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Keylor en el Nou Camp

Keylor en el Nou Camp

Escrito por: Jesús Bengoechea30 marzo, 2016
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Cada vez que se aproxima un nuevo Clásico, uno tiende a imaginar jugadas que anticipan diversas formas de éxtasis vikingo. Ahora, en estos días, podría ser un taconazo de Benzema que deja a Bale presto para encarar a Bravo; un golpe franco de Cristiano que desafía múltiples leyes de la física merced a una folha seca inconcebible; un pase filtrado al hueco por Modric para que la irrupción sorpresiva de Marcelo habilite el gol en propia puerta de Piqué ante el murmullo de exasperación del Camp Nou.

Podría ser y es todo eso, en escenarios exageradísimos de drama culé a pies de hordas blancas y despiadadas. Pero he observado una variante inusual. A todas estas he incorporado últimamente, en las más recientes horas, un fantasía atípica, porque veo también a Keylor Navas abortar a pies de Suárez una ocasión de las que el uruguayo no perdona; imagino a Keylor desviando con la punta de los dedos, en salto felino, un ajustadísimo remate de Neymar que buscaba el poste por dentro; figuro al tico, al fin, resolver la suerte maestra de un penalti ante Messi con una estirada imposible y el dedo al Cielo, que para eso quien paró fue el mismo Dios que abrió en dos el Mar Rojo con semejante suficiencia que ni por un momento consideró el dejar a cargo a Keylor para que no pasasen los egipcios.

keylor vuela

A ver si me explico. Imagino todas estas cosas con afán prospectivo, las busco. Las imagino porque quiero que pasen. En ese sentido, el subgénero de mis fantasías con Keylor es intrigante. Es raro. No me ha sucedido antes con otros porteros. Normalmente uno, por mucho que le estime, no quiere que su guardameta sea protagonista, pues ese protagonismo trae consigo la condición previa de la angustia. Uno prefiere normalmente que el propio portero pase inadvertido por cuanto, para que un guardameta luzca, es necesario que el rival cree ocasiones, y uno no quiere que el rival las cree: ocasión de gol del rival es sinónimo de zozobra aun cuando se resuelva de modo favorable a nuestros intereses. Uno no quiere que el propio cancerbero brille por las mismas razones por las que no se desea que ningún médico luzca ante nosotros una blanca sonrisa mientras dice “Es benigno” por muy confortadora y bella que la sonrisa sea: es mejor la perspectiva de haberse ahorrado ni tan siquiera el llegar allí.

Sin embargo, y como pasmosa excepción a la regla, yo en estos días me deleito en la esperanza de blocajes estratosféricos del costarricense, que en mis ensoñaciones intercepta el balón en la mismísima cabeza de un uruguayo dentón; deseo que vuele de poste a poste para sacar a córner un remate lejano de Rakitic aun cuando ese remate sea en sí mismo indeseable; anhelo que ataje un uno contra uno a un brasileño recontraimputado por mucho que ese uno contra uno apareje la previa taquicardia que trae consigo. Yo asumo, acaso por primera vez en mi carrera como aficionado del Madrid, el pasarlas putas a cambio de que mi portero termine prevaleciendo ante las fuerzas del Mal.

Mi cabeza especula con las posibles razones para esta anomalía. Una de ellas tiene que ver con el desahogo humorístico de volver a los titulares imbéciles: “Keylor salvó al Madrid”, como si Keylor no fuese del Madrid, como si Keylor fuese un accidente atmosférico o una carta de la administración, excedente de cupo. El aficionado del Madrid está tan más allá de esas gilipolleces que ya quiere que ocurran, a fin de reírse en la cara misma de la estulticia y reafirmar la propia superioridad intelectual y moral sobre la caspa anti.

Pero también, claro, hay razones que tienen que ver con el propio Keylor. A lo peor me he convertido en un mojabragas de manual y debo cambiar mi nickname en Twitter, poner ahí una foto centroamericana con la raya del pelo bien marcada y dedicarme a insultar a todo el mundo, que es lo que hacen en las redes sociales quienes se escudan en el anonimato de un daguerrotipo del héroe. Keylor, claro, no insultaría a nadie. De todos los superhéroes que han sido y serán, yo diría que Keylor es la versión latina y evangélica del papá de Los Increíbles, con su paranormal imbatibilidad de andar por casa. No hay nada como un imperial escenario donde triunfan los jetas para que la decencia se imponga, y estaremos el sábado ante un paradigma dentro del otro y debajo del larguero.

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea

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