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El niño interior

Escrito por: Nacho Faerna15 octubre, 2015

Hace un par de semanas, Número Dos reivindicaba una vez más desde estas páginas el fútbol como juego. Evocaba una imagen primigenia que nuestro editor usó para ilustrar el artículo: un niño por la calle, feliz, dándole una patada a una lata, seguido por otro niño que obviamente quería compartir con él ese placer atávico. Raro es el jueves que no se menciona aquí el patio del colegio o las plazuelas de tierra y de terrazo en las que nos dejábamos las rodillas jugando al fútbol cuando éramos pequeños. Ya advertí en la primera entrega de esta galerna familiar de que la nostalgia teñiría a menudo esta sección. Sin embargo, hay nostalgias y nostalgias. Por ejemplo, cuando Pedro Ruiz hacía aquellas entrevistas empalagosas en un plató bajo la luz de la luna y sistemáticamente preguntaba a su invitado por el niño que llevaba dentro, yo siempre le gritaba al televisor que el dichoso niño interior estaba muerto, o más le valdría estarlo habida cuenta de que el personaje en cuestión tenía, yo qué sé, cuarenta o cincuenta primaveras y por tanto más le valdría también estar tomando decisiones adultas cada día. Reconozco que a mí lo que me molestaba realmente del niño de P