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La metamorfosis de Xavi

La metamorfosis de Xavi

Escrito por: Angel Faerna21 febrero, 2018

La entrevista a Xavi Hernández para comentar el reciente Real Madrid-PSG ha tenido escaso eco en La Galerna, cosa fácil de entender. La foto del encabezamiento, con el protagonista en actitud de mosén dándole su bendición a la feligresía, solo nos puede producir urticaria a los réprobos madridistas. Y el titular al pie de la foto, “Leí que Cristiano fue mejor que Neymar; ¿qué hizo Cristiano?”, daba a entender que el entrevistado se había perdido el partido y buscaba informarse, lo que hace que el lector potencial, que más bien espera que la lectura le informe a él, pase de largo, ya sea madridista o simplemente no tenga palabras para explicarle a Xavi lo que Cristiano (una vez más) hizo.

Pero yo, de un tiempo a esta parte, sigo a este pequeño gran hombre con curiosidad de entomólogo. Hacía mucho que no daba con una fuente tan generosa de humor involuntario. Desde aquello de que el Real Madrid no tiene un equipo sino “un mix muy bueno”, no dejo pasar una declaración suya sin bañarla en alcohol, clavarle un alfiler y meterla en la vitrina. Gracias a esta manía mía fui de los pocos que leyeron la entrevista (o, al menos, de los que lo hicieron con genuino interés) y descubrieron que en realidad Xavi sí había visto el partido, y que además le había dejado perplejo. “Es inexplicable. El Madrid no juega, gana”. Aunque a primera vista la frase se reduce a una verdad evidente y solo un poco exagerada, o bien a una idiotez, y en ninguno de los dos casos me valdría para la colección, examinada más de cerca, como siempre hay que hacer con los insectos, despliega ante el ojo experto todo su poder hilarante.

ya no dejo pasar una declaración de xavi sin bañarla en alcohol, clavarle un alfiler y meterla en la vitrina

De entrada, produce un efecto parecido al de aquella historia de Tales de Mileto precipitándose en un pozo por ir por ahí de noche mirando embobado el firmamento, para regocijo de su criada, que tuvo que sacar al vejete del agujero (a Número Tres le encantará saber que la historia de la filosofía y la del cine arrancaron por idéntico punto, el slapstick). Hans Blumenberg dedicó todo un ensayo a aquel remoto incidente, La risa de la muchacha tracia: una protohistoria de la teoría, que nos confronta con “la rareza del espectador nocturno del mundo y su choque con la realidad, que se refleja en la risa de la espectadora del espectador”. Leyendo la frase de Xavi me sentí por un momento muchacho tracio.

Por etimología, teórico es el que contempla, el espectador, es decir, un bicho raro. Hay algo de profundamente ridículo en los humanos esfuerzos de hacer teoría, sobre todo a la vista de lo que te pagan por ello. Porque todas las teorías acaban igual, en el fondo de un pozo o en el cubo de la basura, incluidas las mejores. Pero hay una forma de minimizar daños si tienes algo de bicho raro y te sigue gustando explicar las cosas a pesar de todo: sé humilde ante los hechos singulares y deja que ellos vayan corrigiendo tu teoría general. Como bien dice Blumenberg, “la ciencia [...] se ha construido caparazones que impiden el choque con el mundo exterior de la singularidad”, aunque habría dicho mejor si se hubiera referido solo a la mala ciencia. A juzgar por lo coriáceo de su caparazón teórico, a Xavi habría que ponerlo en la urna de los coleópteros, que son bichos raros pero también muy malos científicos. El mundo, la realidad, la singularidad, rebotan en la teoría javierana del fútbol como en un chaleco antibalas. El resultado, por supuesto, es que la teoría es tan indestructible como impotente. Si tu teoría no puede explicar algo tan poco singular ya como el romance del Madrid con la victoria, ¿no es hora de ir cambiándola? Si un club gana más y mejor que nadie a un juego que sin embargo no practica correctamente, ¿quién es realmente el equivocado, el Real Madrid o Xavi Hernández? Ser obcecado no es en sí mismo gracioso, el toque cómico procede aquí de un asombro que viaja en dirección contraria, como en el viejo chiste del conductor suicida.

Xavi, como Tales, se asombra ante el espectáculo de las estrellas, pero el milesio al menos fue capaz de traducir su asombro en una teoría que predecía eclipses. De ahí que, en la anécdota del pozo, la arrogancia caiga del lado de la criada, no del sabio. Pero para Xavi el PSG era favorito, y considera que el Real Madrid ganó injustamente: “Fue un partido que debería haber terminado en 1-1, 2-2 o 1-2 para el PSG”. En efecto, así debió terminar para que Xavi hubiera podido explicarlo. Lo que no se explica, entonces, es que él siga dando entrevistas teorizando sobre cómo se debe jugar al fútbol.

De todos modos, lo peor de la teoría javierana no es que no funcione, con ser este un grave defecto en una teoría. Puedes observar bien y explicar mal, nos pasa a todos. El verdadero problema de Xavi Hernández es que no sabe en qué hay que fijarse. Según él, “no hay que centrarse solo en el marcador, sino que hay que analizar el contenido propuesto por ambos equipos”. Eso es verdad, siempre y cuando “el contenido propuesto” tienda a reflejarse en el marcador, porque si no sería más inteligente proponer otro. Pues bien, hasta un insolvente del fútbol como yo sabe cuál es su “propuesta”: acaparar el balón y escondérselo al rival. No rebusquen en la hemeroteca, no encontrarán ni una idea más en el catecismo de Xavi. Eso es lo que él hacía en el campo, y de maravilla, pero el fútbol es un juego de equipo, y si todo el equipo funciona con esa solitaria idea, algunos nos aburrimos. Piensa Xavi que el gol, o al menos el gol “justo”, es solo el que resulta de ese elaborado monólogo, y lo piensa con la autoridad que le conceden los títulos que ha ganado el Barcelona exprimiendo su receta. Pero eso es apelar al marcador, digo yo. Y ahí es donde sorprende que Xavi, con tantos años como ha jugado en el Barcelona, no se haya fijado nunca en que tenía al lado a Messi.

Gregorio Samsa se dio cuenta de que se había convertido en un escarabajo nada más despertarse. Xavi ya está tardando demasiado.

Número Dos

Ángel, el segundo de los Faerna, es profesor de universidad. Procura enseñar Filosofía sin hacer más daño del inevitable. Su especialidad, si acaso, es la epistemología y el pensamiento clásico norteamericano, extravagancia que compensa con una desmedida afición por los buenos arroces.

7 comentarios en: La metamorfosis de Xavi

  1. Me repito, pero el artículo versa sobre el mismo orate: Lo peor de todo es que la gente no entiende que tanto Pep como sobre todo Xavi, no dicen lo que de verdad piensan. Su fundamentalismo no es sincero, es parte de una continuada campaña, cínica y premeditada de propaganda que establezca un tablero de debate con conlleve el siguiente argumento circular: sólo hay una manera de jugar que legitime el resultado, sólo hay un equipo relevante y competitivo que juegue de esa manera, por lo que sólo hay unas victorias que cuenten: las nuestras. Pensemos que Xavi no ha hecho elogio alguno de jugadores 100% supuestamente acordes con su religión llamados Isco, Ozil, Kroos o Modric. Busquen su condición común. Piensen que desde que Xabi Alonso fichó por el Madrid, se cerró cualquier atisbo de elogio por parte de Guardiola y sobre todo Xavi, que antes babeaban por las esquinas, pero que misteriosamente el jugador que no merecía consideración fue fichado para debutar a las 48 horas por el Profeta. Cualquier madridista que se tome en serio una entevista con Xavi es básicamente un engañado.

    1. Estoy de acuerdo. Para Xavi, el discurso es puramente táctico, utilitario. Porque hay que reconocerle el haber comprendido perfectamente que la batalla entre el Madrid y el Barcelona no acaba sobre el terreno de juego, y que cualquier ocasión (incluso desde un lugar teóricamente neutral, como la Selección) es buena para continuarla.