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Hasta siempre, admirado adversario

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Hasta siempre, admirado adversario

Escrito por: La Galerna25 marzo, 2016
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Buenos días. Ayer Madrid nos ofreció un día soleado que invitaba al paseo por el Retiro, al café en la Gran Vía, a la excursión a la Sierra. Ayer, efectivamente, parecía un buen día. Sin embargo, desde Barcelona nos sobrevino un negro nubarrón inesperado. Johan Cruyff, el legendario 14 de la Naranja Mecánica, el espigado holandés, “El Flaco” que desplegara aquel fútbol total que maravillara al mundo, el primer gran héroe del barcelonismo, ha muerto. Ha muerto quien fuese el futbolista más caro del momento, el entrenador visionario que condujera al Barça a conquistar en Wembley en 1992 la primera Copa de Europa de su historia; Johan Cruyff, nuestro archienemigo, máximo rival, probablemente nuestro adversario original. O al menos aquel que siempre –siempre- sostuvo desafiante la mirada del Real Madrid.

Su súbito fallecimiento a los 68 años por un maldito cáncer de pulmón provocó una onda sísmica que se reprodujo en todo el planeta Fútbol. Nosotros, los galernautas, le rendimos homenaje.

Dice Jorgeneo: “Hay personas que transcienden ‘lo que son’ para transformarse en ‘lo que significan’, para transformarse en ideas, sentimientos, guías, inspiraciones. Cruyff ya era una idea en vida. Y, como pensaría Platón, había transcendido ya el mundo físico para pasar a otro más universal y eternoHay muchas maneras de medir la grandeza de un hombre, y creo que todas las que se me ocurren hoy confluyen en Cruyff. Me pasó lo mismo cuando se nos fue nuestro querido Alfredo Di Stefano”.

No en vano, “El Flaco” siempre rindió pleitesía a “La Saeta”. "Mi ídolo de siempre fue Di Stefano, es el único al que he pedido un autógrafo en mi vida y nunca olvidaré lo que hizo por mí, por cómo me trató cuando me dieron el Balón de Oro. Era mi ídolo y no tengo palabras para agradecerle por cómo me trató siempre", aseguró en una ocasión Johan Cruyff sobre el más grande estandarte del madridismo.

johan

“El Bernabéu se pondrá en pie para despedir a un grande”, aventuraba en Twitter el maestro Pepe Kollins.

Ramón Álvarez de Mon dice que Cruyff “fue un auténtico elegido del mundo del fútbol, una figura que trasciende la rivalidad con el Madrid y debe contar con el respeto y admiración de todos. Como técnico su audacia le permitió crear un nuevo paradigma en el mundo del fútbol. Por ello, es el mundo del fútbol en su globalidad el que pierde a uno de los actores que más lo dignificaron y enriquecieron".

Dice Hechi, rememorando su infancia en Venezuela: "Los recuerdos de mi niñez asociados al fútbol en Venezuela están ligados necesariamente a la Naranja Mecánica: la familia reunida frente al televisor vitoreando a unos hombres cuya forma de jugar el fútbol nos emocionaba y nos hacía vibrar, deseando que ganaran siempre. En una Venezuela cuyo fútbol nunca ha pintado nada importante, menos en aquella época, cada uno iba por un equipo distinto (Argentina, Brasil, Italia); pero todos íbamos por la Naranja Mecánica, era nuestro denominador común. Y Johan Cruyff era el gran protagonista de entonces".

"Se ha ido una leyenda del deporte mundial, alguien que traspasó los colores de su camiseta y que cambió la forma de concebir y de jugar el fútbol. No hay rivalidad que te ciegue y no te deje reconocer quién fue y será por siempre uno de los más grandes jugadores de la historia, al lado de Di Stéfano, Pelé y Maradona. Me quedo con dos de sus frases, con las que me identifico:

<<Salid y disfrutad, porque así es como se suele ganar>>.

<<Las leyendas también pueden alimentarse de una derrota, sobre todo si juegas bien al fútbol y dejas un buen sabor de boca en los aficionados>>."

Sin abandonar la mirada a Sudamérica, Nacho Faerna rescata del olvido una faceta histórica de indudable categoría moral.  “Cruyff  en lo más alto de su carrera se negó a ir al Mundial de Argentina en protesta por la dictadura de Videla. No fue el único; Paul Breitner tampoco acudió por el mismo motivo. Yo a menudo echo de menos ese nivel de exposición y compromiso en las estrellas del fútbol actual, del deporte de élite en general. Ahora que a los jugadores se les exige ser modelo de conducta para todos los públicos, que la corrección política les obliga a comportarse como yernos ejemplares y, por tanto, a no decir o hacer nada que pueda molestar a nadie, nunca, en ninguna circunstancia, la figura de Cruyff nos recuerda que se puede ser un ídolo de masas, tener principios y defenderlos. Por eso también echaré de menos a Cruyff. Porque siempre es de agradecer que el adversario se merezca tu respeto”.

Rafa Moreno proclama: “Yo, que fui más joven, quise ver a Cruyff entrenar al Madrid. También somos las cosas insólitas que jamás podremos ver”.

Siro López decía en Twitter: "Se ha ido un grande. El Barça le tendrá que agradecer siempre a Cruyff el haber cambiado su historia.Como entrenador marcó un antes y un después".

Juanma Rodríguez decía en Libertad Digital: "Hay que ver cómo jugaba Cruyff al fútbol, cómo lo hizo en el Ajax y luego en el Barça, del mismo modo que uno se acerca a una obra de arte, al David de Miguel Ángel o a la Novena Sinfonía de Beethoven. La suya fue la oda al fútbol de un hombre irrepetible capaz de hacernos felices con un balón entre los pies, aunque fuera su cabeza la que lo ideara todo. Me imagino a los futbolistas de aquel Ajax o de aquel Barça repitiendo al unísono lo mismo que sus soldados le dijeron a César antes de cruzar el Rubicón: <<O César o nada, o Johan o nada>>".

Jorge García Vela dice: "Recuerdo más al Cruyff entrenador que al jugador, evidentemente, pero es en su versión como futbolista como más me gusta. Esa concepción “adiestefanada” que tenía del fútbol, jugando de todo y con mando en plaza, esa verticalidad y velocidad, ese cambio de ritmo y zancada, ese descaro y altanería, eran puro madridismo, aunque extrañamente jugase siempre en la otra acera".

"Conquistó muchos títulos, pero quizá su mayor hito fue esa oda al perdedor en la final del Mundial del 74, como un Rocky Balboa estiloso, que alzó la derrota en el campo a la victoria de eso que llamamos estilo. Fue en cambio como entrenador donde su legado se ha extendido más, tras ganar “in extremis” una Copa del Rey donde se jugaba el cuello. Hizo al Barcelona adulto y lo puso a competir de verdad con los grandes de Europa, le quitó complejos. En el estilo de aquel equipo cambió la historia del club este genial y chulesco talento, un gran rival que nunca cayó en la hipocresía de los valors y la humildat que vivimos ahora, y que revolucionó el fútbol mundial".

El Padre Suances dice: "Descansa en Paz, Johan. Que el Señor te reciba en su Reino. Que la alegría y autenticidad que siempre mostraste, tanto en los terrenos de juego como fuera de ellos, nos sirvan como recuerdo de tu figura. El Señor no mira el color de la camiseta de los que llaman a su puerta; sólo lo hecho con los talentos que Él nos da importa en la hora final. Y de talento, querido Johan, tú andabas sobrado".

Paul Tenorio afirma en Twitter: "El Madridismo (como tiene que ser) llora y honra al genio que revolucionó al Barça y lo puso, hasta hoy, a COMPETIR con el Madrid".

Jesús Bengoechea ha escrito estas líneas: "No recuerdo quién dijo que todas las muertes son la misma muerte. Lo son en el sentido de que todas remiten a lo mismo. Cuando sabemos que ha fallecido la máxima figura histórica de nuestro rival, no podemos evitar recordar la muerte de nuestra propia máxima figura histórica".

"Cruyff era su Di Stéfano. Hay que salvar muchas distancias para sostener esa afirmación, pero no tantas en el imaginario colectivo de nuestro archienemigo, que ahora intuimos de la misma materia que el nuestro: un(os) color(es); unos héroes; un padre fundador del heroísmo. Sólo la muerte obra semejantes desconciertos".

"Decía que hay innumerables diferencias. Una es (claro) el palmarés, pero hay otras. Mientras la relevancia de Cruyff en el Barça trasciende su papel como jugador e incluso como técnico, Di Stéfano no implantó un estilo, no al menos en lo táctico o lo técnico. Cruyff dejó un modelo que el Barça necesita, mientras Di Stéfano nos dejó eternamente huérfanos de él (del modelo y del propio D. Alfredo) es decir, desmodelados, a la intemperie, que es lo que -nos guste o no- mejor casa con el perfil kamikaze de nuestra épica".

"Ambos (y quizá esto emparenta también una muerte con otra) fueron altivos, libérrimos, procedentemente egoístas y frecuentemente improcedentes. A mí Cruyff, como madridista, me sacó mucho de quicio. No se me ocurre un mejor homenaje que decir esto. Un paradigma de autenticidad como él no habría compulsado como homenaje válido ningún ejercicio de hipocresía. No le vi jugar, pero lo sufrí mucho como entrenador y me costó soportar la alegre serenidad de su semblante tras ambos tenerifes. Su sonrisa, chupa-chups en ristre, decía: <<No me lo esperaba, pero a lo mejor me lo merezco>>".

"Conmovidos por esta muerte, que es en efecto la misma muerte de siempre, sólo nos resta ensayar un gesto de respeto al ideólogo de nuestra némesis por excelencia. Los cínicos afirman que nadie ha inventado nunca nada y puede que sea cierto, aunque Cruyff se quedó bien cerca de inventar de verdad. Fue un creador, un extraordinario jugador, un técnico revolucionario y un forjador de estilos. Descanse en paz y honor nuestro admirable adversario".

John Falstaff nos deja también su percepción acerca de Johan.

“En su lecho de muerte, Schubert pidió que le interpretaran el cuarteto de cuerdas Op. 131 de Beethoven. Esa fue la última música que escuchó en vida. A mí el fútbol de Cruyff siempre me sonó a cuarteto de cuerdas, porque su fútbol elegante, destilado y profundo tenía la maravillosa virtud de la sencillez, tan difícil. El fútbol de Cruyff huía de lo superfluo y buscaba la verdadera belleza, la que sólo está al alcance de los sabios, la que requiere de un proceso de decantación que la libre de impurezas".

"Hubo otro gran astro culé, Maradona, que estaba tocado por un talento sobrenatural. Maradona tenía la gracia de los elegidos, la capacidad de crear belleza como si la belleza fuera un juego de niños. En eso recuerda a Mozart: una personalidad inmadura e infantil improbablemente asociada a un talento desbordante y descomunal. Pero ninguno de ellos cambió la historia: ni Mozart cambió la historia de la música, ni Maradona lo hizo con la del fútbol. Lo suyo era la belleza por la belleza, la inconsciente capacidad de sublimar la realidad sin necesidad de modificarla".

"Cruyff, que quizás no tenía el talento de Maradona -parafraseando a Furtwängler, el fútbol de Cruyff se elevaba hacia el cielo; el de Maradona descendía de él-, fue sin embargo un visionario. El fútbol de Maradona deslumbraba más, pero iluminaba menos. Cruyff siempre fue un hombre con un propósito, y su propósito fue reinventar el fútbol, convertirlo en algo más hermoso todavía. La Holanda del 74 que él capitaneaba, la campeona moral del mundial de Alemania, llevó el fútbol para siempre a una nueva dimensión y sentó las bases de la supre