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¿Debe seguir Zidane?

¿Debe seguir Zidane?

Escrito por: Quillo Barrios25 enero, 2018
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"Temo que la figura imponente del Zidane jugador quede embarrada por una trayectoria gris en la trituradora más grande del planeta", escribí aquí hace dos años, justo cuando el Real Madrid anunció el fichaje de Zinedine Zidane como entrenador del primer equipo. Adoraba al Zizou futbolista y mi gran miedo era que una mala etapa en el banquillo borrase todo aquello. Por suerte, eso no sucederá. El técnico galo ha ofrecido una trayectoria casi sobresaliente, con una revolucionaria gestión de vestuario en su primer año y medio y una colección de títulos -especialmente dos Champions League seguidas- que ya forman parte de la historia del Real Madrid. Dicho esto, su aventura, al menos en mi opinión, ha llegado a su fin.

Mi manera de entender el Real Madrid coincide con la que se han encargado de transmitir hombres como Santiago Bernabéu o, por irnos al más reciente, Florentino Pérez. La obsesión es ganar. Es el verbo que aglutina todo y por el que vive el madridismo. Pensar en ganar hasta cuando acabas de hacerlo, como los futbolistas del Real Madrid cuando conquistaron la Duodécima y rápidamente se obligaban unos a otros a ir a por la Decimotercera. Nunca me gustó contemplar el palmarés como terapia ante la tormenta. Intuyo que a la gran mayoría de madridistas tampoco. Sé que el fútbol es así, o que no es del todo así, y que es más normal perder que ganar, pero el Real Madrid, terco y sin ganas de que nadie lo ayude, ha decidido durante más de un siglo que lo suyo es ganar, que perder sólo vale para reactivarse de nuevo. Y en esas estamos, en el verbo doloroso, aquel que ningún deportista quiere entonar. El Real Madrid ha perdido, y lo peor es que han sido mucho más que partidos o puntos. Ha perdido una identidad, un rumbo, una idea que había triunfado. Y Zidane, para mí, es el máximo responsable. Debe irse en verano.

nunca me gustó contemplar el palmarés como terapia ante la tormenta

Se ganó la Duodécima tras una de las mayores exhibiciones de la historia de la Champions League. Quizá eso nubló al propio Zidane, que quiso agradecérselo a sus jugadores manteniendo todo intacto, justo lo que no debe hacer un equipo campeón. Pese a la sensacional 2016/2017, el Real Madrid tenía, como cualquier entidad del planeta, carencias visibles. La portería y la delantera demandaban una subida de nivel. Keylor Navas y Karim Benzema no pueden ser indiscutibles en un equipo que aspira al cielo. Si vendes a Álvaro Morata por ochenta millones y dejas marchar a James al Bayern -dos jugadores que participaron en todos esos goles que ahora echamos de menos-, la obligación es buscar sustitutos de garantías, no traspasar a Mariano para quedarte con un imberbe Borja Mayoral o apostar por Ceballos y Llorente para luego dejarlos en la grada día sí y día también. Esos fueron los errores veraniegos. Ya durante la temporada, Zidane se olvidó de la segunda unidad, a la que sólo acudió en Copa del Rey, y se empecinó en lucir siempre los mismos cromos pese a que algunos de ellos han demostrado no estar al nivel.

Un amplio sector del madridismo escurrió el bulto durante meses por el manido "con lo que nos ha dado" que tan caro costó en su día a Iker Casillas. De hecho, muchos de los que criticaron al portero por vivir de las rentas -exitosas y doradas, por cierto- se abonaron a ellas para defender a Zidane. Se defendió acabar el grupo de la Champions League en segunda posición y hasta se vio normal estar a casi veinte puntos del Barcelona en una Liga que apenas acaba de llegar a su ecuador. Sólo el batacazo monumental ante el Leganés ha permitido abrir los ojos a muchos que ya no sostienen en su discurso el argumento de un pasado glorioso. Ha tenido que ser el Leganés el que les recuerde que el Real Madrid no está aquí para sonreír al recordar, sino para ganar después de ganar.

Evidentemente hay culpables más allá de Zidane. Cristiano no está marcando las diferencias, aunque bien es cierto que a la sombra del portugués se vivía muy bien mientras él se echaba el equipo a la espalda marcando sesenta goles por año. Tampoco Kroos y Modric dominan el centro del campo como hace meses. Ni siquiera los laterales, arma infalible del Real Madrid, están a la altura. En realidad, muy pocos futbolistas de la primera plantilla pueden presumir de una versión potable. Y precisamente eso es culpa de Zidane. El técnico no tendría culpa de que seis o siete estén mal, pero sí la tiene si el virus se extiende a todo el grupo. Eso, sumada a la pésima gestión veraniega y su obsesión por no tocar lo que no funciona, lo conducen hacia el inevitable destino de todo aquel que deja de ganar en el Real Madrid: el adiós.

En mayo llegará la hora de que Florentino Pérez tome las riendas. Queda todavía media temporada y sería contraproducente echar a Zidane para que otro se coma un marrón gigantesco. Defiendo que el presidente del Real Madrid diera plenos poderes a Zizou después de un año histórico, pero ahora, con el equipo a la deriva y peligrando incluso la clasificación para la próxima Champions League, el mandatario debe ordenar las piezas, hacer fichajes de club -Mbappé y Kepa se escaparon- y agitar un poco un vestuario que, como en otras ocasiones, se ha acomodado al no entender que el Real Madrid es ganar después de ganar.

Gracias por todo, Zidane.

Quillo Barrios
Pucelano de nacimiento y amante del Real Madrid. Asegura tener la virtud y el defecto de decir siempre lo que piensa. Siempre situará a Zinedine Zidane por encima del resto. Mourinhista, no cree en la objetividad y sueña con ver a su equipo levantar otras diez Copas de Europa. @quillobarrios