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La nueva normalidad del trueque

La nueva normalidad del trueque

Escrito por: Van Cleef13 junio, 2020
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Alicia ya se estaba vistiendo mientras su marido, Jordi, terminaba de despertarse dándose una ducha. Escuchó a la peque —a la cual había dejado sentada en la tacita de váter de su cuarto— comenzando a gimotear. Y se dirigió hacia allí a ver qué pasaba.

—¡Mami! ¡Papel rasca culito! ¡Buuaaaaa...!

—¡Vaya por dios, cariño! Papel malo malote. Toma, límpiate con esta corbata de tu padre. Verás qué suave es...

Ya estaba harta de que Jordi hiciera negocios con el FC Barcelona. Su marido tenía una empresa de servicios informáticos. Y dichos servicios el Barcelona los pagaba siempre en especias, como era lo habitual en todo el mundo desde que el trueque se había implantado oficialmente hacía unos años. Pero tales especias no eran a menudo de la mejor calidad.

Jordi salió de la ducha y corrió a vestirse. Tenía una importante reunión con unos directivos del Barça y ya iba con el tiempo justo. Mientras se ponía los pantalones, Alicia entró en la habitación y dialogaron un poco acerca de aquella reunión

—Voy a venderles un software que analiza instantáneamente todos los trueques del mercado de futbolistas. Creo que conseguiré un buen precio por él.

—Pues procura que esta vez no te paguen en lotes de papel higiénico. ¡Es de pésima calidad!

—Ok; lo tendré en cuenta. Estimo que podré sacarles unas 500 butifarras, 30 kilos de calçots, 10 kilos de panellets, 10 entradas para ver el Clásico y 100 camisetas de Messi.

—Estupendo, cariño. Hablando de camisetas... Me llevo una de Lautaro para comprarme unas bragas y unas medias.

—Muy bien. Mejor llévate otra más y de paso compras un kilo de chuletas de cordero. Me apetecen para cenar... Oye, ¿has visto mi corbata con escudos del Barça? ¡No la encuentro!

—¿Tu corbata? Ejem... no... no la he visto...

Años atrás, una conocidísima pandemia había conseguido que el dinero en metálico dejase de existir. Todas las operaciones mercantiles comenzaron a realizarse a través de tarjetas de crédito o transacciones bancarias electrónicas. Pero eso no satisfizo del todo las necesidades del FC Barcelona.

El FC Barcelona era, probablemente, la institución más importante, eminente, trascendental e influyente a nivel mundial. Y por si eso fuera poco, contaba con la presencia de D10S en sus filas. Y como al FC Barcelona le interesaba la institucionalización de la figura del trueque, no pasó demasiado tiempo hasta que el mundo entero acató dicha figura como moneda de cambio a todos los niveles.

Al principio costó un poco a la población adaptarse a esa nueva normalidad. Pero poco a poco se fue acostumbrando y el trueque se convirtió en el pan nuestro de cada día en todas y cada una de las actividades cotidianas. Era algo tan natural como llevar mascarilla y uno veía trocar constantemente en todas partes. En El Corte Inglés, por ejemplo:

—Me gusta esta chaqueta de piel, señorita. ¿Qué puedo ofrecerle a cambio? Soy mecánico de automóviles.

—Verónica, acompaña a este caballero al garaje y que arregle la furgoneta de reparto averiada.

En la pescadería:

—Hola, Fernando. Dame un kilo de sardinas, medio de congrio abierto y cuatro salmonetes.

—No pensará en pagarme otra vez con calcetines de lana hechos a mano, señora Venancia...

—Esta vez te traigo una bufanda monísima.

—¡Pero si está empezando el verano, Venancia..!

En la peluquería:

—Hola, Begoña.

—Hola, Marta. ¿Lo quieres como siempre?

—Sí, más o menos. Lavado y corte garçon con flequillo y unas mechas rubias. Yo, mientras tanto, te voy haciendo la declaración de la renta...

En el gimnasio:

—Lo siento. No acepto que me pagues con cartones de tabaco. ¡Yo solo conozco gente muy sana! ¿A quién se los voy a canjear?

—¿Y de verdad tampoco quieres este grueso fajo de billetes de 50 €, ideal para coleccionistas nostálgicos...?

—¡Bah! Papelotes sin ningún valor.

En el estanco:

—Lo siento. Ni solo un paquetito ni nada. ¿Qué carajo voy a hacer yo con unos folletos de "Cómo dejar de fumar"?

En la tienda oficial del Real Madrid:

—Me llevo esta camiseta de Hazard, esta de Ramos y esta de Benzemá. A cambio, y con gran pesar, le hago entrega de esta otra de Stoichkov, firmada por él mismo y con reseña y dedicatoria especial de Pep Guardiola.

—Verónica, avisa a Seguridad. Que cierren todas las salidas. Llama a la policía. Me temo que aquí va a ocurrir algún incidente sonado...

En la panadería:

—A ver, Ramiro, dame dos barras de pan y te cuento un chiste que nunca olvidarán tus amigotes. Triunfarás con él, te lo aseguro.

—Primero el chiste, no vaya a ser que no valga ni medio bollo...

En la gasolinera:

—¿Cuantos litros de 98 octanos me pone por estas perdices?

—¿Están muertas?

—No. Es que les gusta dormir cabeza abajo... ¡Pues claro que están muertas!

—Oiga, oiga... Más respeto. A ver, le doy 15 litros y nada de regateos...

En la joyería:

—¿Cuántos sacos como éste por ese anillo de ahí?

—Por favor, quite esas patatas de encima del mostrador. Está ensuciando el cristal.

En la partida de póquer clandestina:

—Apuesto y pongo sobre la mesa mi reloj de oro.

—Veo con un reloj como el tuyo. Y subo con esta chupa de cuero Saint Laurent.

—Pues ahí van mi reloj, mi cazadora y subo la apuesta con este jamón de bellota.

—¡Quita de ahí ese jamón, hombre, que me manchas la chupa!

En el parquímetro:

"Por favor, introduzca sus productos por la ranura en función del tiempo estimado"

Precios orientativos:

Un kilo de cebollas o similares: 15 minutos

Un litro de leche extra o similares: 30 minutos

Una chuleta de ternera o similares: 1 hora

Un centollo o similares: 2 horas

En la piscina:

—¿Cuánto cuesta la entrada?

—¿Qué me puede ofrecer?

—Pues... ¡Ya lo ve! Únicamente el bañador. ¿Admiten nudistas aquí...?

En la ferretería:

—Quisiera un destornillador de estrella. Y tacos y tirafondos del seis. A cambio, le puedo ofrecer estas novelas del oeste que son una auténtica joya.

—Vamos a ver... Marcial Lafuente Estefanía... No están en demasiado buen estado... Hay muchas hojas con el borde superior doblado... Y hasta se intuye la saliva aplicada con el dedo para ayudarse a pasar página... Lo cual, es un gran inconveniente en tiempos de coronavirus, ¿sabe..?

—Añado unos guantes de goma y un bote de desinfectante.

—Trato hecho.

En el quiosco de prensa:

- Me llevo el As, el Sport y el Mundo Deportivo. ¿Qué quiere a cambio?

—Su perro es un caniche, ¿verdad? Parece muy simpático. Y bien educado. Siempre he querido tener uno así...

—Espere un momento... ¿Me está insinuando que quiere mi perro a cambio de unos diarios de periodismo deportivo...?

—No olvide que se trata del mejor periodismo del mundo... Además... Estoy seguro de que no ha caido en un detalle importante para una persona de evidente seny como usted... Su perro es blanco...

—¿Qué? Anda... Osti, tú... Pues... Tome, tome. Se llama "Scubi". Y no le de la cena muy tarde, que luego suelta flatulencias...

En el taxi:

—Tengo que ir al Camp Nou. Le ofrezco una camiseta de Dembelé y otra de Semedo.

—¿Está usted de broma? Salga de mi taxi.

—Espere, espere. Le daré también una de Piqué y un silbato de Aytekin.

—Eso ya es otra cosa. Vamos allá.

—Me llamo Jordi.

—Pues mucho gusto. Intuyo que es usted bastante culé, Jordi. Se dirige al Camp Nou y lleva una corbata a rayas rojas y azules.

—Tengo otra que es aún más culé. Pero no sé qué demonios ha pasado hoy con ella... ¿Usted también es culé?

—Yo soy del Español.

—¡...! Vaya...

—Pero no se preocupe. Le llevaré sin dar rodeos por toda la ciudad. Desde que se implantó el trueque hay que acordar los precios antes de los viajes. ¿Sabía que desde entonces se ha reducido el tiempo de los desplazamientos en taxi un setenta y ocho por ciento...?

Un rato después, Jordi estaba sentado en un despacho del Camp Nou con un par de directivos del Barça, demostrándoles las grandes ventajas de su software. Parecían encantados con él, pero en sus semblantes se advertía una cierta incomodidad y algo de tristeza.

—Su software es estupendo y nos interesa mucho. Pero... tendrá que esperar un par de años hasta que reunamos las especias suficientes para pagarle.

—¡Dos años! ¿Pero cómo es posible? ¡Con todos los recursos de que dispone el Barça...!

—Hay una poderosa razón para esa espera. Pero seguro que le alegrará mucho.

—¿Cuál?

—¡Messi ha renovado contrato!

 

 

Madridista perdido y sin deseos de ser encontrado. Le gusta usar todos los sentidos, aunque carece por completo del común y el del humor.

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