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La Liga de Sergio Ramos

La Liga de Sergio Ramos

Escrito por: Antonino De Mora14 marzo, 2017
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La Navidad del año 2006 fue especialmente dura para los hogares madridistas de España y del resto del mundo. El equipo, aquel año entrenador por Fabio Capello, acababa de terminar la primera vuelta perdiendo en casa por 0-3 contra el Recreativo de Huelva y acudía desesperado al mercado de invierno para reforzarse e intentar remontar el vuelo. En ese instante, el Real Madrid era cuarto en el campeonato y sus aspiraciones de ganar habían quedado relegadas al ostracismo absoluto. Fue el año de la llegada de Higuaín, Gago y Marcelo, la temporada de la peineta de Capello a la grada, la misma a donde mandó a Beckham durante meses para luego repescarlo y ser pieza fundamental en la consecución del título (a Ronaldo Nazario lo facturó al Milan) . La temporada del Tamudazo, del declive del Barça de Ronaldinho y el bajón de Raúl, un año de bendita locura que terminó con el trofeo en el Bernabéu cuando parecía imposible, como tantas veces ocurrió antes y tantas conseguirá después el único equipo de la historia que siempre se crece cuando peor están las cosas.

Uno echa la vista atrás y es difícil evadirse de aquella penúltima jornada en la que el Madrid remontaba en Zaragoza a la vez que Raúl Tamudo empataba en el Camp Nou. Es la imagen que siempre queda en la cabeza, que prevalece sobre las demás. Sin embargo, esa liga sufrida, trabajada, polémica y tan irreal que parece un cuento de hadas tuvo dos actores principales que muchas veces uno se olvida de nombrar, pero que fueron los que sostuvieron, cada uno desde su posición, al equipo de principio a final: Ruud Van Nistelrooy e Iker Casillas.

El primero terminó como máximo goleador del campeonato con veinticinco goles y el segundo fue absolutamente decisivo en un equipo que a pesar de estar diseñado para conseguir el equilibrio defensivo, se partía en dos en cada jugada en la que no tenía el balón. Para mí fue una de las gestas más grandes que recuerdo: ganar una liga con un centro del campo formado por Diarrá y Emerson, con Ramos de lateral, el Bernabéu en contra, la plantilla al borde del guerracivilismo pero con un delantero centro y un portero al cien por cien. Una auténtica proeza que creí que no volvería a ver. Creí.

Ganar aquella Liga fue una de las gestas más grandes que recuerdo

Porque si aquella liga la ganaron entre dos, ésta parece que va a tener un solo protagonista. Si aquella fue convulsa, tremebunda, irregular y bicéfala ésta parece que sólo tiene una cabeza visible, un héroe que renace de las llamas y sale a resurgir cuando más hace falta. La liga del Tamudazo, la de Ruud e Iker, será estudiada en próximas generaciones junto a la que, Dios mediante, se ha empecinado en ganar él solito don Sergio Ramos García.

Ni un Cristiano lejos de su mejor estado de forma, ni un Benzema alicaído o un Bale renqueante; el destino ha querido que ésta sea la liga de Ramos. La liga de la pasión, del pundonor y de la testosterona que desprende ese sevillano que nunca se rinde, que cree hasta el final, que simboliza mejor que nadie lo que es el Real Madrid. Cuanto más espeso se vuelve el juego, más aparece él; cuanto más difícil parece la gesta, más se ofrece, más sube, más veces busca el gol. Nadie ha dado más al Real Madrid en el último lustro que la cabeza salvadora de ese capitán de Camas que jamás se da por vencido.

Parece que dos Copas de Europa es poco para él, que eso de haber ganado una liga en los últimos ocho años ya lo tiene más que cansado. A Ramos se le ha metido entre ceja y ceja que este torneo tiene que ser suyo y yo, si tuviera que enfrentarme a él, me iría planteando seriamente que así será, porque si algo sabe todo el mundo es que cuando Sergio se encabezona (nunca mejor dicho) con algo, nada ni nadie se lo puede arrebatar.

Quedan muchos puntos por delante, partidos complicados y fiestas de guardar; pero esta liga de dos súper potencias en constante choque, en permanente colisión, crisis y vuelta a resurgir, esta liga donde tanto Madrid como Barça mueren un día para resucitar al siguiente, puede y debe caer en manos blancas por una sencilla razón: porque tenemos a un tipo que cuando todo parece perdido te vuelve a insuflar aire en los pulmones y te da el chorro de vida que te hace volver a respirar, volver a creer y, sobre todo, volver a vencer.

Antes de nacer yo ya era del Real Madrid. Y habiendo visto jugar a Raúl, Ronaldo, Figo, Zidane, Cristiano y compañía, no entiendo cómo puede haber gente que no lo sea. Es, parafraseando a un grande, "como renunciar voluntariamente a la felicidad".

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