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¡Hala Madrid et rien de plus!

¡Hala Madrid et rien de plus!

Escrito por: Pepe Kollins11 marzo, 2017
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En ocasiones, mis amigos barcelonistas se asombran cuando les comento que su versión arbitral no es consecuente con la relación que su club guarda con el poder futbolístico desde hace casi dos décadas.

Cuando les explico que en el año 2004 Ángel María Villar ganó las elecciones a la presidencia de la Federación Española gracias a las triquiñuelas de Joan Gaspart -que logró cambiar a última hora el sentido del voto de un buen número de clubs-,  me miran con cara de no entender nada.

Cuando les relato que, a raíz de esos méritos, el hotelero fue nombrado vicepresidente y que su primera labor como tal fue posicionarse en favor de las reivindicaciones del colectivo de árbitros que –no es difícil descubrir inducidos por quién- señalaron a Florentino Pérez como su principal enemigo en la negociación del convenio, reaccionan como si escuchasen que Caperucita se ha comido al lobo.

Si les enumero que Joan Laporta era miembro del Consejo Estratégico de la UEFA, cargo que luego ocupó Josep María Bartomeu que, a su vez, pertenece a  la Comisión de Competición de Clubs de dicho organismo, o que el propio Villar comanda el estamento arbitral a nivel europeo desde el 2007, soy consciente, por la tensión de su vena carótida, que nuestra amistad comienza a correr peligro.

Y cuando por último les remato que Javier Tebas fue reelegido, hace tan solo unos meses,  presidente de la LFP con el apoyo del FC Barcelona y con el voto en contra del Real Madrid, con cuyo presidente mantiene un fuerte enfrentamiento, ya se bloquean de tal modo que recurren directamente al comodín de Franco. Y todavía me podría extender mucho más citándoles la totalidad de directivos barcelonistas infiltrados todos estos años en federaciones, ligas profesionales y organismos internacionales pero ni tengo tanto tiempo, ni deseo provocar ningún síncope culé. Y es que el objetivo de este texto es otro.

Hoy me propongo hablar de las consecuencias de ese poder al que el FC Barcelona se ha acostumbrado en los últimos tiempos y que ha derivado en una actitud de arrogante intolerancia que a menudo provoca situaciones tan rocambolescas como la sucedida anteayer, durante el transcurso del partido disputado entre el FC Barcelona y el PSG, cuando miembros de la seguridad azulgrana “invitaron” a Nicolás Sarkozy a abandonar el palco privado en el que estaba instalado por haber celebrado el gol de su equipo al grito de “¡Hala Madrid!”.

Hasta el día de hoy sabíamos que el club azulgrana había impedido la entrada a su estadio a aficionados que portasen la camiseta del Real Madrid. Alegaban motivos de seguridad, dando a entender que las posibilidades de que un hincha del equipo blanco fuera agredido, en cualquier sector del recinto, eran muy altas por más que su actitud fuera del todo correcta.

Posteriormente supimos del disgusto que provocó en la hinchada azulgrana que, durante el último clásico, se infiltraran miles de madridistas extranjeros que habían adquirido su derecho a acudir al partido en packs ofrecidos por touroperadores. Semanas atrás, las agencias habían anunciado en la prensa catalana su interés por alquilar carnets del Barça por un valor que duplicaba el coste anual del mismo. Cuando Sergio Ramos marcó el gol del empate se pudo comprobar no solo la enorme cantidad de socios que habían atendido a dicha oferta sino también la universalidad del club de Concha Espina. El Barcelona respondió, a lo que entendía como un ultraje, con un comunicado anunciando medidas para evitar que volviese a suceder.

Ayer, vivimos el último episodio del segregacionismo azulgrana con la expulsión de su localidad del que fue durante ocho años presidente de la República francesa. La prensa catalana es unánime a la hora de describir la acción de Sarkozy como una provocación. Algo que tampoco puede extrañar a nadie si entendemos que hablamos de una institución que no admite la menor disonancia en sus gradas, ya sea en forma de camiseta, celebración o cántico. Esta pretensión por preservar la pureza queda ratificada en la circunstancia de que los hechos sucedieran en un palco privado en donde el  ex mandatario galo se encontraba acompañado de jugadores del PSG. Siendo, por tanto, un lugar acotado se puede deducir que ni su supuesta provocación tuvo un gran alcance ni se le expulsaba por correr el menor peligro, máxime cuando damos por descontado, como es obvio, que el expresidente iría acompañado por su propia seguridad privada.

Se nos informa, no obstante, que al ex presidente de Francia se le permitió volver. No nos dicen si porque se comprometió a no dar más testimonio de madridismo o si porque los empleados azulgranas se dieron cuenta, por fin, del calibre de la personalidad a la que habían expulsado. Atendiendo incluso a una versión menor, ¿alguien se imagina la reacción que provocaría una expulsión de Artur Mas de un palco del Bernabéu por gritar Força Barça tras un gol de su equipo?

El caso es que si, en su ausencia, Sarkozy  se hubiese perdido el penalti de Mascherano a Di Maria, no estaría en una situación diferente a la de los millones de telespectadores que presenciaban el partido en su casa y que por gentileza del realizador de Mediapro también nos vimos privados de ver la jugada con cualquiera de las otras muchas tomas que el secuaz de Jaume Roures tendría a su disposición pero que en virtud de las directrices de su cadena  –afines al Barcelona en el segregacionismo-  no pudimos gozar.

Y por último cabe  plantearse la contrariedad, cuando no la enorme hipocresía, de una entidad que lleva cuatro años defendiendo el derecho de sus socios de pitar el himno de España en cada edición de la Copa del Rey en aras de la libertad de expresión –negando al resto de aficionados su legítimo derecho a escucharlo- pero que es incapaz de conceder el menor margen de expresión a sus rivales en su casa. La tremenda desfachatez de unas personas que cada año reclaman poder acudir al Bernabéu para presenciar una final a sus anchas, pero que denuncian como provocación –y censuran- la más nimia manifestación del equipo rival en su estadio.

Suerte tienen de que tras el bochorno que luego se vio en el terreno de juego a golpe de silbato Le Petit Napoleón no descolgara el teléfono. Por mucho menos que lo sucedido el miércoles ellos tomaron la Bastilla.

¡Hala Madrid et rien de plus!

Pepe Kollins
Redactor jefe de La Galerna. Nombre: Javier Alberdi @JavierAlberdi. Antaño participé activamente en Ecos del Balón, El Asombrario y The Last Journo. Coordinador y coautor del libro "Héroes": https://bit.ly/2JC6kwx

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