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Balic, el cantante que inventó la aliteración

Balic, el cantante que inventó la aliteración

Escrito por: Carlos Mayoral5 septiembre, 2020
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Alguien pensó que era necesaria una sección para glosar los encantos de aquellos jugadores del Madrid que nunca recibieron cartas de amor, para rescatar a aquellos futbolistas que perecieron en la esquina de la página del periódico a la que nadie llega, para ofrecerles la mano a aquellos que se ahogaron en la orilla.

 

Confieso parcialidad antes de que alguien levante la voz: este jugador me fascinaba. Primero, porque confirmaba mi teoría: no sé si todos los zurdos son elegantes, pero sí que todos los elegantes son zurdos. Balic lo era, pese a todo. Segundo, porque en el porte se parecía a McManaman, el inglés que nunca corría hacia detrás, un héroe de la mitología madridista. Y tercero, porque costó la friolera de tres mil quinientos millones de chuchas, unos veinte millones de los actuales euros, una salvajada que Lorenzo Sanz pagó a no sabemos todavía qué equipo para contar con los servicios del bosnio. En pretemporada se puso un par de veces el frac, y, como siempre suele pasarnos, rápidamente los madridistas vimos en él un híbrido entre Maradona y Van Basten. Pero la vida no suele dejarse engañar, y por desgracia cayó pronto en ese infierno del Dante que son los bajos de Azca, con sus cubatas a quinientas pesetas, su luz mortecina y su incompatibilidad con el deporte. Para colmo, en una semana trágica, vio cómo fallecía su suegro un lunes, cómo sacudía Turquía un terremoto- hogar de su familia- el martes, cómo se lesionaba de la rodilla el miércoles, y cómo fallecía el padre de su representante, amigo íntimo, el jueves. Esto lo he leído en la revista Líbero, y cito la fuente porque la secuencia es tan increíble que si no expongo una fuente fiable como lo son ellos nadie me creería. Nunca más levantó cabeza tras la tragedia.

elvir balic

Como suele ser habitual en todos los integrantes de esta sección, los últimos años de su contrato con el Madrid los pasó caminando a lo nómada por aquí y por allá. Especialmente reseñable es la delantera que formaron en el Rayo Vallecano el propio Balic, Bolic y Bolo. No pasaron a la historia por su excelencia futbolística, pero sí por poner un recurso estilístico al servicio del fútbol: la aliteración; es decir, la repetición de sonidos en un verso. Ningún equipo terminó de confiar en el viejo Elvir, que se marchitó algunos años más pateando pelotas hasta que por fin se encontró con su verdadera vocación: la música. Retirado ya de los ruedos, olvidados ya en algún rincón de su memoria aquellos años locos en el Real Madrid, Balic se metió a cantante con cierto éxito. Escucho sus actuaciones en este mismo instante en YouTube, y reconozco en el nuevo Elvir a una suerte de Julio Iglesias herzegovino, con sus vaqueros bien amarrados en algún punto entre la cadera y la costilla, y su camisa blanca, lisa, recién planchada. No sé si las mujeres que le gritan son reales o producto de mi imaginación. Tanto da. Como la mayoría de los jugadores que integran esta serie, muchos años después adujo una lesión de espalda, de menisco o algo así para justificar el fracaso. Obviando que a veces, como dijo Valle-Inclán en una de las máximas por las que me guío, lo mismo da triunfar que hacer gloriosa la derrota.

elvir balic cantando