Las mejores firmas madridistas del planeta

Una victoria resonante, fundada en jugar tan concentrados como en partidos importantes aunque este no lo fuese, que vuelve a honrar a la plantilla y al míster. Vaya lavado de cara le está pegando este Madrid al episódicamente habitual, jugando cada jornada como si fuese el Leganés en lucha por la permanencia, y apretando desde el primer minuto para mostrar a continuación que el balón no quema, y los muchachos están dispuestos a moverlo en corto y en largo. Habrá que ver cómo funciona la plana mayor contra el City; pero va sobrado por ahora, otorgando incluso muchos o bastantes minutos a quienes demuestran no merecerlos, porque hay espíritu y músculos a raudales.

¿Dónde vimos, y dónde vemos a Marcelo? Quizá todos los dedos no bastan para enumerar las pifias garrafales de este eximio estilista, que hasta en días nefastos deja siempre algún control o amago de su marca, y es estimulante comprobar que sigue teniendo hueco y por lo mismo margen de enmienda. No sé si decir otro tanto de James, cuyo último partido bueno fue quizá con la camiseta del Bayern en el Bernabéu, pues perdió casi todos los balones divididos, tiró apenas y no aprovechó una fracción de lo ofrecido por marcas laxas, como si ya no acertara a poner el ímpetu de otrora. Seguro que tendrá alguna ocasión adicional de probar lo contrario, y me gustó mucho ver que el sustituido del ataque fuese Jovic, porque no le abruma el peso de un pasado sino el absurdo de imaginar que la referencia del Real puede ser alguien que sigue las jugadas, sin arreglárselas para cazar remates ni para buscarse la vida, con un tacón allí y una dejada allá en el mejor de los casos.

Algo hará o le comerán el terreno sin atropello alguno, como le ocurre a Bale, para nada obstaculizado en la exhibición de sus virtudes. La grandeza del Madrid actual es que ser solidario dejó de poder confundirse con ser torpe o andar en baja forma, y va cumpliéndose a fuerza de exigencia en los últimos 16 partidos por amplia mayoría. Tanto acierto como logros ofrece por ejemplo Kroos, que se acerca a la excelencia con botas de siete leguas, y solo encuentro adjetivos mayestáticos para describir a la pareja de centrales blancos, esta noche coronada por los aciertos de Varane, otra vez goleador y sin un solo pase fallado.

Qué gran ventaja otorga tenerles a él y a Ramos para córneres y faltas, así como un medio campo rara vez desorganizado, capaz lo mismo de dormir la pelota que de moverla al primer toque, y así se explica que las ausencias de Bale, Jovic y Hazard impongan marcar no mucho, aunque lo suficiente para ir cumpliendo los compromisos. Carvajal lo hizo todo bien, Valverde quizá no tuvo su noche más inspirada pero cubrió millas, Lucas Vázquez marcó en una jugada meritoria, y Vinicius rayó en la perfección, desarbolando al Zaragoza de entrada pasa asestar en el segundo tiempo la estocada definitiva. Su sutileza en el tercer gol trastoca el cliché de obnubilación al que nos tiene acostumbrados, y no pocos se acostaron anoche en todo el mundo imaginando qué portentos podrían seguirse de combinar su incomparable arranque con una cabeza fría al término.

Solo la humildad defiende al orgullo, y ver a los proverbiales señoritos del Real arremangándose para fregar como el que más es un espectáculo insólito, renovado día tras día. Los más ancianos somos testigos ejemplares, y si no me equivoco hay que remontarse a tiempos poco posteriores al cuplé para encontrar un equipo merengue tan homogéneo a la hora de funcionar como equipo. Ni la enfermería interfiere con la ráfaga de aire saludable y alegre creada al socaire de jugar juntos.

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