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La fe de Zidane

La fe de Zidane

Escrito por: John Falstaff28 mayo, 2018
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Si la derrota no fuera una posibilidad, no sería tan dulce la victoria. Es la dificultad, la incertidumbre y -¿por qué no decirlo?- el miedo al fracaso lo que pone a prueba a los grandes. Cuando uno quiere ganar títulos sin demasiados sobresaltos juega la Copa de Cataluña. Pero si lo que pretende es alcanzar la gloria que sólo está reservada a los mejores, ha de saber que el camino que conduce a ella está llena de obstáculos, de duras batallas contra adversarios formidables y tan sedientos de éxito como uno mismo. Y sobre todo, uno ha de tener presente que deberá hacer frente al enemigo más temible: la inseguridad, las dudas propias, el sudor frío que produce la contemplación del espectro de la muerte, que no otra cosa es la derrota cuando uno tiene la eternidad al alcance de la mano. Sólo los más fuertes, los elegidos, los tocados con el sello inconfundible de la grandeza son capaces de sostenerle la mirada al destino. Y es que no importa cuán grande sea la multitud que te acompaña y te jalea: como bien saben los toreros, el paseíllo que precede a la victoria o al fracaso se hace siempre en la más absoluta soledad, sin más compañía que las mariposillas que revolotean en el estómago agarrotado.

si la derrota no fuera una posibilidad, no sería tan dulce la victoria

Ningún equipo del mundo tiene la fe en sí mismo que tiene este Real Madrid. Es una fe visible, casi aprehensible, que se manifiesta inconfundible en la mirada de los nuestros aun cuando peor se ponen las cosas. Una fe que nace de la figura homérica y estilizada de Zidane en la banda, sin descomponer nunca el ademán, conocedor de que uno nunca puede estar seguro del resultado final de una batalla, pero siempre puede elegir librarla con el convencimiento de ganarla o con el miedo a perderla. La misma fe que hizo estirar el pie a Benzema para convertir en gol un lance intrascendente, inaugurando así una variante novedosa de su magia. La fe por la que Karim siempre ha sabido sin saberlo que, desde que el mundo es mundo, el Espíritu Santo juega de blanco y con el nueve a la espalda. La fe que llevó a Bale a intentar una chilena imposible, de proporciones colosales, un gigante elevándose en las alturas y golpeando el balón en la estratosfera para alcanzar la infinidad del universo bajo el larguero de la portería del Liverpool. La fe que le empujó a intentar nuevamente el gol, ahora con un disparo interminable, golpeando el balón antes de salir del hotel y otorgándole el efecto asombroso de ganar velocidad y potencia a medida que se acercaba a su destino, convertido ya en un obús imposible de detener por las manos de Karius. Unas manos temblorosas, sí, acaso porque intuían que lo que se les venía encima no era un balón de fútbol sino la fuerza imparable del Real Madrid acudiendo a la llamada del destino. Y es que, no por casualidad, ese disparo procedía de la bota izquierda de Bale, quien probablemente sea la encarnación más acabada de madridismo que hemos visto en décadas.

Sí, la derrota era una posibilidad, y enfrente estaba el Liverpool con sus cinco Copas de Europa, un equipo que también mira siempre de frente al destino, un nombre legendario y un rival imponente que nos hizo sufrir en la primera parte y supo rehacerse admirablemente tras el primer golpe. Un adversario digno de nuestra historia y de nuestra grandeza dirigido por un gran entrenador con nombre de barón de opereta vienesa y alma de madridista. Pero hoy por hoy no hay equipo que resista la fe del Real Madrid, que es la fe de Zidane. Perseveremos en esa fe: nos va en ello la dulce embriaguez de la victoria, esa absoluta felicidad que obra el milagro de convertir el sufrimiento en gloria. El año que viene tenemos una nueva cita con la eternidad.

En el prosaico mundo real me llaman Eduardo Ruiz, pero comprenderán ustedes que con ese nombre no se va a ninguna parte, así que sigan llamándome Falstaff si tienen a bien. Por lo demás, soy un hombre recto, cabal y circunspecto. O sea, un coñazo. Y ahora, si me disculpan, tengo otras cosas que hacer.