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Fernando Serena: el hombre de la Sexta

Fernando Serena: el hombre de la Sexta

Escrito por: Alberto Cosín27 agosto, 2015
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El canterano Fernando Serena inscribió su nombre con letras de oro en la historia merengue un 11 de mayo de 1966. El Real Madrid empataba a uno con el Partizan de Belgrado en la final de la Copa de Europa y a poco más de catorce minutos para el final un formidable chut suyo dio el título a los blancos. Un tanto muy meritorio, teniendo en cuenta que entre sus mejores virtudes no estaba el olfato de gol.

Madrileño de nacimiento, ingresó en las categorías inferiores del Real Madrid en infantiles jugando siempre cerca de la cal. Extremo derecho hábil, de buena punta de velocidad y elegancia en el regate, tenía una enorme facilidad para poner centros precisos con rosca con su pierna diestra.

Satellite - Foto Real Madrid

A principios de los 60 jugó en el Plus Ultra en Segunda (filial blanco por entonces,) y poco después se marchó cedido al Osasuna para foguearse en la Primera División. Con los navarros destacó en las temporadas 61-62 y 62-63 al lado de hombres como Zoco y Fusté. Marcó seis y tres goles en la competición doméstica aunque no pudo evitar el descenso de categoría de los rojillos en 1963.

Los dirigentes blancos aprobaron su regreso y tras el verano del 63 fue a todos los efectos futbolista de la primera plantilla dirigida por Miguel Muñoz. Por aquella época Amancio y Félix Ruiz le apartaban del once inicial, y apenas disputó una docena de encuentros entre Liga y Copa. Lo más positivo es que formó parte de un plantel campeón liguero por cuarta vez consecutiva tras superar al F.C. Barcelona en la tabla por cuatro puntos.

Su participación el curso posterior creció al aprovechar las ausencias por lesión de Félix Ruiz. Amancio pasó a la posición del navarro y Serena entró en la alineación base del cuadro blanco en la banda derecha. Firmó seis dianas en Liga, con un recordado doblete frente al Betis, y amplió su palmarés con otro título liguero, el quinto de una etapa hegemónica blanca en el torneo nacional.

Su gran año llegó en la temporada 65-66. En la competición doméstica se repartió los partidos y los minutos con Ruiz y saltó al terreno de juego en 12 ocasiones, logrando un total de dos dianas ante Mallorca y Real Zaragoza. En la Copa de Europa sí disfrutó de más continuidad y, tras jugar ante el Feyenoord en la vuelta de dieciseisavos y el Anderlecht en la ida de cuartos, fue fijo en las semifinales contra el Inter y en la finalísima frente al Partizan. Después de derrotar a los nerazzurri los merengues levantaron el trofeo continental en Bruselas gracias a Serena. El partido iba 1-1 hasta que el madrileño controló un envío de Pachín y soltó un latigazo con la derecha que sobrepasó al arquero plavi Soskic.

Sin embargo ese tanto no le sirvió para consolidarse en las alineaciones blancas y, aunque permaneció dos campañas más en las que el Real Madrid alzó la Liga, lo hizo ayudando mayoritariamente desde el banquillo. En la temporada 66-67 jugó once duelos de Liga y fue titular en la Copa Intercontinental que el equipo merengue no pudo llevar a sus vitrinas tras perder por un global de 4-0 frente a Peñarol. Un año más tarde su papel fue menor aún y únicamente tuvo minutos en seis partidos del torneo de la regularidad. Además su despedida no fue la más alegre al disputar su último partido en la final de Copa del año 68, choque que se llevó el Barcelona tras el célebre autogol de Zunzunegui y un arbitraje horrible de Rigo.

Tras su salida de la entidad blanca fichó por el Elche, con el que disputó un par de temporadas en la élite del balompié español, para posteriormente terminar su carrera en el Sant Andreu. Con el cuadro barcelonés fue un fijo durante seis campañas en Segunda División marcando un total de 18 dianas. Pese a que en un par de cursos estuvieron cerca de ascender, en su último año ayudó al Sant Andreu a mantenerse tras doblegar en la eliminatoria por la permanencia al Huesca. Era 1976, momento en el que Serena colgaba las botas con 35 años.

La gran competencia en aquella época en el flanco derecho le impidió ser un habitual de la selección española. Únicamente José Villalonga contó con él para un partido amistoso y por entonces militaba en el Osasuna. Suplente de inicio, salió en la segunda mitad sustituyendo a Collar en un duelo frente a Francia en el Camp Nou que concluyó sin goles.

Posteriormente fijó su residencia en Pamplona y, aunque trabajó en una empresa farmacéutica, no se alejó del balompié al formar parte activa de la Asociación de Veteranos del Club Atlético Osasuna.