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Diarios del Cherengueti (8)

Diarios del Cherengueti (8)

Escrito por: Mario De Las Heras20 junio, 2018
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La última vez que pude escribir en mis diarios me quedé perdido en el Cherengueti. No atendí a la señal de la aparición de (Pipi) Calzaslargas y desde entonces hasta hoy, cuando al fin he logrado regresar al campamento, he vagado penosamente rodeado de peligros y golpeado por las calamidades. Todo han sido rumores salvajes en el Cherengueti. Uno no conoce la auténtica dureza de este lugar hasta que no vive a la intemperie como un verdadero cherengui. La tensión generada por la decisión del Papa Rubiales X de la Federación a cuenta del exseleccionador español y ya entrenador del Real Madrid, Julen Lopetegui, ha provocado revueltas y una ola de terror y sangre en la sabana.

Los últimos días he tenido que vivir como un animal salvaje. He tenido que alimentarme de frutos silvestres e incluso de carroña. He tenido que ocultarme para dormir en pequeñas grutas y grietas bajo la yerba. He bebido en los ríos infestados de cocodrilos dispuestos a saltarme al cuello. Un pastor perico me dio un odre con leche de cabra y me advirtió de que tuviera cuidado de los cherenguis, pues corría el rumor de que habían sido afectados por unas terribles fiebres que estaban produciendo síntomas de madriditis aguda.

Me contó que Tommy en realidad es un gafe que había sido visto persiguiendo a cuatro patas a Kim de la India (también conocido como Epi, por su timbre de voz) con un trozo de pantalón suyo entre las fauces. Y que Calcetines estuvo, durante varios días y varias noches subido a una acacia, gritando una y otra vez: “¡Lopetegui, ay mi arma, Lopetegui...!”, con la mirada perdida, igual que el tío de la familia de Amarcord gritaba: “¡Quiero una mujer!”. Yo mismo, a lo lejos, pude ver al doctor Rydell sobrepasado por el descontrol, la locura colectiva de los cherenguis. Cuando llegué anoche al campamento, parecía reinar la calma. Fue como si el Mundial, finalmente, hubiera actuado de antídoto contra el envenenamiento masivo.

Esta mañana, ya medianamente repuesto de mis recientes penurias, me he despertado con suaves murmuraciones a mi alrededor. Como cuando era pequeño y en verano, al abrir los ojos, oía a mi abuela decirle a mi abuelo que comprara melón. Los cherenguis hablaban de Neymar con una tranquilidad sospechosa. Nunca había visto nada igual. Salí de la tienda y me cegó el brillo del sol sobre la cabeza reluciente de Elmer, el de las Merry Melodies y director de deportes de la agencia EFE, de quien me habían hablado profusamente. Corrí a consignarlo en mis notas mientras oía decir que a jugadores como Neymar habría que protegerlos en los terrenos de juego. La cuestión venía a cuento de las declaraciones del jefe de prensa de Brasil, quien achacaba las molestias de Siney a las faltas recibidas durante el partido contra Suiza.

El doctor Rydell apoyaba esa opinión como una premisa. Rydell, en realidad, lanza trozos de carne al aire y los cherenguis corren a por ellos. Uno de los que suele lanzarse primero es Nikita (también conocido como Blas o JJ), quien no puede evitar mostrar sus espantosos complejos culés diciendo que, ya que Ney iba a ser del Madrid, a ver si los madridistas pensaban ahora que efectivamente había que proteger a jugadores como él. El general Petain no estaba de acuerdo, como tampoco el bosquimano de los dioses deben estar locos (uno de los nativos más serenos del Cherengueti). Ambos dijeron que a jugadores como al del PSG sólo se les podía parar haciéndoles falta pues siempre llevaban el balón pegado al pie.

La conversación fluía dentro de unos cauces tan razonables que no podían durar. Fue cuando Petain retorció su argumentario para decir que las quejas de la selección brasileña eran una especie de efecto llamada para los defensas que iban a acudir en masa al tobillo del pobre Neymar. Aún no estaba lo bastante fuerte para resistir una acometida como esa y sentí un ligero vahído. Elmer daba vueltas delante de mí con su escopeta de caza, el doctor Rydell parecía Bugs Bunny y Petain el pato Lucas.

Si uno no está preparado convenientemente no puede resistir en el Cherengueti. Aún trataba yo de recuperar el equilibrio cuando empezaron a despedazar a De Gea. Aquello fue un espectáculo horrible. Mientras Petain lo sujetaba por el cuello, Nikita le atacaba los costillares. Las vísceras allí al aire, cuando Petain, tremendamente voraz, comenzó a chocar los dientes. Uno de los chicos de tupé inclinado de Rydell intentó parar el festín carnívoro. Rydell incidió, como psiquiatra especializado, en el punto de rencor atlético que le movía. Elmer percutió su rifle para decir que De Gea era un pobre tipo sin carácter, aun admitiendo que no lo cambiaría por Kepa. Mi salud ni mucho menos mejoraba.

En el Cherengueti la crueldad y la incoherencia manifiesta son la mismísima naturaleza que casi siempre tiene que ser enderezada por algunos madridistas nobles. Passepartout, el héroe de Kiev, que es de una nobleza cheli, apareció con una camisa tan roja como la sangre de De Gea. Cada vez que alguien decía la frase “Neymar al Real Madrid”, a Nikita le costaba mantener la compostura. Es superior a sus fuerzas. Decir “Neymar al Real Madrid” a un cherengui culé produce en él el mismo efecto que cuando Vito Corleone rajó el estómago a don Ciccio en venganza por el asesinato de su familia. Cada vez que se habla del Real Madrid, Nikita es don Ciccio con la barriga abierta diciendo interiormente “figlio di putanaaa” e intentando parecer al mismo tiempo un periodista serio.

Yo lo he observado. “Real Madrid” son dos palabras mágicas en el Cherengueti. Tienen un efecto perturbador en ciertos cherenguis. El doctor Rydell lo sabe e incide en esa patología. Cuando apareció Nutria, siempre como si viniera de haber tenido sexo con la mujer del rector, ya se sabía que iban a empezar con Cristiano. Aproveché para tumbarme un rato ante la previsión de palabrería tipo sobre un tema aburridísimo. Escuché a Juanma, uno de esos madridistas nobles, decirles a todos que estaban atascados con ese asunto. Me puse un paño frío sobre la frente y tuve el impulso de ir a llevarle uno a Nikita después de oírle decir que tenía un informe negativo sobre Luca Zidane, antes de que Juanma le preguntara si se refería al Informe Pelicano, pero me fallaron las fuerzas.

El infortunado Nikita, además, se atrevió a decir en su cruenta lucha interior que uno de los posibles destinos de Cristiano podría ser el Barcelona, y entonces el bosquimano (aunque en realidad sea colombiano) de los dioses deben estar locos, otro madridista noble, le dijo que Cristiano nunca podría ir al Barcelona porque el Barcelona no gana Copas de Europa. Fue arriesgada esa salida de Nikita que en un segundo pasó de ser una ilusión de intrepidez a ser un don Ciccio definitivamente despanzurrado. Fue uno de los peores días que yo le he visto pasar a Nikita en el Cherengueti al lado del bosquimano, que parece Casemiro en su versión televisiva. Lo cierto es que cada vez que habla el bosquimano los cherenguis culés y atléticos palidecen. Menos mal que ya está aquí el verano y todos van a poder relajarse y hablar de cosas ligeras y divertidas como de la película de Griezmann producida por Piqué.