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El verano de Marco Asensio

El verano de Marco Asensio

Escrito por: Pepe Kollins4 julio, 2019
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No les voy a mentir. Mi reacción inicial fue idéntica a la de, supongo, la mayoría: cuando vi las fotos de Marco Asensio en las Maldivas no pude evitar un arranque de decepción. Aún estaba fresca la estampa de sus dos compañeros de equipo, Dani Ceballos y Jesús Vallejo, aupando la Copa de Europa de selecciones Sub 21. El aragonés y el andaluz – ambos elegidos en el 11 ideal del torneo - aprovecharon la ocasión para reivindicarse tras una temporada en la que no habían gozado de minutos y que había resultado insignificante en lo individual y desastrosa en lo colectivo. No optó por lo mismo Marco Asensio que renunció a jugar el campeonato alegando que necesitaba desconectar tras una floja temporada en la que le había afectado mucho, aseguró, el desgaste del Mundial y un verano previo sin apenas descanso.

La inevitable comparación hizo que muchos reaccionaran ante estas fotos colgadas por Asensio en redes sociales dejando constancia de su placidez, solo o junto a su novia, en un entorno paradisiaco. Que al día siguiente empezaran a correr las fotos de Brahim Díaz y Álvaro Odriozola en Valdebebas iniciando su preparación, cinco días antes del comienzo de la pretemporada, no ayudaba a que la tormenta contra el balear amainase.

 

Los comentarios a los posts playeros de Marco Asensio fueron numerosos y muy crueles, tanto que serían difícilmente explicables por una simple mala temporada. La raíz de este foco se encontraba en las declaraciones del jugador en noviembre excusando y hasta rehusando su responsabilidad en el devenir del equipo, que él entendía debían liderarlo los más veteranos. Afirmar que eran otros los que “debían de tirar del carro” hubiera sulfurado a cualquier afición, pero resultaba una temeridad en el caso de la madridista conocida por su exigencia con aquellos que no rinden hasta por causas justificadas y que alcanza el ensañamiento con los que no lo dan todo.

Y no es que Asensio dijera en aquella ocasión que él no se entregase, pero su gesto sí fue interpretado como un síntoma de escasa personalidad, algo que te deja marcado en un club como el Real Madrid. La irrupción de Vinicius Junior, un chaval tres años menor que el mallorquín y que levantaba al público del Bernabéu con su actitud, siempre ambiciosa, siempre irreductible, hasta el extremo de encarar cada error con una sonrisa, fue la gota que colmó el vaso. Asensio estaba marcado para los “suyos”. Bajo ese filtro, sus fotos disfrutando de las vacaciones fueron interpretadas como una muestra de poco compromiso, máxime si se contrastaba con el de otros compañeros que parecían sí tenerlo. Las barbaridades que se han llegado a proferir desde infinidad de cuentas madridistas al hilo de esas imágenes resultan irreproducibles.

Fue una confesión de Alex Abrines, al día siguiente, la que me hizo reconsiderar mi postura. El jugador de baloncesto anunciaba su vuelta a las canchas tras más de medio año sin jugar. El 23 de diciembre había sido su último partido con los Oklahoma City Thunder con los que promediaba cifras más que aceptables. El escolta no estaba afectado por ninguna lesión, pero no se volvió a saber de su situación más allá de un sospechoso comunicado de su exequipo deseándole suerte. Ayer, Abrines daba a conocer que había padecido de una profunda depresión, “todo se rompió en mil pedazos hace meses”, admitió. Con la ayuda de profesionales y de los suyos consiguió, por fortuna, superarlo.

No es un caso extraño el de Abrines, por desgracia son muchos los jugadores que han sucumbido a la presión del deporte profesional de élite. Jugadores de fútbol como Iván Campo, Bojan Krkic, Jesús Navas o Andrés Iniesta han dado cuenta de ello, con relatos, algunos, que ponen la piel de gallina. En ocasiones el peso que recae en estos deportistas ha sido tan insoportable que ha desencadenado desenlaces tan trágicos como el de Robert Enke. Y no, no estoy insinuando que Asensio sufra depresión, ni ansiedad, ni ningún otro trastorno. Tan solo estoy planteando que como aficionados perdemos muy a menudo la perspectiva de que estamos hostigando a personas y en muchos casos todavía muy jóvenes. Pensamos que los destinatarios de nuestras críticas son inmunes a estas por más furibundas que sean. Que no les afecta nada de lo que sucede más allá de su mundo de lujo y privilegios. Y no es así.

Resulta que esos futbolistas contra los que a veces despotricamos sufren como cualquiera, que no todos cuentan con la misma personalidad ni las mismas circunstancias personales, pero que todos, sin excepción, tienen un límite que nosotros, en nuestro azote, nunca tenemos en cuenta. Del mismo modo, no todos requieren la misma "terapia" para reponerse o para adaptarse a una circunstancia adversa. Puede que unos necesiten afrontar retos de inmediato y que otros consigan el mismo resultado relajándose del estrés que les ha afectado.

De la calidad de Marco Asensio es absurdo discutir. Efectivamente es un jugador que se ha visto retraído, no en poca medida por una cuestión táctica - pegado a banda izquierda, reducido a un mero centrador -, pero tampoco vamos a negar que el factor emocional le ha afectado como el mismo parece reconocer. Ha señalado, públicamente, que necesitaba tomar distancia. Negarle la posibilidad de que haya podido sucumbir a la presión por lo que cobra o de que su poca activación en el terreno de juego – como el de la inmensa mayoría de sus compañeros por otra parte – implique que no haya padecido desgaste alguno, es un síntoma de ceguera, cuando no de egoísmo. Probablemente la inmensa mayoría de los que le hemos criticado hubiéramos manchado nuestra ropa interior si nos hubiéramos visto en las mismas a su edad. Pero con independencia de ello, Asensio tiene todo el derecho del mundo a disfrutar de sus vacaciones como guste o necesite. Puede que sea el modo de poder recuperarlo como el jugador que todos esperábamos que fuese y quién sabe si aún puede ser.

Seguro que habrá quien sostenga que eso va con el carácter de cada uno, que solo caen lo más débiles y que estos no tienen cabida en el Real Madrid. A los que opinen así le remitiría a otro de esos deportistas que fue víctima de la presión a la que se veía sometido, que encalló en un proceso de desgaste personal que le obligó a parar durante un tiempo para reponerse y volver a asumir retos. Su nombre, un tal Rafael Nadal, como ustedes saben todo un perdedor.

Son personas. No lo olviden. Yo el primero.