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Dugarry, otro esbirro de Florentino

Dugarry, otro esbirro de Florentino

Escrito por: Jesús Bengoechea23 febrero, 2019
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Yo sé lo que es el forofismo porque soy un forofo. Contemplo así con indulgencia los pecados del hincha acérrimo. Procuro que mi madridismo exacerbado no anule mi capacidad de raciocinio, pero en previsión de que tal cosa pueda ocurrir llevo permanentemente puesto el chaleco salvavidas de mi sinceridad: soy un forofo y voy de forofo. Declaro serlo, y lo hago por dos motivos. Uno, porque no hay nada de malo en ello mientras no conduzca a la cerrazón mental o la falta de civismo. Dos, porque me he convertido en un opinador, y creo una cortesía para quienes leen o escuchan mis opiniones el que conozcan mi sesgo. De este modo, cuando el forofo en mí se imponga al homo sapiens, el lector o espectador atribuirá a mi pasión madridista mis errores de juicio y, por consiguiente, estará más protegido ante mis propios argumentos, inmunes a la opción de tomarlos en serio. No hay nada más pretencioso y traicionero para con el lector que presentarse uno como objetivo cuando realmente no lo es.

En la interesantísima entrevista que Fred Hermel nos concedió a Ramón Álvarez de Mon y a mí, el sempiterno corresponsal de L’Equipe en España aborrecía también de la objetividad. Solamente hay que aspirar, nos recordaba, al control de la subjetividad. Qué sabio. A mí, por salir del rango vikingo, denme un declarado atlético como José Damián González, que sabe ejercer un ejemplar control de su subjetividad (hasta el punto de sufrir las iras tuiteras de correligionarios incapaces de controlar las suyas), antes que tantos y tantos colchoneros camuflados como habitan las ondas y blanden plumas.

no hay nada más pretencioso y traicionero que presentarse uno como objetivo cuando realmente no lo es

Solo existe un misterio mayor que el de la abundancia de periodistas deportivos del Atleti: el misterio de la ocultación de su condición. Es un enigma el por qué hay tantos, pero lo es aún mayor el por qué no admiten serlo. Hay excepciones que confirman la regla, claro, pero el periodista deportivo del Atleti suele caracterizarse por un extraño sigilo en lo que toca a su adscripción. No tan extraño, si se piensa. Basta con mirar el lado oscuro de la moneda que empecé por lanzar al aire: si nadie sabe por quién bebes los vientos, será mucho más sencillo hacer valer tu pensamiento, introducirlo subrepticiamente y que cale, avalado por su presunta neutralidad. Ha de ser eso. No hay como sentarse a escribir sobre algo para desentrañarlo. Ni un párrafo completo me ha durado el arcano.

De modo que las redacciones están llenas de reporteros que son más indios que Sitting Bull aunque no lo digan. Combinemos este factor con el respeto religioso que un cierto porcentaje de la población aún siente por lo que oye en la radio o lee en el periódico, y entenderemos por qué media España cree de verdad que el Atlético de Madrid hizo ante la Juventus, el miércoles pasado, uno de los mejores partidos de la historia del fútbol, ni más ni menos. Si lo dicen todos estos señores tan objetivos, tendrá que ser verdad. Se ha instalado, por parte de todos esos señores tan objetivos, la especie de que se trató de una exhibición futbolística casi sin parangón. Primero está la tibia exageración; luego está la hipérbole desvergonzada; por último viene esto.

Pero hay que creerlo, claro, porque para eso quienes te lo cuentan son, en su mayoría, neutrales. Todos los que vieron un duelo siderúrgico más bien plomizo, resuelto al final por dos esforzados peones en sendos revoltijos en el área, deben reconsiderar su visión del partido ante el abrumador consenso en sentido contrario, y harían bien en vigilar sus cuentas bancarias por si se hubiera producido algún ingreso de Florentino que les haya convertido en esbirros sin ellos saberlo. Si -yendo de lo general a lo particular- un señor que no se pierde ni un partido de las Islas Pitcairn ha dictaminado que el Atleti-Juve de Octavos de Final 18/19 ha caído ya en el Top10 de los partidos de su vida, sólo puede ser porque verdaderamente fue un encuentro subyugador. No será por casticismo que lo dice tratándose de un hombre con tanto mundo, ni será tampoco por sus simpatías cholistas, porque si fuera del Atleti nos lo habría advertido. O no.

Esta glorificación de un partido aparentemente (solo aparentemente) mediocre del Atleti coincide con la llegada del Real Madrid a los 1.000 días consecutivos como campeón de Europa, cuestión a la que han prestado mucha menos atención los medios que a este partido de Octavos en el Wanda. Es normal: lo de los 1.000 días es un registro (amén de un poquito llamativo) completamente objetivo, en el que difícilmente podrá por tanto meter mano la acrisolada neutralidad de tanto periodista colchonero. Es un dato aburrido que conviene tratar con discreción. Al lado de un equipo poniéndose cerca de llegar a Cuartos de la Champions, qué supone otro que lleva 1.000 días como campeón de la misma. Mucho mejor también, centrando el tiro, esta media eliminatoria del Atleti ante la Juve que, por ejemplo, la Finalísima que el Madrid ganó por 4-1 a la propia Juve en Cardiff, con un juego que, a decir de algunos lacayos de Florentino, estuvo bastante bien. Esta media eliminatoria de Champions vale más que todo eso porque así lo dictaminan un montón de bocas y cuentas de Twitter de periodistas libres, que no se casan con nadie y que representan la resistencia ante los más aviesos poderes fácticos, encarnados ya saben ustedes por quién.

Otro esbirro de Florentino ha resultado ser Dugarry, a quien su pasado blaugrana (a la vista está) no priva de venderse a los desmanes del ser superior. Ha dicho Dugarry que él no vio nada especial en el Atleti salvo su capacidad para repartir obleas y bufar en la oreja del árbitro. Se ha atrevido, además, a criticar el tocamiento de huevos del Cholo en dirección a la grada, cuando lo que hay que hacer es sentir arrobo ante el gesto y ventilarlo con una sonrisa indulgente (“la personalidad del Simeone”). Ha osado incluso Dugarry expresar reservas éticas respecto al “estilo” cholista: “es fútbol, no es la guerra”. Lo que le pasa a Dugarry es que no es objetivo. Que reniegue al menos de su pasado barcelonista porque se supone que el Barça es un club amigo del Atleti, y que confiese de una vez cuánto cobra del lado oscuro. Que sepamos por qué no es capaz de controlar su subjetividad.

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea

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