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Guardiola contra el Real Madrid

Guardiola contra el Real Madrid

Escrito por: Amiguete Barney6 agosto, 2020
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El rey de Europa contra el "estilo" de Pep

Vaya por delante que Pep Guardiola me parece un excelente entrenador de fútbol, alguien con quien puedo no estar de acuerdo en determinadas posturas y opiniones personales, pero al que hay que reconocer sus méritos en los banquillos. Los méritos reales, no los que le atribuyen erróneamente algunos medios en el endiosamiento habitual con el que suelen tratar al de Santpedor.

Los equipos de Guardiola juegan bien al fútbol, de una manera reconocible: presión alta, posesión, mucho control y toque desde atrás, no desde la defensa, sino desde el propio portero. Podrá gustarnos más o menos ese estilo de toque y posesión llevado hasta el paroxismo por algunos como Setién (lo que en balonmano sería sancionado como “pasividad”), pero hay que reconocer la habilidad de Guardiola para lograr que equipos tan diferentes como el Barça, el Bayern de Múnich y el Manchester City jueguen con un estilo propio. A eso han ayudado también otros factores, como llegar a equipos formados y con una base sólida, y sobre todo un talonario con fondos ilimitados.

Guardiola es un entrenador ultracompetitivo, alguien que va a utilizar todo cuanto esté a su alcance para lograr el triunfo. En eso no se distingue del portugués Mourinho, solo que este lo hace a pecho descubierto y de manera aparatosa. El catalán es más ladino, menos directo, utiliza subterfugios de todo tipo mientras presume falsamente de una honestidad extrema. Desde que Guardiola accedió a los banquillos de primer nivel, allá por el verano de 2008, sus equipos se han enfrentado con el Real Madrid en Champions en tres ocasiones. Y en las tres se ha podido percibir otro de los grandes rasgos de la personalidad de Guardiola que logra transmitir a sus equipos: la teatralidad.

Semifinales de la temporada 2010-11: la tibia partida de Dani Alves

Los madridistas tenemos esta eliminatoria atravesada por una jugada, la de Pepe con Dani Alves, pero tuvo mucho más. Por recordar cómo se llegó a ese partido hay que remontarse unos meses atrás. El Real Madrid contrató a José Mourinho para frenar al Barça de Guardiola del mismo modo que lo había logrado un año antes con el Inter de Milán (tras aguantar con diez en el Camp Nou, teatro de Busquets mediante). Sin embargo, su debut no pudo ser más desafortunado y cayó estrepitosamente por 5-0 en el Camp Nou.

Unos meses después, la suerte y el calendario quisieron que el Madrid y el Barça disputaran 4 partidos en apenas 18 días: la vuelta en Liga, la final de Copa del Rey y las semifinales de Champions. El Madrid acabó tres de esos cuatro partidos con un jugador menos. Un detalle “menor”.

Mourinho planteó esos partidos reforzando el centro del campo, proponiendo una batalla en toda regla por cada balón para evitar que los centrocampistas culés se manejaran con la comodidad con la que lo habían hecho en otros partidos. Su apuesta táctica fue poner a Pepe en el centro y funcionó en la final de Mestalla, en aquella épica victoria en la prórroga por 1-0. Quedaban siete días para las semifinales de Champions y cada uno de los técnicos empezó a jugar su partido. En Mestalla vimos algunos detalles feos, como que en varios de los choques algunos jugadores culés se llevaron la mano a la cara como si hubieran recibido una agresión. La tarjeta a “Manolito” Adebayor por la simulación de Mascherano fue un “camino” a seguir por los de Guardiola. Pero lo peor era el acorralamiento al árbitro por parte de los jugadores blaugranas pidiendo tarjeta después de cada lance. Tengo claro que eran acciones coordinadas y coreografiadas porque en un equipo de bajitos (Messi, Iniesta, Xavi, Pedro, Alves, Villa) siempre eran los altos los que intimidaban al colegiado: Piqué, Puyol, Busquets, Touré Yayá, Milito o Keita, más Víctor Valdés que acudía corriendo como un poseso desde cincuenta metros de distancia.

Tarde de expectación, tarde de decepción. Aquel Madrid-Barça del 27 de abril de 2011 fue uno de los peores partidos de Champions que recuerdo. Mourinho planteó el partido para que no se jugara y acudir a Barcelona con un 0-0. Guardiola no iba a arriesgar, así que tuvimos casi una hora de partido sin apenas ocasiones. 74 por ciento de posesión de los catalanes. Lo que sí vimos fue la repetición del fingimiento exagerado de los jugadores culés. Busquets, Villa y Pedro se llevaron la mano a la cara varias veces y se quedaron tendidos en el césped con aparente dolor, pese a que las repeticiones dejaron claro que los contactos habían sido en el hombro o el pecho. Y que Busquets no había dicho “mucho morro”.

La jugada decisiva sucedió en el minuto 61. Pepe entró con mucha fuerza a un balón dividido y Dani Alves se giró hasta dos veces sobre su propio tronco como si lo hubieran matado. De no haber sido Alves habría pensado que realmente le había partido la tibia por tres sitios. El corrillo de jugadores culés rodeó, acorraló e intimidó de nuevo al árbitro que, esta vez sí, picó: roja directa para Pepe. Fue excesiva, sobre todo si comparamos con la entrada violenta de Mascherano sobre el propio Pepe apenas tres minutos antes:

O con esta entrada de Sergio Busquets sobre Xabi Alonso en la final de Copa:

O esta otra, tiempo después durante un Portugal-Bosnia de selecciones.

Es curioso, porque el que recibe la entrada con los tacos es el propio Pepe y el árbitro, el mismo Wolfgang Stark. Un cambio de criterio sustancial. En todas estas jugadas hubo dos diferencias fundamentales: una, que los jugadores del Madrid se levantaron rápido del suelo, y dos, que no hubo un corrillo presionando al árbitro.

Yo no quiero entrar a valorar la jugada, si hubo contacto o no, solo voy a repetir las palabras que dijo Rio Ferdinand, ex central del Manchester United, tras ver la jugada: “Si me veis alguna vez salir del campo en una camilla y después entrar corriendo de nuevo, tenéis permiso para entrarme con los tacos”. Sin Pepe sobre el terreno de juego, que había contenido el centro del campo barcelonista, aumentaron los huecos y llegaron los dos goles de Messi.

Luego vendría la rajada de Mourinho sobre Unicef y los “¿por qué?”, su sanción y multa, y sin necesidad de jugar el partido de vuelta supimos que el Madrid no iba a pasar esa eliminatoria. Si durante el partido surgía una mínima oportunidad (como ocurrió con el gol anulado a Higuaín o la no-falta de Di María a Puyol cuando se quedaba solo), nos la iban a cercenar, que fue lo que ocurrió. El 1-1 del Camp Nou fue insuficiente y los de Guardiola avanzaron a la final de Wembley. Sinceramente, yo no creo que el Madrid hiciera méritos para pasar aquella eliminatoria, por más que los más mourinhistas defiendan (y no les falta razón) que jugando once contra once el resultado fue favorable a los nuestros. Creo que Mou jugó a intentar repetir la final de Mestalla en el Camp Nou y me da mucha rabia que se lo impidieran.

La revancha que no se produjo

El mundo del fútbol esperaba un nuevo Madrid-Barça, ese duelo Mourinho-Pep en la final de una Champions y la temporada 2011-12 parecía la más propicia. Ambos equipos jugaban la vuelta de semifinales en su propio estadio y los resultados de la ida permitían presagiar una posible final española. El Barça ganaba 2-0 al Chelsea y jugaba “extrañamente” contra diez en su campo, pero se dejó sorprender por los ingleses (hasta Torres nos pareció veloz en la última contra). El Madrid también vencía por 2-0 al Bayern de Múnich, pero dilapidó su ventaja y los fallos de Kaká, Cristiano y Ramos en los penaltis nos hundieron. En aquella derrota, en el dolor de Ramos y Cristiano, pero sobre todo en las burlas de Neuer, está el germen del victorioso duelo posterior.

Los árboles que no ardieron en Múnich

Semifinales de la temporada 2013-14: Real Madrid – Bayern de Múnich.

Carlo Ancelotti sucedió al portugués Mourinho en el Real Madrid tras una tercera temporada decepcionante. Por su parte, Guardiola se reincorporó al mundo del fútbol tras un año sabático y tomó las riendas de un Bayern de Múnich campeón de todo (Liga, Copa y Champions el año anterior con Jupp Heynckes). Durante su estancia en el banquillo del Bayern debilitó a su máximo rival en la Bundesliga quitándole a Lewandowski, Gotze y Hummels, luego ganar la Liga se convirtió en algo rutinario: el objetivo era dominar en Europa.

El partido de ida fue un monólogo de posesión de los foráneos, más del setenta por ciento, pero sin apenas ocasiones. Por su parte el Madrid fue fiel a su estilo, mucho más vertical: Cristiano para Coentrao por su banda, centro del lateral portugués y gol de Karim Benzema. Poco más de tres toques y un gol que podía valer oro en Múnich.

Los alemanes calentaron el partido de vuelta con declaraciones sobre el fuego del infierno que iba a arder junto al Allianz Arena y cosas por el estilo. El escenario era de los menos propicios para los blancos en toda su historia en Europa: nunca habían salido victoriosos de ese estadio. Pep Guardiola fue más prudente que los directivos bávaros. Su equipo había dominado en el Bernabéu, pero volvía a Alemania con la obligación de remontar.

A los veinte minutos de partido, dos cabezazos de Sergio Ramos habían puesto tierra de por medio. Una falta lateral, un córner y una mirada directa del central de Camas al portero alemán Neuer. El resto del partido fue una demostración de pases horizontales de los locales, sin apenas profundidad. Por el contrario, a cada balón perdido los madridistas salían como