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El feliz retorno de sensaciones olvidadas

El feliz retorno de sensaciones olvidadas

Escrito por: Vicente Salaner22 abril, 2020
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Genes madridistas –cómo nos hubiera gustado conocer al Pepe Laso base, con camiseta blanca- pero formación baloncestística puramente vitoriana, Pablo Laso tuvo una brillante carrera como jugador, aunque probablemente nos llegó un poco tarde al Real Madrid, pese a lo cual jugó admirablemente bien aquí. Muchos pensaron, cuando regresó ya vestido de chaqueta y para dirigir al equipo desde el banquillo, que ahí sí que se le había pasado el momento, sin haber dirigido nunca a ninguno de los conjuntos punteros, salvo su paso bastante fugaz por el Valencia. Y allí es donde unos cuantos se equivocaron profundamente.

Hace nueve años nadie parecía capaz de sacar adelante al Madrid, y mira que varios de los entrenadores de aquella larga época con muy escasos títulos eran de primera fila: Sergio Scariolo es el actual campeón del mundo, caramba. Fallaba el respaldo organizativo desde el club, sin duda, desde la prematura desaparición de Mariano Jaquotot, pero no bastaba eso para explicar lo que se asemejaba a una especie de maldición. Para que una celebridad como Messina huyese, así por las buenas, en plena temporada…

Con todo ello en contra llegó Laso, se puso a trabajar y le dio magistralmente la vuelta a esos dos decenios de pesadilla que habíamos atravesado. Desde luego, la profesionalización y el apoyo desde los despachos contribuyeron mucho. Pero hacían falta esa presencia tranquila, esas ideas claras sobre un baloncesto en el que el ataque y la defensa son igual de importantes, y esa capacidad para comunicarse con sus jugadores –de caracteres no siempre fáciles- para que el Madrid volviese a ser el Madrid.

Casi nada se le puede reprochar a Laso en este etapa con alegrías cada año; si acaso, por eso que tenemos los veteranos de amor a la cantera, que algún jugador nacido en la casa como Willy Hernangómez no cuajase aquí y acabase marchándose a hacer las Américas. Pero el  mantenimiento del más alto nivel a través de las competiciones, de los obstáculos –incluidas las lesiones graves y las retiradas de figuras clave- y de las trabas lícitas y no tanto puestas desde fuera ha sido la obra maestra de Pablo Laso, lo que le coloca a la altura de Pedro Ferrándiz y de Lolo Sainz en la historia del mejor club de la historia del baloncesto europeo. Y para quien vio su primer partido de este deporte en una final europea de… 1962, es el ya inesperado y feliz retorno de sensaciones olvidadas.

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