Las mejores firmas madridistas del planeta

La portada

Escrito por: Angel Faerna26 mayo, 2016

Isaiah Berlin hizo célebre un proverbio de Arquíloco, poeta y guerrero griego: “el zorro sabe muchas cosas; el erizo, sólo una pero importante”. Desde entonces se ha utilizado con frecuencia para clasificar a los pensadores en dos grupos: los que son capaces de generar muchas ideas distintas, una para cada problema, y los que aplican a todos los problemas un mismo y feliz hallazgo. La clasificación tiene miga porque no es maniquea: según y cómo, uno puede admirar la ductilidad del zorro y despreciar la monotonía del erizo, o bien ensalzar la consistencia y economía de medios del erizo y afearle al zorro su insustancialidad y oportunismo.

Como el lector de La Galerna no se chupa el dedo, ya habrá adivinado que me propongo trasladar esta dicotomía zoológica al enfrentamiento del próximo sábado. Y como, además de no chuparse el dedo es exigente, no se va a conformar con la traslación más fácil; digamos, una que se le pudiera ocurrir a cualquiera de los que perpetran esos horrendos montajes que nuestros portanalistas desmontan luego con encomiable abnegación. Ya lo están viendo, ¿no? Foto del pequeño Modric en pleno avance ingrávido, venteando la jugada con el privilegiado apéndice que tiene entre los ojillos, y un “zorros” al pie en letras blancas. En paralelo, foto de Godín sacando codos y con esa cara de no-te-me-acerques que dios le ha dado, sobre la palabra “erizos” en caracteres rojiblancos. Y encabezando el díptico, ahora en patriótico rojo y gualda y con tipografía para asiduos del oculista, el titular que a buen seguro arrancará una lágrima de nostalgia a los crecidos con Torrebruno: ¡TODOS QUIEREN SER LOS CAMPEONES!

Y no es que la metáfora del zorro no le cuadre a la astucia de Luka, o a la de Karim (al que alguien muy especial confundió una vez con un gato doméstico), y no digamos a Gareth o Cristiano cuando irrumpen en el corral del área contraria sembrando el pánico entre las gallinas. Tampoco se puede negar que la forma de jugar del Atleti evoca la hosquedad del erizo hasta en las imaginaciones más secas. Tan obvia es la cosa que, en un mundo mejor en el que los portadistas deportivos se dedicaran a crear sinergias entre la cultura televisiva y el canon de la lírica griega arcaica, esa portada sería punto menos que inevitable. Pero aquí tenemos por sana costumbre poner a caldo al quiosco, no sólo por lo que hace con los mimbres que tiene sino por lo que seguiría haciendo aun cuando tuviera más (nunca hay que confundir la simpleza con la falta de barniz cultural, aunque si se dan juntas es para salir corriendo), y por ello denunciamos desde ya la falta de rigor —¿y van cuántas?— y el simplismo de esa atroz portada.

erizo zorro

Un intento algo más perspicaz sería el que emparejara al Atlético de Madrid con las habilidades zorrunas a través de la figura de su entrenador. Se dice de Simeone, supongo que con razón, que es único en el arte de la argucia, incluso de la argucia permitida por el reglamento. Reconozcamos que este señor no sólo sabe cómo poner dos balones en el campo para abortar contraataques; también estudia con sagacidad al rival para incorporar a la alineación algún detalle ad hoc que le chinche lo más posible, o trastea con el corazoncito de su afición, o emboba a la prensa con poses mansurronas perfectamente inverosímiles y premeditadas. Exteriormente, la estrategia de su equipo puede recordar la defensa pasiva del erizo, cerrándose sobre sí mismo y desplegando las púas, pero por dentro es pura zorrería hecha de pequeñas emboscadas, camuflajes sordos, mordiscos a traición y trapacerías a porrillo. Ahora miren a Zidane. ¿Qué ven? A un hombre con una única idea en la cabeza, simple, franca, transparente, un honrado erizo que se enrosca con naturalidad en el abrigo y te dice con la mejor de sus sonrisas: “tampoco tengo tanto mérito, ¿sabes? Yo hago lo mío y ya está”. Lo suyo, claro, requiere el temple y la confianza de quien, como buen erizo, es consciente de que le alcanza con ser él mismo para resolver cualquier problema sin necesidad de artimañas. Idéntica conclusión extraeríamos de un análisis comparativo entre Zizou y el Cholo en términos de gestión capilar: uno reafirma su calvicie con impoluto afeitado mientras que el otro la escamotea con ignominiosos afeites, pero en esto ya profundizó lo suficiente Número Tres el jueves pasado.

Sin embargo, ni aun la portada alternativa con imágenes de ambos técnicos y los pies de foto intercambiados sería de recibo. A ver, una Final de la Copa de Europa no es un careo de entrenadores, ni de estrategias, ni siquiera de plantillas. Por favor, portadistas, dejen esas pequeñeces para las eliminatorias si quieren, para las ligas, liguillas y copillas. Una Final de la Copa de Europa, da apuro tener que recordarlo, es una cita solemne con la historia a la que se presentan en persona los clubes que la juegan (y, dicho sea de paso, sólo ellos, por más que algún iluso crea que este año la va a jugar por delegación). Allí se comparece con todo lo que se tiene, se pone en juego todo lo que se es, se aspira a un honor que se adherirá a la entidad per se y que heredarán los que vengan como si fuera un título nobiliario. Hagan caso, no hace falta ser madridista para admitirlo, y sí muy antimadridista para negarlo. Así pues, pongan sólo los nombres de los equipos, o mejor, pongan sus escudos, y déjense de sinécdoques y metonimias, que la lujuria poética a veces les pierde.

Llegados a este punto, ¿quién debe ser el zorro, quién el erizo? Puesto en la tesitura, yo veo al Madrid más erináceo que vulpino, por la simple razón de que el choque del sábado sólo admite para mí una lectura posible en términos de entidades o clubes: uno defiende lo que por historia, alma y vocación es suyo, el otro aspira a birlárselo bonitamente en un descuido. Cara a cara en la pradera de Milán, el erizo se hará fuerte y le dirá al zorro: “soy el Real Madrid, así que ya sabes lo que va a ocurrir. Pero si quieres intentarlo, adelante, veamos de qué estás hecho”. Y el ladino zorro, movido por el ruido de siglos de sus tripas, fiará una vez más su suerte al ingenio y la treta para robar el botín. Así, sí: periodismo con fundamento, como debe ser, y sin maniqueísmos.

Ustedes dirán con razón que al final nos ha quedado una portada más inspirada en los amables apólogos de Esopo que en los viriles yambos de Arquíloco, pero no es culpa nuestra. Dicho sea sin ánimo de ofender, el guerrero poeta y yo habríamos preferido un choque a lo grande entre Real Madrid y Bayern (y Homero no digamos), un choque de “tigres” y “leones” como los que de verdad jaleaba Torrebruno desde la pequeña pantalla. Qué se le va a hacer, esta vez los dioses se han conjurado con las bolas calientes para restarle una pizca de tronío a la final, y de paso privar a los portadistas de una ocurrencia que ni La Galerna se habría atrevido a ridiculizar.

Número Dos

Ángel, el segundo de los Faerna, es profesor de universidad. Procura enseñar Filosofía sin hacer más daño del inevitable. Su especialidad, si acaso, es la epistemología y el pensamiento clásico norteamericano, extravagancia que compensa con una desmedida afición por los buenos arroces.

2 comentarios en: La portada

  1. Buenos días. A la prensa de este país le gustaría vernos como al zorro. Ese zorro inglés que acaba descuartizado por los perros en sus famosas cacerías.
    Pero afortunadamente y sobre todo en Copa de Europa, somos como la liebre mecánica de los canódromos. Todos los perros la persiguen para darle caza, pero al final siempre gana la liebre.

    Hala Madrid y nada más. VENCEREMOS.

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