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Florentino, el Gran Maestre

Florentino, el Gran Maestre

Escrito por: Antonio Valderrama29 agosto, 2016
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Medianoche en Gotham. En la última planta del rascacielos más alto y oscuro de la ciudad, una tenue luz brilla todavía. Es la de la lamparita del enorme escritorio de caoba delante del cual, sentado en una silla giratoria hecha con piel de cocodrilo del Nilo, un hombre con gafas acaricia un gato de angora mientras habla por teléfono. Su tono es el de quien está acostumbrado a mandar: órdenes secas que no repite. Cuando cuelga, el sillón se vuelve hacia la gran ventana del despacho, a cuyos pies la ciudad se despliega como el plano infinito y claroscuro de un campo de batalla. El hombre, sosteniendo al gato que dormita arrullado en su regazo, musita distraídamente, mirando hacia el horizonte: “Todo está atado y bien atado”. Tras un rato largo de contemplación embelesada del relieve urbano, cargado de matices luminosos, de puntitos de neón que titilan, de la bruma sucia y magnética que la polución hace flotar sobre todas las ciudades, el hombre se gira de nuevo hacia la mesa. Aprieta un botón disimulado en una esquina del escritorio y murmura sobre el interfono: “Marcelo, prepárame el coche. Vamos a Valdebebas”.

Gotham

Esta es la imagen de Florentino Pérez que poco más o menos cierta parte del antimadridismo proyecta con sus comentarios, artículos de opinión y editoriales. La de una eminencia gris que todo lo puede entre bastidores; la del miembro del Club Bilderberg que gobierna España por mediación de uno de sus consiglieres de ACS a quien mandó vivir en un búnker debajo del despacho de Rajoy en La Moncloa; la del todopoderoso magnate que reescribe las leyes, etcétera. Cada cierto tiempo emerge el tópico. Siempre sobrevuela el debate público: cada vez que no le pitan un penalti en contra al Madrid, o se lo pitan a favor; cada vez que el Madrid ficha a alguien por más de 50 millones; cada vez que el Madrid firma un nuevo contrato de patrocinio o publicidad, o cada vez que, sencillamente, alguien necesita, políticamente, agrupar en torno a sí a una multitud de almas cándidas dispuestas a todo con tal de que les expliquen, en un minuto, cuáles son los problemas del mundo.

Pero ésta no es una cuestión en exclusiva del antimadridismo. Desde Izquierda Unida hasta el obispo de Barcelona; desde Alfredo Relaño hasta el Movimiento Ámbar. Como en aquellos carteles aliados durante la I Guerra Mundial, en los que un ogro con forma de humanoide, terrible y monstruoso, salía atravesando con su bayoneta a una dulce jovenzuela indefensa, la figura pública de Florentino se ha convertido en una bandera de enganche para todo tipo de conspiranoicos, demagogos y agitadores. Con motivo de este último sorteo de la Copa de Europa, y en especial de los que depararon los cruces en la pasada edición, hemos tenido el último ejemplo de toda esta narrativa.

Florentino, el poder fáctico. Florentino, el hombre que le susurra al IBEX 35. Florentino, el que como Franco en 1956, teje los hilos que mueven Europa; aquel para el que no hay ningún límite. Florentino, avida dollar, como decía Dalí. Si Florentino hiciera todo lo que sus enemigos dicen que hace, sería la famosa conspiración judeo-masónica hecha carne. Sería Dios. Sus odiadores más sutiles sugieren que pone y quita ministros y que fulmina tres periodistas cada vez que desayuna. Los más zafios, que cose, descose y remienda al Madrid como si fuera su traje, que se ajusta a la medida y como le place, con el único fin de lucrarse vilmente. Si uno se encierra en un refugio antinuclear con ciertos periódicos y la wifi restringida a según qué webs, acaba de fijo con un gorrito de papel de plata en la cabeza, asegurando que Florentino es el quinto jinete del Apocalipsis y que el fin está muy cerca.

Lo único comprobable es que Florentino es un presidente benefactor: salvó al Madrid de dos cataclismos, ejecutó las actualizaciones que se le amontonaban al software, introdujo al Madrid en el siglo XXI y lo promovió a la cumbre deportiva, financiera, institucional y social del fútbol contemporáneo. Ha de cargar con varias cruces que en España pesan mucho: es un empresario de renombre, hace ganar al Madrid mucho dinero y aspira cada día a que el club siga siendo el mejor, el referente, el rey. Estas cosas, como el vestir bien, el ponerse corbata, el ganar mucho o el no tener complejos, no están bien vistas. No están de moda, contravienen puritanismos y corsés, provocan malestar: como los autócratas, los fanáticos y los mediocres, hay quien precisa de un gran enemigo esencial bajo el que esconder todas las deficiencias y todas las pequeñas tragedias propias. Florentino es esa figura oscura que se ha elegido desde muchas tribunas para catalizar todas las penas negras de quienes vivirían mejor en un mundo en blanco y en negro. En un mundo mendaz, que creyera de verdad en bolas calientes.