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El largo verano del 19

El largo verano del 19

Escrito por: Francisco Javier Sánchez Palomares16 agosto, 2019
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—¿Zizou?

—¿Cuándo quieres que vuelva, presi?

Algunas fuentes relatan así las intrincadas negociaciones entre Florentino Pérez y Zinedine Zidane para el regreso del francés como entrenador del Real Madrid. Si bien es cierto que otros testigos aseguran que el trato fue mucho más sencillo de alcanzar.

Es probable que el acuerdo verdadero se sellara aquella noche de mayo del 18 en la cual Zidane dejó de ser técnico del primer equipo, con la asunción en diferido nueve meses después por parte de Florentino de la realidad revelada entonces por Zinedine. El presidente no quiso creer a Zizou en aquel momento y eso le obligó a adelantar el verano del 19 a la primavera, con permiso de El Corte Inglés. Por este motivo realizó los primeros fichajes antes de las rebajas.

El Real Madrid tiene la obligación de aprender sin estudiar, al menos, hasta ahora. Ha de ganar siempre, pero no tiene la opción de practicar para hacerlo. Tampoco le está permitido errar. Por este motivo, tiene más importancia el instinto y menos el fariseísmo que en otros clubes. Zidane tiene instinto. Pero no solo instinto. Reúne un compendio de olfato, clase y honradez que es probable que, si el ejército estadounidense le hubiese enviado en la guerra de Vietnam a limpiar los túneles del Vietcong, habría salido con cinco charlies cabizbajos agarrados de la mano mientras los mandos americanos hubiesen observado la escena arrepentidos hasta de aquel desliz inopinable con meretrices y opio.

En su primera etapa como entrenador del Real Madrid, el francés derrumbó el mito del equipo titular y el mito de la perpetua continuidad de la estrella del equipo consiguiendo un rendimiento y una comunión con la afición tan indudables como inesperados tras partir de esas dos premisas. Ahora vuelve para barrenar la obligación —antes comentada— de ganar siempre porque quiere ganar durante más tiempo. Es paradójico, pero ganar siempre puede ser una vía rápida para perder antes, aunque preferible a las demás. De modo que Zidane quiere bula presidencial para poder dar forma al amasijo de barro durante unos giros más de torno sin la exigencia de obtener un jarrón de la dinastía Ming a la primera.

No se puede obviar que el barro con el que engendrar el equipo está resabiado y contiene tierras arcillosas difíciles de cribar que producen urticaria al míster, el cual ha pedido unos sedimentos muy caros que a quien irritan la piel es al presidente. No siempre es posible importar tierras lejanas y es necesario esperar a que los ríos vayan depositando poco a poco el limo con el que vigorizar el equipo, pero esta opción depende más de la paciencia y el azar de lo que el madridismo está dispuesto a asumir.

Cuando se gana tanto, la victoria se valora menos que la asistencia médica universal en España y es perentorio un viaje al extranjero para volver a apreciarla.

Zidane es a la mentira lo que el Fairy a la grasa, aunque su bondad le lleva a olvidar las pequeñas traiciones cuando provienen de alguien a quien quiere. Esto unido a su honestidad brutal llevan a la conclusión de que si sigue en el equipo significa que es, como diría el más Pintado, bueno para el Madrid.

Cuando se gana tanto, la victoria se valora menos que la asistencia médica universal en España y es perentorio un viaje al extranjero para volver a apreciarla.

Es conveniente que el madridismo, además de exigencia y buen gusto, en ocasiones difíciles aúne optimismo y valentía. No solo para no cejar en el empeño de remontar un resultado, sino para creer en el equipo y trasmitirle un poco de confianza, ya que, por mucho dinero que se tenga, la confianza no se puede comprar en el Club del Gourmet.

El reverso de las virtudes del Real Madrid es el cortoplacismo y la necesidad de buscar culpables siempre, en especial en los periodos indispensables de transición tras los habituales ciclos en los que se gana todo a todos. Es como si el aficionado impaciente recriminase a Celsius que el agua entre en ebullición a 100º centígrados y le exhortase a que hirviese antes bajo amenaza de despido para contratar a Fahrenheit.

Como no es posible ni, sobre todo, deseable cambiar el carácter del club, queda confiar que el francés honesto vuelva a lograr el milagro de agrandar al Real Madrid demoliendo tradiciones arraigadas para construir con los escombros valores que siempre han estado ahí, en el corazón del Real Madrid.

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