboles; otros, menos benevolentes pero tal vez mejor informados, acaso concluyeran que sólo la condición de atlético podría explicar que alguien se atreviera a hacer ostentación de semejante falta de aseo. 

En el caso de Lennon las uñas no llamaban la atención, como tampoco lo hacía el resto de lo que enseñaba. Pero la razón por la que se trata de un desnudo culé y no atlético no es el relativo mayor aseo de sus protagonistas, sino su significado. No se trata ya de una simple gamberrada de mal gusto, sino que estamos ante una mamarrachada movida por el afán irrefrenable de ser el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro. No es que uno haya de escandalizarse por un desnudo en virtud de un puritanismo trasnochado; de lo que se trata es de no confundir el culo -en este caso, los culos- con las témporas. Ese desnudo, que algunos ensalzarán como muestra de rebeldía e inconformismo, no es sino una zafia exaltación del yo. Es otra forma dar la nota, más chabacana y ordinaria que de costumbre, pero que ciertamente se adscribe por derecho propio en esa ilustre rama del barcelonismo liderada por el zascandil presidente in pectore del club, o sea por Piqué, que lo mismo escupe por la espalda a un directivo de la RFEF que hace pretendidas gracietas en Twitter a cuenta de un compañero o ensaya, travieso y juguetón, peinetas invertidas dedicadas a todos los españoles. Es la típica gamberrada de quien se cree gracioso e ignora que tiene la gracia en aquella parte de su anatomía que haría mejor en tapar.

Podría seguir, pero temo aburrirles más de la cuenta. Lennon fue un petardo insufrible que siempre se creyó el más listo y el más guapo de la fiesta, y que nos castigó sin piedad con su narcisismo charlatán y lenguaraz. Era, como el Barça, alguien que representaba el bien moral por el artículo 33 y al que había que idolatrar so pena de ser acusado de retrógrado, carca y mesetario. Pero no me malinterpreten, no tengo duda de que por lo demás Lennon era una bellísima persona. Es sólo que me habría gustado que se hubiera dedicado a dar el coñazo en alguna otra parte. En Marte, por ejemplo. O sea, como el Barça.

 

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En el prosaico mundo real me llaman Eduardo Ruiz, pero comprenderán ustedes que con ese nombre no se va a ninguna parte, así que sigan llamándome Falstaff si tienen a bien. Por lo demás, soy un hombre recto, cabal y circunspecto. O sea, un coñazo. Y ahora, si me disculpan, tengo otras cosas que hacer.

4 comentarios en: Lennon: ese culé cargante

  1. Descubro muy tarde este articulo, solo decir, que lo explica usted perfectamente. Y quería apuntar una anécdota, abundando mas en lo que cuenta, que en un avión, un asistente de vuelo (estoy contando esto de memoria, pero no creo desviarme mucho de lo que paso):

    Este empleado vio o le avisaron que había un par de personas en la parte delantera del avión, desnudas y teniendo sexo allí en medio. El empleado fue a llamarles la atención, y estos le largaron de forma violenta, con insultos y de todo, resultaron ser Lenon y Ono, nadie les toco un pelo claro, estaban por encima de todo el mundo.

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