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La fe de Keylor

La fe de Keylor

Escrito por: Fred Gwynne3 mayo, 2018
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A mi mujer siempre le pillan los partidos del Madrid corrigiendo exámenes de la E.S.O. No sé si es una casualidad o es que busca ese momento para corregir y no oírme. Tenemos dos sofás iguales, comprados en Ikea y tuneados por mi madre con una tela patchwork antes de ganar la Décima.

Mi mujer siempre se sienta en el más cercano a la ventana y yo en el otro, el que está al lado de la puerta. Desde ahí es más fácil salir corriendo a cambiarme de calzoncillos si el partido se complica. Mi sofá, marcado por estas últimas Copas de Europa, necesita un tapicero o un cambio urgente, aunque de momento aguanta. Es como algunos jugadores del Madrid a los que les buscamos recambios pero siguen siendo tan confortables que no nos atrevemos a dar el paso. Yo no tengo un Chester, tengo un Benzema.

Entre examen y examen, cuando escucha alguno de mis improperios, levanta la cabeza unos segundos, mira la tele, la baja, suspira, quita el capuchón al bic rojo más temido por sus alumnos, corrige alguna barbaridad y continúa leyendo.

Igual que yo me desahogo hablando de algún jugador o del árbitro, ella se desahoga hablando de sus alumnos. Son desahogos paralelos. A veces se cruzan pero no llegan a tocarse.

- ¡JOOOOODER CRIS! ¡SOLO, JODER, SOLO! ¡ESA HAY QUE METERLA!

- ¡LORCA, GALLEGO! ¡CÓMO VA A SER LORCA GALLEGO!

Ella busca mi comprensión y yo la suya. Hay partidos en los que los nervios crean según la asignatura que esté corrigiendo alineaciones inéditas, onces que no se volverán a repetir: Keylor, Complemento Directo, Rosalía de Castro, Carvajal, Ramos, Sintagma, Atributo, Modric, Lorca, Espronceda y Circunstancial.

Si el partido es tan tenso como el del martes, llega un momento en el que ya no sé ni lo que digo:

- ESPRONCEDA, ¡ME CAGO EN LA PUTA! ¡CÓMO PUEDES FALLAR ESO!

En el partido contra el Bayern, en uno de los infinitos milagros que protagonizó Keylor Navas, mi mujer se levantó del sofá, vino hasta el mío, me dio un beso y me dijo al oído: "Esa la ha parado Dios".

Ahí me desarmó, lo reconozco. Sabía que lo estaba pasando mal (el que estuviese mordiendo el sofá no dejaba lugar a dudas) e intentó apoyarme. Ella es así, desprendida, capaz de abandonar entre círculos rojos a un asustado Machado para venir a consolarme.

Sabe que ver a Keylor rezando cada inicio de partido es ver la fe. Y no hay nada más madridista que esa... esa… (esperen un momento que se lo pregunto):

- Cariño, ¿qué es la fe?

- ¿La fe?

- Sí, la fe, que qué es, así en religioso, es algo, ¿no? (en estos temas mi mujer educada por monjas no tiene rival)

- La fe es una virtud teologal, junto con la Esperanza y la Caridad, pero míralo (ella siempre dice “míralo” pero nunca lo hago. Es infalible).

No hay nada más madridista que esa… virtud. Keylor es fe, es madridismo, es no rendirse. Es imposible que todos esos rezos se pierdan en el cielo sin un destinatario:

- Esa la ha parado Dios.

ver a keylor rezando cada inicio de partido es ver la fe

Y afortunadamente paró muchas más. Paró las suficientes para volver a disputar una nueva final de la Copa de Europa. El partido se me hizo eterno. Empezó un martes y ahí sigue. Estoy en la final pero me sigo secando el sudor como un acto reflejo. Hoy he visto el sofá pidiendo clemencia, agotado. Le he visto tan cansado que le he quitado hasta los cojines que tiene encima para que descanse.

Cuando terminó hice lo que siempre hago. Llamé a mi padre, que de Copas de Europa sabe mucho más que yo. Jugó la Primera con el Real Madrid con diecisiete años, antes de ir a la mili. En la Quinta mi madre le acompañaba a ver un western de Alan Ladd, en la Sexta yo cumplí tres años, la Séptima le pilló con ganas de jubilarse, la Décima la ganó mi madre, la Undécima me llamó para felicitarme por mi cumpleaños y en Kiev jugará una final más después de vivir ocho décadas de madridismo.

- ¡Cómo hemos sufrido!- le solté en cuanto descolgó el teléfono.

- Sí, pero estamos en la final.

- Sí, sí, pero las hemos pasado putas –insistí todavía con el miedo en el cuerpo.

- No, ni hablar, putas las han pasado los que no son del Madrid.

Ya ven. Eso me contestó. Ochenta años. ¿Sabe o no sabe mi padre de Copas de Europa?

Aunque a veces dicen que la vida es lo que sucede entre partido y partido del Madrid, yo creo que es algo más cotidiano, como si fuese a la vez un regalo y su envoltorio. Sus partidos se mezclan con exámenes, sofás, viajes, mudanzas, baños en la playa y fichajes. Es Lorca, Sintagma y Ramos a la vez. Es escribir y preguntarle a tu mujer por la fe. Es saber que tu padre es del Madrid y es el Madrid. Es Di Stéfano y Cristiano. Es un rezo, una noche sin cenar y un banquete de boda. Es una sobrina que solo tiene de equipo al Kinder Fútbol Club. Es saber que existe la amistad. Es La Galerna. Es el artículo de un hombre feliz.