Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
El Premio Princesa de Asturias y el Real Madrid

El Premio Princesa de Asturias y el Real Madrid

Escrito por: Manuel López17 mayo, 2019
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Allá por el año 1.082, en las postrimerías del Siglo XI, antes de que el pueblo madrileño pasara a manos cristianas, nació en el Mayrit musulmán Isidro Labrador, un labriego mozárabe a quien se le atribuyeron 400 milagros, la mayoría de ellos ligados al descubrimiento de agua incluso en las zonas más angostas.

Isidro falleció ya anciano en 1.172, siendo finalmente beatificado por Paulo V en 1618 y canonizado por Gregorio XV en 1622, cuando se aprobó su Patronazgo sobre la Villa y Corte de Madrid.

Prestando atención al tiempo transcurrido entre su óbito y el momento de su beatificación, más de cuatrocientos años, se observa la importancia de la comunicación y su permanencia entre generaciones; lo que se ha conocido en la era moderna como “el relato”, que tan bien maneja Guardiola y la prensa culé.

En el ámbito madridista, no son pocas las ocasiones en las que, equivocadamente, miramos los desperfectos de nuestros rivales y nos entretenemos con su baldío análisis, que no nos proporciona nada más que unos minutos de chanza, pero que, como club ganador que somos, rápidamente olvidamos y volvemos a mirar a nuestro querido equipo.

Tampoco son escasas las veces en las que nos abrazamos a nuestra historia y nuestro gen ganador, indiscutibles ambos, para resarcirnos de las temporadas oscuras como la que está próxima a concluir (por favor que lo haga ya, en lo que al balompié se refiere) pretendiendo hacer ver al antimadridismo lo grandes que somos, lo cual, no por ser cristalino, se empeñan en reconocer negando la evidencia.

Pero quizás no nos hemos percatado de que no excluye nuestro señorío con la insoslayable obligación de mantener intacto nuestro relato, como bien hicieron los seguidores de Isidro Labrador.

Y en eso no ayuda que demos portazo y silencio a las instituciones de este país, incluida la Casa Real, para revindicar lo mucho que hace nuestro Club como embajadores de nuestra cultura y nuestros valores.

Probablemente estamos agazapados bajo nuestra dorada caperuza, sin entender necesario que debemos hacer todo lo posible por eternizar nuestra grandeza, no solo en el juego, sino también en el reconocimiento de méritos por otros aparentemente imparciales. Quizás por eso no se nos brinda el respeto que merecemos, por desatención del Club a la faceta clave de la comunicación y las relaciones institucionales, esenciales en esta era de la tecnología y la inmediatez de internet.

El último, y flagrante, ejemplo, lo hemos vivido en estos últimos, con el anuncio del premio Princesa de Asturias del Deporte a Lyndsey Vonn, grandísima esquiadora, y con una carrera excelente.

 

Antes de exponer los motivos por los cuales considero que la elección es manifiestamente injusta, subrayemos que hubo un total de veinte candidaturas de ocho nacionalidades, tratadas con máximo hermetismo, si bien se ha deslizado que entre las candidaturas finalistas había deportistas vinculados a patinaje, alterofilia, bádminton o motociclismo. No se conoce si el Real Madrid fue o no una de esas candidaturas, pero desde luego, merecimientos tiene de sobra.

Sí publica el Reglamento que pueden presentar candidatos a las distintas categorías, los galardonados en ediciones anteriores, las personalidades e instituciones invitadas por la Fundación, las embajadas españolas, las representaciones diplomáticas en España, los integrantes de los ocho jurados y otras personalidades e instituciones de reconocido prestigio.

También se conocen los integrantes del Jurado, presidido por Abel Antón y compuesto por Juan Ignacio Gallardo, director de MARCA, Alejandro Blanco, presidente del COE, Miguel Carballeda, presidente del Comité Paralímpico Español, los deportistas Vicente del Bosque, Mari Paz Corominas, Alex Corretja, Joan Llaneras, Sylvana Mestre, Edurne Pasaban, Sitapha Savané, Alberto Suárez, Patricia García (secretaria), el empresario Joaquín Folch-Rusiñol y los periodistas Paloma del Río, Ernest Folch, director de Sport, Santiago Nolla, director de Mundo Deportivo y Luis Nieto, director de Información de As.

No se sorprendan, queridos lectores. Relean los periodistas componentes del Jurado. Solo falta Relaño, que se ve cubierto por su alter ego Nieto. Imposible resultar galardonados, lo sabemos. Pero no nos detengamos ahí. Preguntémonos por qué no somos siquiera candidatos.

El Real Madrid, Club histórico, fue el ganador de las últimas ediciones de la Copa de Europa de las secciones de fútbol y baloncesto, las dos modalidades deportivas con más tirón y seguimiento mundial.

 

Podríamos profundizar en que este hito no ha sido logrado jamás por ningún Club europeo. Ahondar en que en cualquier país de nuestro viejo continente promocionaría su institución  poderosamente. Y no concluiríamos sin nos detuviéramos en analizar la proeza histórica-deportiva que este hecho único en la historia merece.

Pero nosotros, lectores madridistas, ya lo sabemos, lo valoramos y nos orgullece enormemente. Pero no es suficiente. Deben saberlo los demás; aquellos que no comparten nuestra pasión madridista. Porque esto no es forofismo. Es realismo y objetividad.

Y solo por demérito o despreocupación nuestra, no se comunica y traslada a quien corresponda, que es muy meritorio el premio a la nadadora Vonn, pero no es comparable al éxito inigualable del Real Madrid, con sus dos entorchados europeos en el año 2018. No solo hay que ganar y convencer, sino también es preciso reiterar, para que resuene nuestro éxito. No debemos olvidar el relato, que nuestros sucesores deberían conocer, trufado además de reconocimientos institucionales más que merecidos.

Ya sabemos que este premio no es una Champions, y que pese a contar con 13 máximos trofeos europeos, no tenemos ningún premio Princesa de Asturias. Tan solo fue propuesto el Real Madrid con motivo de su centenario, y en la grotesca candidatura conjunta de Don Alfredo Di Stefano y Ronaldinho. En ninguna de ambas ocasiones fuimos premiados, teniendo que conformarnos, entre otras cosas, también el día del Patrón de Madrid, del año 2.002, con ganar una Copa de Europa “vergonzante”, según Relaño.