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Keylor en la portería equivocada

Keylor en la portería equivocada

Escrito por: John Falstaff20 septiembre, 2019
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Keylor en la portería equivocada. Esa fue la primera, abrumadora y desoladora impresión, el nubarrón de color panzaburro que convertía en noche el día y anunciaba la tormenta inminente. Sacudí la cabeza de un lado a otro, como si los malos presagios no fueran sino gotas de agua adheridas al cabello. Pero cuando levanté de nuevo la mirada, Keylor seguía en la portería equivocada. De rodillas, la cabeza baja y los brazos extendidos al cielo, en una imagen familiar mil veces vista pero ahora tocada de una luz extraña, onírica, inquietante, como si en el álbum familiar de repente hubiera aparecido una foto en la que mi padre abrazase sonriente a una extraña y estuviera rodeado de otros hijos también sonrientes, disfrutando de un hogar desconocido para mí pero a todas luces familiar para él. Keylor estaba en la portería equivocada y el mundo seguía girando como si todo fuera igual, como si el orden universal no hubiera sido fatalmente invertido.

Desde hace ya demasiados meses, todo en el Real Madrid parece ser Keylor en la portería equivocada. Una desazón tan indefinida como ineludible, un desajuste vago e inaprehensible que lo trastoca todo y lo envuelve en un halo irreal, delirante, desfigurado, como si el Real Madrid hubiera confundido su ser verdadero con la imagen que le devolviera un espejo cóncavo. El Real Madrid, convertido en una caricatura a veces grotesca y a veces turbadora, pero siempre desconcertante. Keylor en la portería equivocada ha sido este verano lúgubre y oscuro, eternamente encapotado, huérfano de chispa y de júbilo y de ilusión; un verano sin las risas blancas y preñadas de alegría de los niños corriendo por la playa, que es tanto como decir un verano sin madridismo. Yo miraba a Keylor en la portería equivocada, y se me venía encima el invierno de este verano maldito para oprimirme el pecho con su peso asfixiante.

Keylor empezó a estar en la portería equivocada cuando a Zidane, nuestro Zidane, se le trasconejó el abrigo y apareció embutido en aquellos famosos pantalones que sospecho pidió prestados a Sergio Ramos. Entonces no quise darme cuenta, pero en ese momento comenzaron a llegar a mis oídos las notas del vals de la Sinfonía Fantástica de Berlioz, cuyo ritmo hipnótico, febril y mórbido acabó por enseñorearse de todo cuanto yo veía alrededor del Madrid. Y bajo el influjo de esa música opresiva, el Real Madrid fue perdiendo lo que le es más querido: el optimismo, la esperanza, el orgullo, la ilusión... hasta perder a Keylor, nuestro Keylor, el hombre que tenía las mismas ganas de morir que de abandonar el Real Madrid tan sólo un año antes, cuando fichamos a Courtois.

Por eso apareció Keylor en la portería equivocada. Y fue en ese preciso momento cuando caí en la cuenta de la dimensión del desastre. Hoy todos lamentamos el bochornoso juego de nuestro equipo en París. ¿Pero cómo podríamos haber jugado de otra manera, cómo podríamos haber disparado a puerta una sola vez, si Keylor estaba en la portería equivocada?

En el prosaico mundo real me llaman Eduardo Ruiz, pero comprenderán ustedes que con ese nombre no se va a ninguna parte, así que sigan llamándome Falstaff si tienen a bien. Por lo demás, soy un hombre recto, cabal y circunspecto. O sea, un coñazo. Y ahora, si me disculpan, tengo otras cosas que hacer.

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