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¡Julieta, Julieta!

¡Julieta, Julieta!

Escrito por: Mario De Las Heras24 agosto, 2015
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No recordaba semejante ansia por el comienzo del fútbol. Debe de serle cada vez más necesario a la gente, lo cual a nosotros nos parece muy bien. Me preguntaba un amigo que cómo había quedado el Valencia y yo le respondía que nunca he sabido ese tipo de cosas. A veces incluso hago las crónicas y cuando he terminado me doy cuenta de que no sé el resultado del partido, impresionado, por ejemplo, como hoy, casi paralizado, por la hostil bienvenida sportinguista. Si yo a un extranjero, pongamos por ejemplo a un berlinés, le recomiendo que visite una pequeña ciudad asturiana como Gijón, tranquila y templada, y luego va y visita El Molinón un día como el de ayer, seguramente me hubiera hecho una objeción.

Yo me hubiera quedado, cómo no, de piedra. A mí de niño me gustaba el Sporting por Quini, y también un poco por Castro, que era su hermano. Quini fue un buen futbolista y es un hombre agradable. No tengo más recuerdos salvo el de ayer, que ha superado a los otros. Se me han quedado tantas ganas de volver a Gijón como de visitar el bosque de la bruja de Blair. Menos mal que mi hija Candela tuvo una tarde peor que la de esos aficionados, y su llanto medianamente desesperado de amor atenuaba esos silbidos y gritos tristes de rencor.

Con un ojo en la cuna y otro en el televisor vi cómo Modric ponía un pie sobre una piedra (para eso usamos en este equipo las piedras: para apoyar las botas), sostenía en una mano el catalejo y la otra se la sujetaba en una costura del chaleco por debajo del corazón. Así jugó todo el partido mientras sus soldados le miraban embelesados para que dentro de unos cuantos años cuenten historias de sus batallas, del honor que significó jugar junto a él, en la cena de oficiales de una fragata o en la tienda de campaña de un general que sirvió a sus órdenes como a Nelson o a Napoleón.

Modric Master and commander

En esa llanura asturiana el Sporting trazaba bonitas líneas: un tiquitaca largo y estético que confundía aún más a la grada y otro tanto al Madrid, que, sin embargo, no se dejaba asustar y se recargaba todo el rato. Yo oía mencionar muchas veces a Carmona, y por un momento, debido a su ubicuidad, creí que era el del ayuntamiento. Pero el Madrid también se movía. Y Bale vaya si lo hacía con el baile aquel de Godard en Bande à part por todo el campo. En realidad Arthur, Franz y Odile eran Luka, Francisco y Gareth, a través de los cuales fluían los blancos. Todo eran combinaciones en las que siempre estaba uno de los tres y en las que participaban esporádicamente Marcelo, Cristiano y Toni como estrellas invitadas.

El Sporting más que otra cosa corría con las instrucciones de Abelardo (“Corre, Forrest, corre”) perfectamente memorizadas, esos jugadores a los que ese entrenador (¿llevaba las botas negras de boxear de Tyson?) les ha robado el alma. No jugaron mal los locales pero tampoco tan bien como dicen hoy los periódicos que cumplidamente analiza el Portanálisis. A Keylor, titular de justicia, apenas se le vio (al contrario que a Cuéllar) y eso tiene su razón de ser, casi tanta como que cualquier día, yo apuesto por ello, le veamos cantar ‘La Bamba’ con ese tupé negro suyo y brillante como el de Ritchie Valens.

Jesé no acaba de pasar de sobresaliente taurino a pesar de que a veces sorprende con detalles de fuerza y de talento como ese robo bajo las piernas del rival, por donde metió sus tacos limpiamente como las mandíbulas de una planta carnívora y se llevó el balón igual que a un pobre insecto. Entretanto Cristiano, al que la locución hacía “desplazado”, comenzaba a acercarse y yo veía su aleta aparecer y sumergirse hasta que a Marcelo, que tenía la mirada perdida, se la jugó Lora para que Sarabia terminase mandando la pelota de un cabezazo al larguero que bajó hasta la línea sin sobrepasarla por centímetros. Después vino el penalti en la portería contraria que el árbitro no solamente no pitó sino que además parecía decirle con la mano al portugués: “¡Enséñame la pasta!”.

El siete madridista se reía en el suelo por la ocurrencia, y yo le observaba el rostro bronceado y tirante, en forma, como si fuera alumno de Danilo con ese aspecto suyo de monitor de zumba de un resort caribeño. En la segunda parte la cámara enfocó un primer plano de la bota de Gareth, donde se podía leer en el interior: Bale´s, que debe de ser el nombre de su taberna galesa. Justo cuando empezaba a preguntarme por James, Benítez lo hizo entrar en el terreno de juego en lugar de Jesé. Marcelo empezaba a alejar sus demonios e incidía sobre la defensa gijonista, que también empezaba a estremecerse como aterida por el viento.

El Madrid se desplegaba, pero yo tenía la incómoda sensación de que el partido se iba a quedar como estaba, y eso que vendría lo mejor, que por el resultado iba a ser lo peor. Cortaba Danilo y Modric abría el campo como un ama hacendosa las ventanas de la mansión y gritaba: “¡Julieta, Julieta!”. Allí corría el aire que daba gusto gracias al croata, y el equipo respiraba. Hubo cinco segundos de amagos maravillosos de Isco y Bale, y a mí se me pusieron los ojos como a Kaa, la serpiente de ‘El Libro de la Selva’, intentando dormir a Mowgli. James ejercía de quarterback y Cristiano de wide receiver pero no había manera de llegar a la línea de touchdown. Está claro que Isco es un virtuoso, pero a mitad de una carrera larga siempre se queda sin potencia. Quizá por eso Benítez ha puesto a Bale por el centro, o por dónde quiera, para dar continuidad al malabarismo efímero del malagueño.

Kaa libro de la selva

Pero sucede que entre el malabarismo andaluz y el británico como que se pasan de floritura en el mediocampo, porque allí el único que pone algo de sobriedad es Lukita y, en cuanto suelta la pelota, aquello pierde orden y elegancia igual que si sobrasen todos esos intermediarios. Debutó Kovacic, que me sonaba de la entrada de alguna discoteca, y no le dio para mucho más que para un par de recuperaciones, lo cual no es poco; aunque menos le dio a Carvajal, el revulsivo que tenía preparado Benítez (como Ancelotti a Chicharito) para resolver el partido en los últimos cinco minutos.

LAS NOTAS:

Keylor: “Destaca” (D). Atento y colocado. Tuvo tiempo para enamorar a Donna, que estaba en la grada de El Molinón.

Ramos: “Progresa Adecuadamente” (PA) para justificar su sueldo.

Varane: “Destaca” (D). Discreción y limpieza.

Danilo: “Progresa Adecuadamente” (PA). No quiere correr por la banda, prefiere acortar en diagonal.

Marcelo: “Progresa Adecuadamente” (PA). Disperso en el primer tiempo. Concentrado en el segundo.

Kroos: “Destaca” (D). Detrás de Modric como Sam detrás de Frodo.

Modric: “Destaca” (D). El Gran Capitán, el Almirante Nelson, Napoleón Bonaparte… el flautista de Hamelín.

Isco: “Progresa Adecuadamente” (PA). Siempre al borde del “Destaca” (D). Le sobra campo.

Bale: “Destaca” (D). Ordenadamente anárquico. Igual necesita a Abelardo para que le quite la vena jipi y artística. Corre, Gareth, corre.

Jesé: “Progresa Adecuadamente” (PA). Nada nuevo salvo su titularidad.

Cristiano: “Progresa Adecuadamente” (PA). Hubiera obtenido “Destaca” (D) de haber marcado. Algo ofuscado.

James: “Destaca” (D). Marisol alegrando al personal en ‘Un rayo de luz’.

Kovacic: “Progresa Adecuadamente” (PA). Nuevo en la clase.

Carvajal: Exento.