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Isco y el viento de cara

Isco y el viento de cara

Escrito por: Juan Carlos G. Guerrero21 noviembre, 2018
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Llevo un par de años viendo muchos niños con camisetas del Madrid y el nombre de Isco en la espalda. Los jóvenes madridistas empezaban a preferir el 22 en lugar del 7 en esa edad en la que se fabrican los ídolos. Después sólo son un medio para que ganen por ti. En un futbolista poco goleador como Isco, ser elegido como el favorito por los más pequeños significa que sus méritos vienen por el juego, por sus regates y el dominio del balón. Y, sin embargo, nunca ha conseguido convertirse en titular indiscutible desde que llegó al Real Madrid.

En la época de la posverdad, se ha impuesto que el Bernabéu reniega de la posesión y que sólo es feliz con el vértigo. Quizás sólo sea un problema de memoria y de no recordar más allá de la época de Mourinho: ni los Galácticos ni La Quinta del Buitre se caracterizaban por entregar el balón al contrario y buscar la espalda rival continuamente. Hay madridistas que acusan a Isco de ralentizar el juego a la vez que afirman que el partido contra la Roma es lo mejor que han visto en muchos años. Ese encuentro es el reflejo perfecto de Isco: vencer desde el dominio del balón, aguantando más o menos la pelota en función de lo que tarde en desmarcarse el compañero. A veces le sobra un toque de más: hay un término medio entre ser Balón de Oro y suplente en el Madrid.

Isco pertenece a un tipo de futbolista que vive sus últimos días en este fútbol de pizarra que se impone desde benjamines. Probablemente, la plaza de Benalmádena donde Isco jugaba con su hermano y los amigos de éste -ocho años mayores- hoy sea un espacio donde un balón es declarado objeto no grato. Esos lugares potenciaban la habilidad y el regate, pero hoy sólo se aprende el fútbol de las escuelas deportivas, donde se enseña a superar líneas rivales a través del pase. De hecho, ya estamos viviendo en el fútbol de élite la falta de jugadores que desborden desde el regate. Isco pertenece a este minúsculo grupo que juega al enfoque y desenfoque del balón.

La apendicitis de Isco le dolió más a Lopetegui: el mes de ausencia del malagueño fue un agujero negro del que el Madrid no pudo salir ni tras su vuelta, quizás precipitada ante el estado de emergencia. Solari no ha alineado como titular a Isco en ninguno de los cuatro partidos que ha dirigido el argentino. Quizás sea porque todavía no lo ve físicamente bien tras la operación o tal vez no encaje en el 4-3-3 que Solari parece querer asentar. No sería la primera vez que Isco es víctima del sistema: ya pasó Ancelotti y con Zidane. Sólo pudo aprovechar los huecos que abrían otros en la enfermería. Pero no es lo mismo quedarse fuera por la BBC que por Lucas Vázquez.

Isco salió desde el banquillo junto a Marcelo para acabar ganando La Décima, jugó muchos partidos como titular en aquella racha de victorias con Ancelotti al inicio de la 14/15 y fue el mejor jugador de la 16/17, la temporada del doblete. Se pueden separar los papeles del más decisivo (Cristiano) y del mejor (Isco) de ese año, al igual que en la temporada de La Décima, donde Di María fue el mejor y Cristiano siguió siendo el más decisivo.

El otro día, en la presentación en Madrid de La Biblia Blanca, de los hermanos Ángel y Marta del Riego Anta, dijo Hughes que el mejor Madrid que había visto fue el de Beenhakker, Cruyff antes de Cruyff. Yo sólo llegué a ver el epílogo de La Quinta y si tuviese que elegir a mi mejor Madrid, sería el de los cuatro últimos meses de la 16/17, culminados en la excelsa segunda parte de la final de Cardiff. Ahí mandó Isco junto a Modric. A pesar de estar siempre presente en los mejores momentos de los últimos años, Isco parece que siempre está subiendo un puerto con viento de cara.

Periodista freelance / Ex de La Sexta y Marca | Filmmaker Twitter: @jcguerrero87