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El madridismo en el mal ajeno

El madridismo en el mal ajeno

Escrito por: Jesús Bengoechea27 octubre, 2022
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El madridismo no se regocija en la desgracia de nadie porque no presta atención a nadie. Muestra una displicencia absoluta respecto a lo que hagan todos los equipos que sean lo suficientemente ordinarios como para no ir de blanco, lo cual es en algunos momentos arrogancia y, en otros, agradecible silencio ante el escarnio ajeno, renuencia a hacer sangre o meter el dedo en el ojo como otros harían con él por muchísimo menos. El Atleti se fue a Segunda dos años y los madridistas mostramos solidaridad sincera y continua con nuestros amigos, primos y vecinos del Atleti. También con los taxistas madrileños, inexorablemente colchoneros con algunas excepciones. Con el Barça tampoco hemos hecho nunca demasiada sangre. Palmó una Final de Copa de Europa contra el Steaua de Bucarest en Sevilla en los penaltis, marrando todos y cada uno de los lanzamientos, y los madridistas esbozamos una leve sonrisa contemplativa para, a continuación, seguir con nuestras vidas como si nada. En años muy recientes, el Barça ha sido goleado sistemáticamente en sus tristes devenires europeos, y nos hemos tomado sus humillantes fracasos (con Messi y sin Messi) como poco más que una risueña nota a pie de página en el transcurso de nuestras existencias.

¿Qué clase de enemigo es uno al que es metafísicamente imposible que te enfrentes porque no es nadie en Europa, que es el terreno donde se dilucida la grandeza?

Sucede que los otros nos odian tanto que llega un punto en que (sin llegar a corresponderles en su odio, porque el madridista tiene cosas más importantes que hacer que odiar a equipos cuyo prestigio ni le roza) nuestra alegría ante la hecatombe del rival pasa a manifestarse en algo más que un somero levantamiento de cejas.

Barça 0 - Bayern 3

El Barça empezó anoche a jugar su partido ya eliminado, lo que viene a ser como si el Destino hubiera querido dar una lección a Xavi, que se quejaba de la “crueldad” de la competición. Esto es crueldad intolerable y no lo que decías, ni la de los Coen con Clooney y Zeta Jones, Xavi. Tener que jugar en el Camp Nou —contra el Bayern, encima— sabiendo que eres ya matemáticamente carne de Europa League, por segundo año consecutivo, no es algo que quepa desear ni a tu peor enemigo. Ocurre que el Barça quiere ser nuestro peor enemigo  pero no le da. Para ser el peor enemigo de alguien, tienes como mínimo que estar presente en las competiciones que juega ese alguien. ¿Qué clase de enemigo es uno al que es metafísicamente imposible que te enfrentes porque no es nadie en Europa, que es el terreno donde se dilucida la grandeza?

Lo del Atleti, por mucho que no les odiemos, por mucho que su aborrecimiento hacia nosotros no nos toque más que tangencialmente, fue algo memorable. Dice Tarantino que hace cine para que el espectador no sepa qué sentir ante sus escenas. Yo, ante el penalti póstumo y circense de Carrasco, me encuentro desarmado, como cuando ves a Travolta clavar a Uma Thurman una inyección de adrenalina en el esternón y no sabes si huir, descojonarte o solidarizarte. Es una escena de grand guignol. Tiene algo macabro y excesivo, como el desmembramiento público de un borrico. No puedes alegrarte y no puedes no alegrarte, porque necesitas un tiempo para asimilar algo tan grotesco. Yo aún no lo he hecho. Si le pides a Dios que encapsule la esencia del Atleti en tres segundos, no le sale algo mejor. Un penalti de ultratumba, más allá de la vida, un tiro rechazado por el portero a Carrasco, un rechace mandado al larguero y un tercer remate que se estrella en el propio Carrasco, lanzador del penalti. El belga puede ser el primer jugador en la historia del balompié que rechaza el lanzamiento de su propia pena máxima, y la paradoja, intrínsecamente colchonera, es que Carrasco me parece su mejor jugador. Te enrolas en el Atleti y sales de allí jibarizado, reducido a una esencia de pupismo que es ya museística, abrumadora. Su otro mejor jugador es Joao Félix, que es como el niño que presencia la masacre desde la banda, con los ojos palpitantes ante el despliegue de casquería.

Carrasco Atleti Leverkusen penalti

Para otro día dejamos lo que habría pasado si es al Madrid a quien le DESPITAN el final del partido para traerlo de vuelta al mundo de los vivos a través de un penalti. Si eso sucede con el Madrid, el Papa Francisco vuela de urgencia desde Roma para excomulgar el Bernabéu en obras desde la grúa más alta. La diferencia, claro, es que el Madrid habría metido el penalti. Solo el Atleti es capaz de ser resucitado para darse una vuelta distraída, quitarse el polvo del ataúd, y volver al cofre musitando el himno de Sabina.

 

Getty Images.

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea

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