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Esto hay que sanear

Esto hay que sanear

Escrito por: Fred Gwynne21 agosto, 2018
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Mi casa de veraneo, posiblemente debido a las intensas lluvias de la pasada primavera, ha sufrido, como si fuera una de aquellas alineaciones que aparecían en la prensa una hora antes del partido, una filtración.

El primer día de nuestras vacaciones nos encontramos la pared del salón como el Madrid después de la final de la Supercopa, desconchada, con la pintura formando minúsculas lascas y grandes ronchones ocres donde antes lucía un blanco inmaculado. El seguro (ese gasto inútil que siempre encuentra un resquicio para escabullirse) dijo que verdes las han segado y tuve que llamar a un albañil del pueblo para solucionar el problema.

Cuando llegó, después de contemplar la fachada y subir a la azotea, se acercó a la pared del salón lentamente, midiendo cada paso, como si estuviese delante de una fiera salvaje y tuviese que domesticarla. Estiró el brazo con cautela, puso delicadamente la palma de su mano en medio de uno de los ronchones más grandes, la olió, se dio la vuelta con grandilocuencia (no sé por qué me recordó a Poirot después de descubrir al asesino) y dijo:

- Esto hay que sanear.

LA JODIMOS. Game over. Exceptuando “la pieza hay que traerla de Alemania” (el horror, el horror…), no hay peor sentencia que oír “esto hay que sanear”. Que Dios se apiade de tu alma, digas lo que digas podrá ser utilizado en tu contra. Sin apenas darme cuenta empecé a balbucear:

- ¿Sa..sa..nearlo? ¿Sanear qué?

- TODO.

¡BOOM! Vi como el albañil movía los labios a cámara lenta y escuché aquel todo (TO-DO, TO-DO) como si fuese un eco lejano, una especie de reverberación sorda, un latido antes de que el corazón dejase de bombear. Las piernas empezaron a flojearme y en un intento desesperado por no irme al suelo me agarré como pude a mi húmeda y desconchada pared, le clavé las uñas, y al hacerlo, mientras resbalaba cómicamente hasta acabar sentado, me acordé de un buen amigo, al que una gitana, al no darle dinero por un ramito de romero, le echó la maldición de las maldiciones:

“Que Dios llene tu vida de reformas, generoso”.

Yo miraba al albañil desde el suelo, implorante, como uno mira a Pepe Isbert antes del garrote vil…

- Hay que sanear. Mire, primero tengo que romper unos cuantos azulejos de la azotea y picar la grieta por donde se ha ido filtrando el agua, luego en la fachada, en la junta de dilatación con el vecino, tengo que meter la rotaflex…

¡DIOS MÍO! ¡LA ROTAFLEX!

Habíamos tocado fondo. Mi espalda, apoyada contra la pared, siguió resbalando hasta que terminé en el suelo, como una lombriz, tumbado cuan largo era, mirando al albañil con la misma cara de bobo de Jack Nicholson después de la lobotomía.

Y entonces, en un acto reflejo de autodefensa, pensé que la filtración de mi casa era como la de la Supercopa y todo empezó a tomar sentido. Saldría de aquella. Me levantaría. Sería una vez más un Real Madrid victorioso.

Una derrota, un poco de agua colándose en el salón y de repente, saliendo de sus tumbas, aparecen miles de albañiles con ganas de meter la piqueta y tirar el Bernabéu, albañiles locos, con sus huesudos brazos estirados, la boca torcida, las cuencas de los ojos vacías y susurrando “telodije”, “telodije” entre dolorosos desgarros. Zombialbañiles que en cuanto ven una gotera se presentan amenazándote con su rotaflex como si fuese una sierra mecánica.

Yo sé que se necesitan fichajes, lo sé, pero también sé que solamente uno es fundamental. Su presencia en el césped, su buen hacer, su inmaculada aura acabarán, antes de que sea demasiado tarde, con la raya en medio de Lopetegui, con su mal fario, con su terrorífico gafe. Entre él y la fe que inunda el Bernabéu cada vez que Keylor se postra ante Dios, todavía podemos salvarnos.

Y Florentino lo sabe:

- Sí, el día 31, una hora antes del cierre del mercado, rueda de prensa. Mande la circular a los periódicos más importantes del mundo. Quiero algo por todo lo alto. ¿Podríamos lanzar unos fuegos artificiales para celebrarlo?

- Pero Presi, ¿y no me podría decir quién es el fichaje?

- Imposible. No quiero ningún tipo de filtración. Confeti, quiero confeti cuando entre a la sala de prensa. Y croquetas para todos. ¡Ah! Y pétalos de rosa, pétalos también.

- Presi, perdone que insista, pero preparar esto sin saber el nombre del fichaje es muy complicado para nosotros.

- Mas complicado es dirigir el Madrid rodeado de inútiles. Venga, al trabajo.

Hazlo Florentino, hazlo. Ni Mbappé, ni Neymar, ni Messi, ni Griezmann…

Tú sabes que él es el elegido. Nadie es capaz de crear ese halo de buena suerte que inunda el Bernabéu como si fuese una pata de conejo, una herradura, una camiseta o unos calcetines.

Quiero escucharlo una vez más, Florentino.

Señoras y señores tengo el honor de presentarles a un jugador único, alguien que ha nacido para ser parte del Real Madrid, un jugador con el que hemos conseguido los mayores éxitos, alguien imprescindible, un hombre integro, un talismán, un héroe, un Dios al que acabo de renovar otros siete años. Con todos ustedes:

DON FÁBIO COENTRÃO.

… para hacer un surco e infiltrar varios cartuchos de Trikagard 471W fijador, un compuesto alemán de última generación que va a dejar temblando su cartera (no hay rosas sin espinas) pero que es canela en rama para la impermeabilidad. Cuando acabe, hay que rascar toda la pared del salón…

Disfruta, no pierdas el hilo, no vuelvas al húmedo salón. Sí, es ÉL, Coentrão, un gran jugador, luchador, cumplidor y mucho más profesional de lo que nos han vendido. Piensa en ese irrepetible momento, expectación mundial, nervios, rotativas, cientos de periodistas y autoridades apretujados y de repente, entre flases, focos y susurros de admiración, descendiendo por una escalera, como una estrella, como Gloria Swanson en “Sunset Boulevad”, aparece nuestro héroe, con vaqueros, camperas, una camiseta del Real Madrid manchada de carmín, un pitillo encendido en la boca y el paquete de Winston transparentándose en el hombro, bajo la camiseta, como si fuese un socorrista de una piscina de Benidorm de los años 70.

… y eliminar toda la pintura vieja. Después, si todo va bien, con cuatro manos de pintura TrikagardColor hidrofugante 425A y media docena de…

Sí, saboréalo, ahí está, parado en mitad de la escalera, ¿lo ves?, concéntrate, tienes que verlo, no te despistes, mira, ahora saca un peine del bolsillo trasero de su pantalón, ladea la cabeza, y entre aplausos y desmayos, lo pasa con jactancia entre sus cabellos. ¿Ves cómo baja la escalera hasta llegar al lado de Florentino? ¿Ves cómo se abrazan golpeándose cariñosamente la espalda?

… bolsas de bambú Humpydry Gel de sílice activo deshumificador y purificador, conseguirá que no se noten los ronchones…

No hagas caso, sigue pensando, siempre ha sido tu jugador preferido, imagina la escena, ha llegado y se ha sentado con desgana, luego se agacha, saca una botella de J&B, una Coca-cola, un vaso de tubo y se prepara un cubata. Le da un nuevo abrazo a Florentino, enciende otro cigarrillo, se bebe el cubata de un par de tragos, eructa, se levanta, se rasca la entrepierna mirando fija