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Kroos: la perfección

Kroos: la perfección

Escrito por: Athos Dumas4 mayo, 2017
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El martes presencié el partido perfecto de un jugador. No hablo de Cristiano Ronaldo, del que hoy se están escribiendo ríos de tinta de alabanzas –ya tocaba, por cierto– sobre un hat-trick prodigioso que acerca a los nuestros a las orillas del río Taff en Cardiff.

Toni Kroos. Nuestro alemán de 27 años, nacido en Alemania Oriental (aunque en 1990 ya no existían las dos Alemanias), en la región de Pomerania Occidental, viejo territorio de antiguas disputas entre prusos, polacos y suecos. Internacional absoluto desde los 20 años. Casi 80 entorchados con la Mannschaft, campeón del mundo en Brasil 2014. Y, desde hace tres años, dueño del “8” del Real Madrid, el número de la buena suerte en China, la cifra mágica que lucieron entre otros ilustres como Héctor Rial, Del Sol, Amancio en sus inicios, Míchel, Pedja Mijatovic…

En tres temporadas, Toni ha jugado cerca de 150 partidos con el Real Madrid. No se lesiona prácticamente nunca. Suele estar entre los tres jugadores que más distancia recorren en cada partido. Prácticamente imposible es agotarlo.  Comete pocas faltas. Y recibe escasas tarjetas amarillas. Todos los especialistas destacan su profesionalidad absoluta.

Uno de los grandes misterios de la Historia, más allá del Triángulo de las Bermudas o de qué rostro se escondía detrás de la Máscara de Hierro, es explicar por qué dejó escapar el Bayern de Múnich a Toni Kroos en 2014. Por dinero no fue, desde luego. El Bayern es un club económicamente casi tan fuerte como el Real Madrid, y en Alemania no hay cláusulas de rescisión. 30 Millones de Euros en 2014 no es un precio de mercado para un jugador de este calibre, y menos aún teniendo en cuenta que el Bayern iba a reforzar a precio de ganga a uno de sus más temidos rivales directos en Europa. El Bayern lo soltó, Pep no lloró demasiado su marcha, y eso que en la temporada 2013-2014 jugó nada menos que 51 partidos con los muniqueses, es decir, fue titular más que indiscutible. Jugando en el club donde casi todos los alemanes quieren jugar precisamente por su hegemonía local y su potencial extramuros. La voluntad de Kroos de cambiar de aires –e ir al mejor club del mundo– para mí no es argumento suficiente precisamente por el escaso monto económico que se tuvo que desembolsar desde las arcas de Concha Espina.

El caso es que lo llevamos ya disfrutando desde hace 3 temporadas. El martes hizo sencillamente un partido magistral, único. Se me hace difícil recordar algo igual en los últimos años. 96 pases perfectos de 100 intentados. 10 robos de balón. Ni una sola falta cometida. Estuvo presente en numerosas jugadas de ataque –allí estaba al acecho, detrás de Cristiano en su tercer gol, por si había que rematar a Oblak– y no digamos en defensa, donde por su banda izquierda, y con la complicidad de un Marcelo inconmensurable, poco se acercaron Lucas Hernández y Saúl Ñíguez, no digamos ya en los últimos e intrascendentes minutos de Gaitán o del Niño Torres.

La clave, como tantas veces en Toni Kroos, está en su colocación dentro del terreno de juego. Su segunda parte fue para que cualquier entrenador de fútbol, desde los benjamines hasta los profesionales, pasando por todas las categorías intermedias, se la enseñe a sus discípulos para mostrar qué es un tuttocampista que se coloca, bascula, fija la marca, posee una clarividencia única, junto a un toque exquisito con ambas piernas y una capacidad de sacrificio y de lucha por encima de lo normal. Que ataca y defiende. Que es generoso en las ayudas con su lateral o con su pivote. Que no falla ni un solo pase de los “fáciles” –menos de 5 ó 6 metros– y apenas falla los de más de 15 o aun los de más de 30 metros. Que coloca sus saques de falta o de córner con precisión de reloj de la Selva Negra. Una mezcla mejorada de Lothar Matthäus y Wolfgang Overath, trabajo y talento en cantidades industriales. Capaz de poner un pase perfecto a 40 metros como Günter Netzer, con la personalidad y el liderazgo –circunspecto y eficaz- de Franz Beckenbauer. Todo en uno. Un jugador discreto dentro y fuera de los terrenos de juego. Lo más que conocemos de Kroos a nivel “declaraciones” son sus tuits antes y después de los partidos en los que en pocas palabras da ánimos a los suyos y luego gracias a la afición. Sin aspavientos. Sin descalificaciones y menos aún provocaciones.

Quiero al Kroos de ayer al menos 10 años más en mi equipo. Mi jugador favorito dentro de un equipo magnífico. Repartiendo juego. Asistiendo. Goleando con el taco de billar en el que a veces –¡inténtalo más, Toni!– se convierte su borceguí diestro. Dándolo todo. Sin malos gestos. Sin declaraciones fuera de tono. Con esa media sonrisa que expresa la eficacia alemana, el motor diésel, la fiabilidad, como si estuviésemos viendo un anuncio de coches: “Cuando conduzcas, conduce”. O sea, un jugador de fútbol que –oh, sorpresa– ha venido a nuestra Liga a jugar al fútbol. Qué más me da a mí que no conteste a los periodistas en español, no le hemos traído al Santiago Bernabéu para declamar a Calderón de la Barca.

Mit Kompliment Herr Kroos!

 

 

 

16 comentarios en: Kroos: la perfección

  1. Kroos es el típico alemán que a todos se nos viene a la mente cuando pensamos en un alemán en abstracto. El típico coche alemán con el que todos soñamos, fiable y bonito pero sin alardear y es un jugador compendio de lo que debe de ser un centrocampista.