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La lección del hombre centrado

La lección del hombre centrado

Escrito por: José Anguita20 noviembre, 2017
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Anoche puse la televisión para saber qué había pasado en el derbi, que no había visto pero de cuyo resultado ya me había informado. El resumen mostraba la esperada sucesión de penaltis no pitados de cada fin de semana, más algunas entradas escalofriantes y otras acciones viles que me pillaron más desprevenido. A pesar de que esta temporada las cosas del fútbol me vienen resultando poco menos que indiferentes, esos cinco o diez minutos de imágenes como el balonazo de Correa a la cabeza de Benzema, la entrada de Savic a Kroos sobre la pierna de apoyo o la patada de Lucas Hernández a la nariz de Ramos, consiguieron que volviera de mi despego.

Vistas las imágenes desde planos alejados, surgieron de mi boca las primeras expresiones de sorpresa indignada. Contempladas después en medios y primeros planos, los exabruptos brotaron ya en forma de cascada, in crescendo según se sucedían las repeticiones, por ir descubriendo nuevos detalles. Entre ellas, me percutió especialmente la imagen del árbitro acercándose parsimoniosamente, casi bostezando, al lugar en que Sergio se desangraba en el suelo, mientras él centraba lo mejor de su atención en algo infinitamente más importante relacionado con su reloj: calcular el tiempo que se estaba perdiendo, o darle cuerda, vaya usted a saber. En ese momento el tono de mi voz ya se había alzado lo suficiente como para atraer la atención de mi mujer, que vino a recordarme que los niños estaban durmiendo. Fue entonces cuando reparé en que estaba perdiendo los papeles, y me alegré de que mis hijos no estuvieran allí incrementando su acervo de tacos y palabrotas, del que en mi entorno se me hace principal responsable, con alguna razón. Fue ese un instante de inflexión, que predispuso mi ánimo para lo que iba a venir a continuación, aunque todavía no lo supiera.

Llegó el tiempo de la rueda de prensa. Reconozco que mi interés estaba sobre todo en escuchar al entrenador explayarse sobre violencia y prevaricación. Necesitaba que mi afligido corazón recibiera un bálsamo de excusas y victimismo, aunque fuera en dosis mínima y sin perder las formas. Aunque sabía para mis adentros que esto no iba a ocurrir, no perdía la esperanza de que Zidane se hiciera portavoz de mi estado de ánimo. Por suerte, esto no ocurrió. Todo lo contrario, aparte de una lección moral, Zidane me ofreció en esa rueda de prensa una imagen que llevaba un tiempo buscando, y que para mí no tiene precio: la del hombre centrado.

en sala de prensa, zidane ofreció la imagen de un hombre centrado

Supongo que tendré que explicarme. Hace un par de años, estaba yo leyendo esa joya titulada la Consolación de la Filosofía, obra que ofrece una sintética pero completa visión del hombre y el mundo de acuerdo a las mejores lecciones de la filosofía antigua, y que, por lo que es y por las condiciones en que fue escrita, hace de su autor, Manlio Severino Boecio un precursor del espíritu madridista. Pues bien, en la Consolación (Libro IV, Prosa VI) se ofrecen sendas definiciones de Providencia y Destino, que son dos cosas distintas aunque relacionadas entre sí: la primera es el plan divino del universo, un esquema simple, invariable e inamovible como el centro de una esfera. El segundo es su desarrollo en el tiempo, complejo, disperso, en continuo movimiento y cambiante, una red de causas y efectos más tupida cuanto más alejada del centro. Lógicamente, “cuanto más se aleja un ser –dice Boecio– de la inteligencia suprema (que ocupa el centro), más atrapado se ve en las redes del destino. Por el contrario, cuanto más se acerca a ella, tanto más libre se ve de este”. Estas palabras se me quedaron grabadas, pero sin imágenes vivas que las acompañaran.

Y ahí fue cuando, viendo a Zidane en la tele, en un marco tan rutinario y poco prometedor como una rueda de prensa postpartido, encontré una imagen real para la argumentación dialéctica de Boecio sobre Prouidentia y Fatum. Zidane, envolviendo en frases de apariencia titubeante y repetitiva mensajes duros y transparentes como el diamante, sin resquicios para el victimismo y perfectos de autoconfianza sin fisuras, se me figuró en ese momento como el hombre centrado en una verdad muy simple que implica un deber muy simple, pero cuyo cumplimiento le hace invencible. Por el contrario, el destino que acecha momentáneamente al Real Madrid es una compleja red tejida de trampas como los lloriqueos de Simeone, las designaciones de Sánchez Arminio, las decisiones de Borbalán, las preguntas insidiosas de los reporteros o los editoriales más insidiosos todavía de Relaño, entre otras muchas cosas, claro.

Entendida la lección, intenté centrarme también yo. Y di gracias, una vez más, por ser del Real Madrid.

Madridista de provincias. Busca antecedentes del madridismo en el pasado remoto.

10 comentarios en: La lección del hombre centrado

  1. A la lista de acciones infames que señala en su primer párrafo, yo añadiría una. Es una jugada en la banda derecha del ataque del Madrid, en la que Carvajal recibe un