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El jugador que se cree más que un club

El jugador que se cree más que un club

Escrito por: Israel G. Montejo4 julio, 2020
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The Last Dance, el gran documental sobre Michael Jordan y los Chicago Bulls que narra en diez capítulos la influencia y el dominio abrumador que “Air Jordan” detentaba sobre sus compañeros, cuerpo técnico y la propia institución pone el foco sobre una forma de entender la relación entre la estrella de un equipo y su entorno. Una relación que puede llegar a ser casi tóxica en algún momento, que está permitida por los dirigentes de la entidad y que suele funcionar en cuanto a resultados deportivos mientras la estrella ejerce de estrella.

En los Bulls, un equipo sin pedigrí hasta la irrupción de Jordan, el sistema funcionó mientras el genio frotó su lámpara, pero se desmoronó como un castillo de naipes sin base alguna en cuanto Jordan se bajó del barco. Los Bulls son hoy por hoy un equipo más del montón en la NBA. Muy lejos de aquella gloriosa temporada 97/98 en la que pusieron el mundo del baloncesto a sus pies al ritmo que marcaba Michael Jordan.

Parecidas circunstancias se están dando en el FC Barcelona, donde Messi ejerce ya sin disimulo de capo mientras que la dirigencia de la entidad mira hacia otro lado. En el Barsa se dan las tres condiciones que hacen posible esta inversión de roles donde el futbolista de turno se cree más grande que el club al que defiende: hay dependencia deportiva de Messi; la directiva, débil y en modo supervivencia, se echa en brazos del jugador y, además, la afición se traga el relato bien armado de que el Barcelona sin Messi no es nada. Tres argumentos que dan el mando en plaza a un futbolista que lleva marcando sus condiciones desde hace tiempo sin rubor alguno.

Como si de un emperador de la antigua Roma se tratase, su pulgar para arriba o para abajo, refuerza proyectos, pone al borde del precipicio entrenadores; da o no el visto bueno a fichajes; deja contra las cuerdas a la directiva o pone el foco mediático con un simple giro de cara al segundo entrenador de su equipo, al que, no nos llevemos a engaño, tiene sentenciado. Su simple ademán manda un mensaje a directiva y aficionados. Messi aprueba o desaprueba. Así de sencillo.

Leo Messi no es el primer jugador de la historia en sentirse dueño y señor del club al que defiende o al menos más importante que la camiseta y el escudo que representa en este caso el FC Barcelona. No es el primero, pero sí es uno de los que más se les nota las costuras y que peor deja a una institución con la historia del Barcelona.

Sentirse por encima del escudo, ser más que el club al que defiendes y argumentar con acciones y gestos que tu verdadero equipo es “el club deportivo Yo mismo” es una tentación en la que han caído muchos jugadores a lo largo de la historia, incluso en el Real Madrid ha podido suceder, pero no ha sucedido, y eso dice mucho del valor de un club como institución que debe estar siempre por encima de sus jugadores, a los que se debe cuidar siempre bien y dar todo lo posible… hasta que quieren ser más importantes que la propia entidad. Ahí está la línea roja que no se debe traspasar.

Pocos jugadores han sido más determinantes en la última década que Cristiano Ronaldo en el Madrid y en el fútbol mundial. Cristiano salió del Club con destino a la Juventus. No conozco los entresijos que llevaron al crack portugués, máximo goleador de la historia del Real Madrid, fuera de Chamartín, pero no me cabe la menor duda de que hubo un momento en que la directiva de la institución decidió plantarse y anteponer el escudo al jugador. A corto plazo, parece un mal negocio, pero a la larga el Madrid saldrá reforzado. La ausencia de Cristiano Ronaldo ha dejado su huella deportiva pero el Madrid conserva intacto su ADN, que no es otro que el de competir siempre y luchar por todos los títulos, que volverán a llegar más pronto que tarde y ya sin Cristiano luciendo el 7 o quién sabe, pero siempre dentro de las líneas que marca la entidad para defender su historia y su filosofía.

También sucedió en el pasado con Alfredo Di Stéfano (¿alguien por encima de él en la historia de la entidad?) y Bernabéu, y el que es posiblemente el mejor jugador de todos los tiempos terminó su carrera en el RCD Espanyol y no en el Real Madrid. Y el Madrid siguió siendo grande.

Eso no sucede en el Barcelona, completamente a merced de lo que su jefe de filas desea. Lo dicho, pan para hoy y hambre para mañana. O ni siquiera eso, que cuando Messi desembarcó en el Barsa había una diferencia de seis Copas de Europa entre un equipo y otro y ahora, en el tramo final de su carrera, ya son siete. A veces, los planes no salen como uno quiere y encima, por el camino, te dejas jirones de prestigio como institución.

 

Fotografías Getty Images.