Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
La foto rara: 2.JAS

La foto rara: 2.JAS

Escrito por: Mario De Las Heras26 agosto, 2017
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

 

Esta fotografía me persigue, nos persigue aquí en La Galerna. Hasta el sorteo de la Copa de Europa nos daba igual una vez topamos con ella. Es como aquello de Algo pasa con Mary: ¿cómo pueden estar los platillos encima de la flauta?

Olvídense de Florentino y de la joven. No es difícil. Son tan inquietantes los alrededores que mientras escribo siento escalofríos. Es una psicoinstantánea. Una captura terrorífica. Hay un espectro allí. Y un ojo. El ojo pertenece a José Ángel Sánchez. Es un ojo de pantocrátor. Te mira estés donde estés. Te vigila, te protege, te ficha.

Luego hay otros dos ojos. No de pantocrátor. No sabría decir si son dos ojos beodos o libidinosos. O dos ojos atentos y templados. Son los de Francesc, el espectro. Francesc Aguilar, de Mundo Deportivo, aparece ahí como en una especie de infiltración campechana entre la cúpula madridista. Es como un espía rural, de película de Ozores. He llegado a pensar que es una figura de cartón puesta allí para hacerse fotos a su lado, pero no: es como El topo de Le Carré vestido de turista de Las Bahamas y rodeado de un halo fantasmal y a la vez terriblemente físico, de la tierra, payés, sólido. Es ese espía secundario, héroe anónimo, el antónimo de James Bond (Jaume Bon, en catalán), su amigo inseparable, ese que aparece siempre que se le necesita. Parece creer que nadie se ha dado cuenta de su presencia aunque tampoco las tiene todas consigo. Es perro viejo, y es evidente que todo el mundo sabe que está allí. Sobre todo el pantocrátor, que se acerca despacio para interceptarle.

El ojo del pantocrátor ha emitido su sentencia y el tiempo de Francesc parece efímero. Algo está a punto de desencadenarse. La joven no está fotografiando a Florentino. Está fotografiando a Francesc por orden de éste. Pero Francesc mira a otro lado. Está nervioso aunque no lo parezca gracias a su ensayada postura de nervios de acero. En ese ejemplar de L'Equipe con el nombre de Mbappe que sostiene en su mano Francesc oculta algo, quizá el arma de emergencia. Quizá una tabla de surf voladora y desplegable con los colores del Barsa.

Está estratégicamente posicionado al lado del baño de señoras. Es un maestro de la evasión, del subterfugio.

Tiene los bolsillos de la chaqueta llenos de canapés sustraídos recientemente, pero en su mano derecha, oculta tras la figura de Florentino, ya está aproximando los dedos al mecanismo que hará que todos caigan al suelo (y así utilizarlos como defensa resbaladiza) en caso de tener que salir por piernas. Lo veo reptando por las paredes como Spiderman en una imagen insólita, ocultándose entre la gente como Jason Bourne. Francesc es así. Inquietante y a la vez sereno. Sofisticado y al mismo tiempo de pueblo. Pero yo no creo que a José Ángel Sánchez (ni a su ojo de pantocrátor) se le pueda escapar. Ni a Florentino. Al Madrid ahora mismo no se le escapa nada. Ni siquiera Francesc. Ni siquiera la joven que en realidad es una agente especial entrenada en Valdebebas en el arte del falso selfie y cuya cámara no está captando su rostro junto al de Florentino sino esta misma foto delatora que mostramos (en la lente izquierda de las gafas de Francesc se aprecia de hecho el chispazo del flash del móvil de la seductora dama, la Matahari de Concha Espina):

Yo ahora creo que Francesc desearía no haberse metido en esta. Está rodeado y a punto de reaccionar como un resorte, una cosa maquinal, un torbellino, pero de nada le servirá. Lo veo alejándose hacia el más allá, como Neymar, como Bellerín, como Verratti... igual que los demonios de Ghost se llevaban a los malvados.