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La final simulada, la final Real

La final simulada, la final Real

Escrito por: Oier Fano21 junio, 2020
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El pasado febrero, horas antes de los cuartos de final coperos, escribí en La Galerna la Crónica de una muerte anunciada. La del Real Madrid en el trofeo del k.o ante la Real Sociedad. Me persigue una merecida fama de gafe en cuestión de pronósticos deportivos, pero la clavé y me reivindico. Se juntaron varios factores, el momento de forma de la Real, la sensación de que el Real Madrid no iba a salir con sus mejores galas, los espacios que deja el club blanco entre líneas, el énfasis del club txuri urdin, por primera vez en décadas, en la competición, y el momento de Aleksander Isak y Martin Ødegaard, la conexión escandinava que tantas alegrías nos ha dado. Dicho y hecho. La Real aplastó al club blanco, si bien el gen competitivo de los del Santiago Bernabéu hizo creer en la remontada hasta el último instante (3-4).

En esta ocasión, me atrevo a pronosticar otra victoria donostiarra. Tras una temporada excelsa —la Real era cuarta antes del confinamiento, con billete para jugar la final de Copa—, el tren de los de Imanol de Alguacil empieza a tambalearse y muchos temen un descarrilamiento. Hace una semana hablábamos de Champions y hoy se duda sobre la opción de quedar en el top 6. Un punto de seis ante Osasuna y Alavés, y, sobre todo, las malas sensaciones y la desaparición del patrón de juego, ha hecho saltar las alarmas en San Sebastián. El faro de Drammen, Martin Ødegaard, no entra en juego y, lo peor, muestra una imprecisión alarmante con el balón en los pies. El noruego, que ha brillado en el último pase y en el balón parado, parece un pálido reflejo de lo que fue alguna vez.

Pero este club es capaz de lo mejor y de lo peor. Y tras amago de descarrilamiento, casi de forma axiomática, la Real siempre saca lo mejor de sí. Tengo la sensación de que la Real ha marcado en rojo este partido. La amarilla de Mikel Merino ante Osasuna que fue la quinta y acarreó suspensión. La suplencia de Nacho Monreal, el descanso de Aleksander Isak en esta reanudación. Son solo suspicacias mías, pero creo que la Real sabe que una victoria ante el Real Madrid tiene más valor que incluso haber logrado seis puntos ante Osasuna y Alavés.

Porque no nos engañemos. Estos partidos son teloneros del gran concierto, la final de Copa. Si la Real gana la Copa, no importa quedar décimos en esta liga. Todo dará igual. La Real no tiene muchas oportunidades de ganar títulos y no juega una final desde hace tres décadas. Pero es que, además, jugará contra el eterno rival, el Athletic Club, por lo que no habrá medias tintas. Ganar es gloria para décadas. Perder conduce a una depresión sempiterna.

Y la gran duda no es si la Real tiene mejor equipo que el Athletic. Nadie duda de eso, el que lo haga, miente u, oda a la autosugestión, se miente. Hace poco coincidí en una terraza con un futbolista del Athletic, y me confesaba que son conscientes del mayor potencial de los donostiarras, admitiendo que les favorecía un aplazamiento de la final, porque nadie garantiza la continuidad de los diferenciales guipuzcoanos, esto es, Mikel Merino, Martin Ødegaard, Aleksander Isak o Mikel Oyarzabal. Viendo cómo está el panorama, yo creo que seguirán los cuatro, pero la argumentación del futbolista del Athletic tenía un pase. Sin embargo, el Athletic sí ha jugado muchas finales en la última década, y no queda claro si la Real sabrá soportar la presión mejor que su Némesis.

Como banco de pruebas, el partido contra el Real Madrid es perfecto. Los blancos, en un momento excelente de forma, dependen de sí mismos y la Real va a medir su capacidad para romper pronósticos. Para el Real Madrid, es probablemente el partido más complicado que le separa de levantar el trofeo que merece, la Liga. Ha sido el mejor y solo sus propios despistes le pueden apartar del título. Para la Real, como decía, es una final virtual. El sparring perfecto. Si no acierto, si la Real no gana, quizás el drama por los malos resultados crezca a ambos lados del río Urumea, pero, como digo, ante una final de Copa, la liga, clasificarse para Europa, etcétera, son alpiste, premios menores, objetivos triviales en la comparación.

Cimento mi pronóstico en Imanol Alguacil. El técnico oriotarra ha dirigido a la Real en cuatro ocasiones contra el Real Madrid. Una de ellas, la de su debut. Tres de los cuatro choques se han saldado con victoria donostiarra —existe una corriente típicamente absurda en redes sociales que dice que la Real es un filial del Real Madrid y no da el máximo contra los blancos. El máximo supongo que hubiese significado ganar 4 de 4. O incluso 5 de 4—.

Imanol es el entrenador perfecto para la Real. Creció en el fútbol de los 90, un fútbol sin tanta estupidez como la que vive el actual. Pero conoce los egos y circunstancias de los vestuarios modernos. Es un gestor formidable. No pone excusas tras derrota, sabe leer los partidos, es valiente al apostar por los jóvenes y entiende, mejor que nadie, lo que es la Real Sociedad. Se equivoca como todos, pero yo quiero a Imanol en la Real veinte años si puede ser.

 

Mikel Merino, dueño y señor

¿Qué puede esperar el Real Madrid en Anoeta?, se preguntarán los aficionados blancos. Un centro del campo donostiarra mandón. Un valladar en el juego aéreo como Mikel Merino, y un Aleksander Isak de inicio con ganas de destrozar líneas con su velocidad y verticalidad. Presión, mucha presión, concentración y jugadores que van a morder para conseguir algo más importante que los tres puntos. Confianza. Confianza en que entrando seguros y centrados al campo, le pueden ganar al mejor equipo de la liga cuando éste se juega el título.

¿Y qué pasará con Martin Ødegaard al terminar la temporada?, querrán también saber. De eso podemos hablar en verano, pero yo creo que la continuidad del noruego depende de si el club de Chamartín levanta el trofeo o no. Nadie en Madrid entendería que el club blanco no repesque, gratis, a uno de los cinco mejores futbolistas de la temporada, en un contexto pandémico de presupuestos exiguos. Y especialmente cuando las dudas del entorno del futbolista noruego giran en torno a las oportunidades de las que dispondría. Queda claro que el calendario post Covid va a precisar de plantillas largas y de jugadores físicos, y él lo es. Ahora bien, si el Real Madrid se corona como campeón, quizás no busque fuera a la plantilla que le ha dado la gloria. Conjeturas, lo sé, pero admitirán que tiene un pase.

De lo que nadie duda es de que estamos ante el partido más espectacular de este desenlace acelerado de Liga. ¡A disfrutar!

 

Fotografías Getty Images.