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El fondo de armario volvió

El fondo de armario volvió

Escrito por: Antonio Escohotado1 febrero, 2019
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Convertido en costumbre, jugar muy bien va revelando también las costuras de semejante logro, que no solo remite a la plenitud psicosomática de bastantes jugadores, sino a la capacidad para jugar coordinamente. Me pregunto qué hará de nuevo Solari en los entrenamientos, para conseguir que un día tras otro sus pupilos logren cultivar el principio ganador por excelencia, basado en robar sin ser robado la mayoría de las veces.

Observando lance a lance, apenas hay rastro de la pauta odiosa que era correr gran parte del tiempo hacia atrás, porque cuando los ataques no resultaban abortados por la precipitación morían en la infantil práctica de poner balones a olla, y partido tras partido –tanto daba ganados como perdidos o empatados- el silbido final dejaba la sensación de algo estructuralmente defectuoso. Grandes cracks, acompañados por compañeros de nivel alto o muy alto, conseguían hazañas aquí y allá; pero o bien sobraban prisas o bien faltaba un escalonamiento de los apoyos, y frecuentemente la presión del rival bastaba para ir empeorando en vez de mejorando las perspectivas abiertas por cada recuperación.

Sigo sin saber qué hará Solari de singular en los entrenamientos, aunque se me antoja evidente que por el momento juegan uno para todos y todos para uno, como los mosqueteros de Dumas, y de dar la impresión de ser 10 contra 11 pasaron a parecer más bien 12. Parte del cambio debe atribuirse a que este míster ignora los galones, tan respetados por algunos predecesores, y gracias a ello han tenido ocasión de demostrar su valía no pocos aspirantes a banquillo. Sin embargo, algo más subyace a la falta de prisas en general, a que se juegue al espacio en vez de al pie, a que no se telegrafíen los envíos, etcétera.

Va arraigando en cada uno la debida amalgama de confianza y sacrificio; los pases al primer toque alternan con desmarques incesantes, todos se ofrecen, y algunos jugadores –como Benzema, Varane y Llorente- alcanzan cotas difíciles de superar. Asensio añadió a su superclase muestras de ardor en el empeño, como contagiado por el espíritu mosquetero, y Vinicius sigue pasmándome no solo por el ímpetu de su arrancada sino por la versatilidad de sus recursos para regatear y pasar. Temo que Ceballos sigue perdiendo balones en zonas muy comprometidas, y que exagerar los efectos de un manotazo –cayendo como fulminado por Mike Tyson- pudo costar un gol. También me sorprendió la nulidad de Navas para sacar con el pie, aunque ambos cumpliesen bien en otros aspectos del juego.

Resulta que hay equipo para dar y tomar, cosa tanto más estimulante cuanto que las señales de lo contrario se cernían en el horizonte.

Escritor de una veintena de obras de referencia, como Historia General de las Drogas, Caos y Orden o Los Enemigos del Comercio. Su hijo Jorge administra sus RRSS. @aescohotado

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