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In Florentino Pérez we trust

In Florentino Pérez we trust

Escrito por: Carlos Garcia de Sola5 abril, 2019
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Los billetes en Estados Unidos llevan impresa la famosa frase, In God we trust, mezclando de una forma curiosa algo tan material como el dinero con algo tan inmaterial como la fe en Dios.

En el Real Madrid el dinero va unido a la ilusión por la consecución de títulos, gracias a la compra de nuevos fichajes. Y esa ilusión vinculada tantos años al “ser superior” (Butragueño dixit), Florentino Pérez, ha sido injustamente arrebatada a las masas en las últimas temporadas.

En la afición del Real Madrid siempre ha habido una gran corriente favorable al presidente, pero también una permanentemente crítica con muchas de sus decisiones.

Sin entrar a valorar a fondo los errores cometidos por Florentino Pérez, se ha creado recientemente, a raíz de ciertas estrategias del club (el estadio o la política de fichajes), una suerte de discurso que parece vincular sus decisiones con una actitud caprichosa. Como si imaginásemos a Florentino como muchos nos hemos imaginado a nosotros mismos en nuestro club favorito: comprando y vendiendo jugadores como si volviésemos a jugar al PcFútbol, o ampliando o no el estadio con el dinero sobrante de la venta de fichajes.

Pero, precisamente, si algo ha caracterizado a Florentino Pérez en su toma de decisiones ha sido una gran coherencia empresarial, hasta el punto de llevar muchas veces su modelo al límite, como con la política de “Zidanes y Pavones”. En un negocio en el que el éxito no se mide a través de variables económicas clásicas como el beneficio, nivel de deuda o de ingresos, sino a través de los resultados deportivos, el presidente blanco siempre ha intentado vincular sus estrategias a claros patrones empresariales.

De hecho, se pueden distinguir dos estrategias claramente perseguidas, en tres momentos diferentes de sus mandatos.

En un primer momento, cuando llegó al club, la gran estrategia de Florentino era algo tan simple como que el club generase más ingresos que gastos. Cuando llegó al club se encontró un equipo enormemente exitoso a nivel deportivo, con dos Champions logradas en años anteriores (7ª y 8ª). Pero a la vez se topó con un club terriblemente endeudado. Hasta tal punto que el año anterior hubo que vender a jugadores como Clarence Seedorf para tener liquidez suficiente.

Evolución de ingresos y gastos del club de 2000 a 2009. Fuente: JM Gay de Liébana.

El éxito deportivo no coincidía con el éxito económico. Pudiera ser que al aficionado no le importase mientras se levantasen títulos, pero pocas veces el club estuvo tan cerca de convertirse en S.A como entonces, con las consecuencias que ello habría supuesto.

Al Real Madrid las Champions no le servían ni para generar más ingresos ni seguramente, a futuro, si hubiese seguido esa política, para retener a jugadores que habría que haber vendido a precio de saldo.

Florentino entendió en un primer momento que había que separar el éxito económico del deportivo, al menos a corto plazo. Y apostó por vincular los ingresos con la imagen de marca y con la atracción de grandes jugadores. Superestrellas que por sí solas atrajesen a grandes marcas comerciales y a muchos aficionados. Ya sabemos como acabó la historia, pero por resumir mucho: se trajeron a los mejores jugadores del mundo (nacidos para jugar en el Madrid, que diría Florentino), se ganaron algunos títulos y, sobre todo, el Real Madrid se convirtió a lo largo de los años en el club más rico del mundo de manera recurrente. Ese modelo de éxito se ha estudiado en las mejores escuelas de negocio, y es el que han seguido la mayoría de clubes de élite.

Ese liderazgo económico se ha mantenido como patrón durante estos casi 20 años, independientemente de títulos logrados, crisis deportivas o la presencia de superestrellas. De la misma manera que el actual Manchester United se mantiene como club top 3 económicamente a pesar de no haber tenido un liderazgo deportivo en los últimos cinco años; el Real Madrid ha sido el club más rico a pesar incluso de haber estado durante seis años sin alcanzar los octavos de final entre los años 2005 a 2010. Aunque es cierto que esa distancia se acorta cada vez más con otros clubes como PSG o Manchester City.

Fuente de la imagen: Cinco Dias.

 

En la segunda etapa de Florentino, en el verano de 2009, la estrategia empresarial no era tanto generar ingresos como recuperar la hegemonía internacional. Hegemonía deportiva, claramente perdida, pero también el liderazgo empresarial. Con la llegada de fichajes como Cristiano Ronaldo, Kaká, Benzema o Xabi Alonso se pretendía dar ese salto diferencial. Un salto deportivo, pero al mismo tiempo económico porque el impacto de esos jugadores, especialmente los dos primeros, era gigantesco a nivel publicitario.

La inversión de más de 250 millones de euros, tan criticada en ese momento como la famosa apuesta galáctica, acabó fructificando, a la larga, en forma de cuatro Champions Leagues.

Y ahora, recientemente, Florentino ha adoptado durante los últimos tres años por otra estrategia empresarial. Con un club que generaba ingresos, con una plantilla competitiva, el objetivo era esta vez diferente: se trataba de limitar los gastos.

A pesar de que el club sigue generando ingresos constantemente, hay determinadas partidas que evolucionan lentamente y otras como los grandes patrocinios, llevan años en negociación, a la espera de una renovación muy al alza. Los ingresos se generan a largo plazo y requieren de inversiones previas (fichajes carismáticos o el estadio).

Pero mientras, la Premier League ha firmado en estos años ingresos record por derechos de TV, y además han desembarcado en Europa propietarios multimillonarios, algunos de ellos clubes-estado. En ese contexto y en un mercado con gran liquidez de capital y con nuevos actores y mucha más competencia, el gran objetivo ha sido esta vez la contención de gastos.

 

Fuente: Deloitte. Cinco días: Belén Trincado.

 

Un reto extraordinario en un momento en el que ha habido clubes dispuestos a gastar mucho dinero en atraer a los jugadores más talentosos. Un reto no solo para fichar a jugadores con nivel suficiente para el Real Madrid, sino para evitar que los propios jugadores blancos buscasen mejores salarios en clubes deseosos de contar con sus servicios. Y un dificilísimo equilibrio entre gastos e ingresos en una industria en la que los aficionados necesitan cada verano nuevos fichajes para mantener la ilusión.

Resulta difícil imaginar a Florentino Pérez y a su equipo negando las virtudes futbolísticas de Mbappé o Hazard. Habría que ser muy obtuso para pensar que ninguno de los dos tiene cabida en el Real Madrid. “¡Y, sin embargo, Florentino lo ha sido!”

Ese pensamiento, escuchado a muchos madridistas y leída infinidad de veces en redes sociales, responde a un legítimo y pasional discurso de un aficionado, pero no se corresponde con un análisis objetivo de una realidad empresarial. Y si asumimos que en el club hay decenas de profesionales preparadísimos, que el presidente del Real Madrid es competente y que además quiere lo mejor para el club, hay que asumir igualmente que esas han sido decisiones meditadas, con el uso además de información que el común de los aficionados no tenemos.

La premisa anterior no exime al club de cometer errores. Y en la larga historia de Florentino como presidente se han cometido varios. Algunos de ellos recientes y otros pasados como el no fichaje de j