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Dos años de éxitos de Zidane (el alineador)

Dos años de éxitos de Zidane (el alineador)

Escrito por: Ramón Álvarez de Mon4 enero, 2018
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Todos hemos tenido un amigo en el colegio que con su buen rollo habitual organizaba la pachanga del recreo. Zidane debía de ser uno de estos amigos a la vista de los méritos que algunos le atribuyen como entrenador.

Cuando Zidane llegó al Real Madrid el equipo vagaba entre la melancolía de Lisboa y la mediocridad que mostraba su juego. El Club había cometido el peor error desde la vuelta de Florentino con la contratación de un ya decadente Benitez que parecía afeitar completamente a contrapelo. Con más o menos suficiencia, los resultados empezaron a llegar y el Madrid fue durante unos minutos campeón virtual de una Liga que ya no se podía ganar porque se había perdido previamente y levantó la Undécima. En ese momento Zidane no era el entrenador que había obrado el milagro, sino un jardinero que lucía una enorme flor que podía con todo.

Durante el verano llegó la Supercopa de Europa y después la consecución del Mundial,  la Liga y una nueva Champions. Para entonces Zidane no había abandonado su oficio de jardinero, pero se había pluriempleado convirtiéndose en relaciones públicas. Desde su buen rollito, Zidane alineaba y desalineaba a lo Forrest Gump, es decir, sin enterarse de que estaba siendo completamente vanguardista por la creación de un sistema de rotaciones sin precedentes.  Al mismo tiempo, como buen relaciones públicas, cumplía a la perfección su segunda parte del trabajo: las ruedas de prensa. Cada lesión – y miren que fueron numerosas- era un nuevo motivo para congratularse. A Zidane todo le caía regalado del cielo.

Tras la consecución de la dos Supercopas, algunos empezaron a temer haberse equivocado: “A ver si en realidad es un gran entrenador”. Pero la mediocre marcha en Liga les ha confirmado que lo único que ha dejado de ser es jardinero. Ya no hay flor que valga. Todo se marchita.

Cada vez que se alaba en exceso las actuaciones en ruedas de prensa de Zidane lo que en realidad se está encubriendo es que detrás está el entrenador ideal para el Real Madrid. Cada reportaje sobre sus sonrisas evita hablar sobre las acertadas decisiones técnico-tácticas que ha tomado en estos dos años. Desgraciadamente, apenas se ha comentado en los medios generalistas que el Madrid terminó con bastantes problemas en la primera parte de Cardiff. La Juve taponaba las vías de salida del Madrid por las bandas y no se encontraba con una excesiva presión en su salida de balón.  Tras el descanso, la disposición táctica del equipo cambió por completo. Isco se situó muy abierto en la izquierda dando vuelo a Marcelo y Modric hizo lo propio en ayuda de Carvajal. Kroos adelantó su posición para empezar una presión muy adelantada y la Juve empezó a dudar de qué nuevo problema encargarse puesto que su disposición táctica estaba preparada para otros enigmas. La historia ya la saben, fue la mejor exhibición que uno ha vivido en mucho tiempo.

En 730 días, Zidane ha conseguido 8 títulos, logro que le sitúa como el segundo entrenador con más títulos en la humilde historia del Madrid con sólo dos años en el cargo. Durante este tiempo ha tenido que acometer muchas decisiones porque se encontró con un equipo roto que precisaba de más ayuda emocional que táctica. Una vez estabilizado todo, con mayor o menor acierto, Zidane no ha parado de cambiar cosas. El último Clásico es un claro ejemplo puesto que introdujo a Kovacic por Isco. Decisión que no fue tomada al abrigo de la jerarquía o buen rollo sino porque sencillamente entendió que era la mejor para el partido, vistos los precedentes en la Supercopa de España.

En mi caso, mi admiración por Zidane no me hace bendecir todas sus decisiones. Algunas simplemente no las entiendo o me parecen equivocadas, pero cuando miro la cuenta de resultados y los dividendos que me corresponden me dan ganas de abrazarle mientras le renuevo hasta que él me diga. Con Zidane se sabe que no estará ni un minuto más que lo que su enorme honestidad profesional le permita.