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El Barça y las triquiñuelas contables para evitar perdidas

El Barça y las triquiñuelas contables para evitar perdidas

Escrito por: Tomas J.Rubio12 marzo, 2020
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La RAE define triquiñuela como “rodeo, efugio, artería” siendo una acepción de esta última, “amaño, astucia que se emplea para algún fin”.

Llevada esta definición al siempre complejo (y para algunos imaginativo) mundo de la Contabilidad, no queda otra que afirmar que, al menos, pulcro no se está siendo con los números en el FC Barcelona. Pero esto no es nuevo, tiene un pasado y tiene un porqué.

Vaya por delante que cuando se recurre a triquiñuelas contables o a las famosas ingenierías negociales (sic) de Sandro Rosell, se intenta tapar un agujero económico dando una patada a seguir.

Primero porque recurrir a estos subterfugios económicos puede ser legal, de hecho las triquiñuelas de las que voy a hablar lo son (no así la ingeniería negocial del fichaje de Neymar) pero sobre todo porque pocos o ninguno te van a rebatir o a apretar pidiendo alguna explicación. Por supuesto nunca la prensa, ya que hay muchas tripas agradecidas que han de seguir comiendo y, además, hoy casi todo es clickbait. Investigar y contrastar no se lleva. Algunos medios prefieren seguir contando con los ingresos por las promociones de los clubes y a muchos otros, les valen los ingresos por pinchazo y sólo venden porquería.

Y luego por los socios de los clubes. Sólo conozco uno en Can Barça (en el Real hay más casos) que denunciara, Jordi Cases, que tuvo que aguantar de todo. Tan mal le fue que acabó retirando la demanda ante las presiones sufridas que terminaron con una carta firmada por el propio Bartomeu en el que le “agradecía su decisión debido a la inexistencia de conducta con relevancia penal y perjuicio para el club”. Nadie le echó en cara esta mentira a Bartomeu aunque el caso terminara con el Barça reconociendo la comisión de dos delitos fiscales. Y todavía queda el caso Neymar 2 que sigue en periodo de instrucción.

Escribía que todo tiene un pasado. En este caso son dos. El primero, la implantación del Fair Play Financiero por parte de la UEFA que venía a poner coto a los desmanes de los clubes. Aunque no a todos ya que en Qatar el Jeque sigue montando a camello con la tranquilidad del que se escapó por la gatera de una argucia procesal que, para mayor inri, no fue mérito de sus caros abogados sino de los de la UEFA a los que se “les pasó” el periodo para recurrir. Alucinante es poco. A los meses de este vergonzante cierre en falso, la casualidad quiso que Al-Khelaifi fuese nombrado miembro del Comité Ejecutivo de la UEFA. Los aficionados nos la tenemos que tragar pero, ¿y los clubes por qué permiten esto?

Y segundo, Bartomeu le debe (casi) todo en el Barça a Sandro Rosell. Es cierto que, al igual que Rosell, llegó al club con Laporta pero fue Rosell el que le nombró vicepresidente deportivo, cargo que sigue ocupando hoy. Es el máximo responsable del área deportiva y el responsable último, como presidente, de las cuentas del club. Y esta es la clave de bóveda del asunto, las cuentas. Rosell demandó a Laporta por unas pérdidas durante su gestión, demanda que dejó morir el club en octubre de 2014 cuando no fue admitida a pesar de reconocer en un comunicado que el juez había visto las mismas perdidas que ellos denunciaron. Bartomeu la dejó morir porque Rosell ya no presidía el club por haber dimitido por el escándalo del fichaje de Neymar.

Y con el fichaje Neymar empezó todo. Fue un logro basado en la “ingeniería negocial” como defendió el propio Rosell en un comunicado a raíz de un informe de la Fiscalía de la Audiencia Nacional. Dos semanas más tarde presentó su dimisión irrevocable sorpresivamente, ¿por qué si según él todo se hizo de forma legal?. Porque no lo era y corría peligro. Hoy es casi imposible saber el coste real del fichaje de Neymar pero entre traspaso, comisiones, multas y demás, debe andar cerca de los 150 millones € que dijo Florentino que hubiera supuesto su contratación. Y lo que todavía queda por juzgarse puede aumentar más si cabe esta cifra.

 

Pero como todo sistema para jugar con las cartas marcadas requiere perfeccionamiento a base de prueba y error, y vista que la adulteración de un fichaje vía partición de contratos conlleva delitos (y otra condena al club por delito fiscal podría acarrear su desaparición), toca encontrar otro subterfugio. Legal aparentemente y que suponga el mismo resultado, tapar la descabalgada deuda dando una patada a seguir para que lo pague otro. Así surgieron las “triquiñuelas contables”.

De la primera que se tiene constancia fue el trueque Cillessen-Neto. A pocos días del cierre contable anual, 30 de junio, el Valencia y el Barça llegaban a un acuerdo para el trueque de ambos porteros. Hasta aquí todo normal, lo estrafalario fueron los valores contables de ambos así como las condiciones de los supuestos traspasos. Ambos jugadores tenían unos valores para la web de referencia de Transfermarkt de 18 millones € .

Pues el Barça tasó la venta de Cillessen en 35 millones € (quinto portero más caro de la historia) y la compra de Neto en 26 millones € más 9 en variables (décimo más caro de la historia) firmando para los próximos 4 años. Este trueque permitió arrojar al club culé un beneficio contable de 35 millones € menos la amortización pendiente.

El fichaje de Cillessen tuvo un coste de 13 millones € más 2 en variables firmando para cinco años. Contando que se cumplieran esas variables, la amortización pendiente por los dos años de contrato que le restaban era de 6 millones €.

Aún computando el pago de Neto en la temporada anterior, no es lo habitual, 26 millones € más 9 por 4 años igual a 8.75 millones € anuales, lo que permitiría arrojar con este trueque un beneficio contable de 20.25 millones €. ¡20 millones €!

Podría parecer una cantidad irrisoria para un club que facturó 990 millones €. La gravedad es que el club declaró un resultado neto positivo de 4.5 millones € la temporada pasada, por lo que sin esos 20 millones € de beneficio contable por un infladísimo trueque, el club habría arrojado unas pérdidas de más de 15 millones €, lo que hubiera conllevado automáticamente la ejecución del aval de esta directiva. ¿Ven la gravedad del asunto?. Pues le animo querido lector a que eche las cuentas del resto de ventas que hizo el club a toda prisa en junio del año pasado antes del cierre contable del día 30. Cardona, André Gómes, Denis Suárez. Situación económica muy muy delicada.

Rota la veda y visto el gran beneficio de la jugada, el club blaugrana ha perdido todo el pudor. Aunque los valores de Neto y Cillessen fueron del doble de su valor real, en un alarde de ingenuidad podrían tener un pase al estar viviendo el fútbol un mercado tan inflaccionado como el actual. Pero en enero de este año las caretas de la pulcritud y el decoro económico y contable han volado de Can Barça con dos trueques a cada cual más surrealista.

Explicaré ambas operaciones y ustedes elijan cuál es la más vergonzante. Para mí esta primera. El 25 de enero se hacía oficial un trueque entre Barça y Juventus. El delantero Alejandro Marqués, canterano del Barça B (valor en libros 0€ por ser canterano) recalaba en el equipo transalpino por 8.2 millones de € por 4 años. Mathias Pereira (que jugó como cedido en el Dijon francés hasta enero) recalaba en el Barça como cedido hasta el 30 de junio a cambio de 200.000€ con opción de compra obligatoria por 8 millones €. Como buen trueque que se precie ambas operaciones tuvieron el mismo valor. Lo surrealista es el valor de mercado de ambos jugadores según Transfermarkt, 300 mil € Marqués y 1.5 millones € Pereira. Se tasó la venta del canterano en ¡25 veces su valor!